Mentiras arriesgadas (1-0)

Le están queriendo hacer ver al dueño del Córdoba que lo que está pasando tiene remedio. Que todo obedece a una racha de mala suerte. Que con dos o tres retoques –o cuatro, no vayamos a quedarnos cortos ahora- este equipo puede salvar el pellejo y así poder pensar en otro proyecto que pueda generar otros cuantos beneficios a la S.A.D. Que no venda, en suma, porque lo que ahora cuesta diez mañana puede volver a valores de hace unos años.

Es mentira. Todo es mentira.

Este Córdoba está destinado –ceteris paribus- a bajar. Básicamente porque fue configurado para otra cosa. Para el disfrute, para el pintureo, para el showtime, para el tiki-taka… pero no para la lucha, para la batalla, para la ley de mínimos, para el aguante, para las hostias. Y eso no lo cambian ni tres ni diez fichajes, porque va en los genes de un puñado de jugadores que como conjunto son el peor que yo recuerde –e incluyo el de Primera y el de la 04-05- en veinte años.

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Imagen del Almería-Córdoba (LaLiga.es)

Leo, como ejercicio de masoquismo, el libro “Capitanes” de Sam Walker. En él se cuenta que los grandes líderes de un equipo no tienen que ser santos, ni buenas personas, ni siquiera cuerdos. Basta –joder: no basta, sobra- con ser como Buck Shelford, que liderando al XV de Nueva Zelanda –los All Blacks- acabó mostrando su huevo desgarrado de su escroto al vestuario tras la batalla de Nantes, tal vez el partido más duro de la historia del rugby. Luego veo a Joao Afonso retirándose del campo por un golpecito o a otros borrándose de convocatorias y me muero por dentro.

Recuerdo que Bill Russell decía que su ego no soportaba perder mientras veo repetido el gol del Almería. Ese saque de esquina suavecito como puñal dejado encima de la mesa de un Hamlet que repite lo de “words, words, words” disociando lenguaje y realidad. Ese balón que se pasea delante de las narices de nuestro descenso sin que nadie tenga huevos de atacarlo. Sin que nadie se responsabilice de un mal despeje. Con miedo. Con muchísimo miedo.

Escucho la rueda de prensa de Jorge Romero y no le culpo de lo que dice. Yo, por el contrario, no creo que el Córdoba jugara bien. Ni siquiera pienso que tuviera más actitud que otras veces. No jugó bien porque perdió casi sin obligar a René; no tuvo más actitud porque actitud no es correr sin ton ni son sino saber cómo, dónde y cuándo estás jugando. Y, defensivamente, este conjunto no tiene ninguna actitud.

El gol de Motta podría asimilarse al de una eliminatoria por subir a Segunda. ¿Os imagináis que el Córdoba no hubiera subido por esa acción tan ridícula? Pues así ha sido, aunque no lo parezca porque no es junio y hace frío. Mucho frío.

Únicamente espero que TODO cambie con el nuevo año y que las lágrimas que hoy vierto por adelantado –y no solo en el teclado- sean secundadas por alguno de los que viajan en el autocar que ahora vuelve hacia Córdoba. Sinceramente, no lo creo.

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Cuando los filiales mandaban (y molaban) en Segunda

En pleno debate –mentira: nadie lo está debatiendo porque Segunda División importa un carajo en España– sobre la conveniencia o no de que los equipos filiales compitan al mismo nivel que los que tienen realmente masa social y apego detrás rememoro los tiempos en los que las canteras eran realmente tales y el Castilla, el Barcelona Atlètic, el Bilbao Athletic o el Atlético Madrileño servían para que padres y aficionados vieran a los suyos dar sus primeros pasos en el camino hacia convertirse en sus propios ídolos.

Eran los años ochenta, claro. Una década que comenzó con el Castilla jugando la final de Copa. Lástima que la disputara ante su padre y, naturalmente, no la disputara, aunque sí compitiera en la Recopa, siendo el único club español en Segunda en hacerlo (cayó ante el West Ham en primera ronda tras disputar una prórroga). Una década en la que se estableció el récord absoluto de segundos equipos en la máxima categoría (cinco de veinte participantes en la 85-86, los antes mentados más el Aragón).

No obstante, ninguna temporada fue más exitosa para las canteras que la 83-84. En plena reorganización del fútbol patrio tras el fracaso del Mundial de Naranjito, los filiales de Real Madrid y Athletic Club emularon la lucha que mantuvieron sus primeros equipos en Primera por el campeonato. La cosa fue hasta emocionante –a pesar de que ninguno de los dos pudiera subir, claro- y el suspense se mantuvo hasta la última jornada (vamos, lo mismito que sus mayores). Los dos clubes empataron a puntos en Primera y en Segunda (49 y 50 respectivamente).

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Los jugadores del Castilla celebran su título (Youtube)

Si el Athletic ganó en la última jornada (29 de abril del 84) 2-1 a la Real Sociedad con dos goles de Liceranzu haciendo estéril el 1-2 del Madrid en Sarriá, sus menores cayeron 4-0 el 27 de mayo en Elche y así fue el Castilla quien se llevó el campeonato de Segunda tras empatar a dos ante Las Palmas. Para contextualizar este desenlace conviene advertir que los ilicitanos se estaban jugando el ascenso directo a Primera que les otorgaba ese pírrico quinto puesto (y sin menospreciarlo, que el Córdoba subió siendo séptimo). Así pues, natural que el Martínez Valero se abarrotara -55.000 espectadores dicen las crónicas, pero parece algo exagerado– y su equipo, dirigido por Roque Olsen, venciera con esa contundencia y con dos goles de López Murga –y otro de Anquela-. (por cierto: os ruego que pinchéis el enlace y escucháseis la apasionada narración de Tele Elx).

Pero volviendo al tema de los filiales, atentos a las plantillas de los dos equipos que dominaron la categoría alternándose en los dos primeros puestos desde la novena jornada. El Castilla contaba con Ochotorena de portero -13 temporadas en Primera; con tres Ligas, dos UEFAS y un Zamora en su haber-, con zagueros como Manolo Sanchís –que dio el salto al primer equipo con 18 años en diciembre de ese año-, centrocampistas como Martín Vázquez y Míchel –este último metió los dos del 2-2 que le dio el título al club blanco ante Las Palmas- y atacantes como Pardeza y Butragueño. Vamos, la quinta del Buitre que entrenaba Amancio y a la que bautizó Julio César Iglesias. El Buitre coló 21 goles en los 21 partidos que jugó con el Castilla esa 83-84.

El Bilbao Athletic de Iríbar no se quedaba manco. De portero tenía a Iru –siete años en Primera antes de convertirse en emblema precisamente en Elche, por cierto que su hijo jugó en Segunda con el Bilbao Athletic hace dos temporadas-. En defensa, a la vera de Rubén Bilbao –luego en Racing, Atlético, Valladolid o Betis- estaba el gran Genar Andrinua –trece temporadas luego en el primer equipo y 27 veces internacional-. Ocupaba el centro del campo y despuntaba el pelopunta Pizo Gómez, que ahora está liado con los ERES pero que en sus tiempos de Atlético y Osasuna fue un brillante todocampista. Para el remate les bastaba con Julio Salinas, quien coló 24 dianas antes de subir al primer equipo. Muchos otros nombres que nos suenan a los que empezamos a seguir el fútbol en los ochenta completaban esa plantilla: Ayúcar, Patxi Salinas, Sarriugarte, Txirri, Ayarza, Joseba Aguirre…-.

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Mundo Deportivo en el que resumen la temporada de Segunda 83-84

Pero, ojo, que los otros dos filiales que en esa 83-84 competían en Segunda tenían también equipazos. En el Barcelona Atlètic estaban Fradera, Calderé, Pedraza… y Gabrich, cuya historia ya conté en este blog la semana pasada. El Atlético Madrileño, por su parte, terminó siendo juez del descenso en el Heliodoro y casi sentencia al Tenerife. Curioso que en los chicharreros jugara, y fallara un penalti ante Braojos II –el hermano del entrenador Pedro Braojos- aquella tarde, toda una leyenda atlética como Rubén Cano. El futbolista que más lejos llegó de ese equipo fue su lateral derecho Tomás Reñones –también llegó lejos en Marbella, pero eso es otra historia-, pero también llama la atención que en esa plantilla se juntaran tres porteros luego con recorrido como Bastón, Belza y Abel Resino –que no llegó a jugar hasta la siguiente temporada-.

Cuatro equipos de cantera que respondían a los cánones: jugadores de la tierra, entrenadores con pasado más o menos reciente como futbolistas en el club matriz y un fútbol en el que se reconocían unos valores propios e identificativos. ¿Saben cuántos jugadores de fuera de nuestras fronteras jugaban entre esos cuatro conjuntos? Según bdfutbol seis en total –y en el Castilla era Elola, que tenía tanto de mexicano como de vasco-. ¿Saben cuántos extranjeros han tenido ya minutos esta temporada en Sevilla Atlético y Barcelona B, los dos filiales que ahora militan en Segunda? Ocho ¿Saben cuántos catalanes jugaron el viernes de inicio en el segundo equipo culé ante el Sporting? Cuatro.

Los filiales, antes, podían molar. Ahora -y esto es naturalmente una opinión- solo sirven para trampear el fútbol profesional.

Fuentes:

Hemeroteca Mundo Deportivo

BDFútbol

http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2017/02/temporada-198384-el-triunfo-de-los-filiales/

La realidad (2-2)

Casualidad, o no, el reproductor de mi coche escogió de entre las canciones de mi móvil mientras iba hacia el campo una de Siniestro Total. “Todos los ahorcados mueren empalmados”. Sintomático.

Cada partido es la misma cantinela cansina. Antes, durante y después. Unidad –bla,bla,bla…-, apoyo –bla,bla,bla…-, necesitamos ganar –bla,bla,bla…-.

No niego que sean premisas ciertas y válidas, pero son huecas. En el Córdoba nadie asume realmente su culpa y no hay nadie que suelte un taco en público. Un “coño”, un “mierda”, un “me cago en todo”. Cuando un equipo está vivo, se queja. Cuando un grupo humano está muerto, recurre a perífrasis y a tópicos.

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Foto: Edu Luque (Minuto90.com)

El Córdoba está en las últimas como club. En el campo sigue siendo incapaz de ganar y ya ha empleado a tres técnicos para intentar romper una racha que ya empieza a ser histórica –no vencen desde el ocho de octubre, diez partidos-. Ante el Rayo en la gélida matinal ofreció una primera parte de mentira y otra de verdad. Porque la verdad es que sigue sin defender. O sin defender bien, que es más o menos lo mismo.

Fuera del campo, pelea con la realidad como gato panza arriba. Pinta de verde el campo y las cuentas. Afirma que todo va bien cuando todo va mal. Dice que no se vende cuando se está deseando vender.

Unos cuantos aficionados quedaron para abrazar el estadio antes del partido como forma de sentirse vivos y de darse esperanza cara al futuro. No les unía nada que no fuera el escudo. No quieren verse en otra categoría –y no hablo de Segunda B-. En realidad, lo que hicieron fue besar la realidad y expresar que ante un problema los ojos no se pueden cerrar. Y el Córdoba es su problema. Para otros es, simplemente, su empresa. Una empresa que pasó de vender sueño a ofrecer humo. De vender ilusión a ofrecer pesadillas. De vender quimeras a ofrecer lo que menos le gusta al aficionado: cruda realidad.

La historia de Gabrich, el repuesto fallido de Menotti para Maradona, y del día que Sandro Rosell le marcó un gol al Barça con el Hospitalet

El 24 de septiembre de 1983 el “jugador fastidiosamente viril apellidado Goicoechea” (así le denominó Mundo Deportivo en su crónica) se cargó a Diego Armando Maradona con una brutal entrada a su tobillo derecho en un Barcelona-Athletic que ya en ese minuto 59 estaba casi resuelto. Menotti, que era el entrenador de aquel Barça, tenía que buscar un sustituto para los tres meses y pico de recuperación que precisaba el maléolo del peroné del Pelusa. Y creyó ver a un Maradona en su filial.

Se trataba de Jorge Luis Luján Gabrich, un joven entonces de veinte años que había sido firmado para el Barcelona Atlètic por recomendación del propio Menotti procedente de Newell´s Old Boys. Formó parte de la albiceleste que quedara finalista del Mundial sub-20 anotando 4 goles en ese campeonato (fue bota de bronce del torneo).

El propio jugador reveló a Kaiser Magazine cómo fue su fichaje por el Barça: “Odriozola fue a ver ese Mundial y llevó los informes al Barcelona, también ayudó el hecho de que César Menotti fuera el entrenador para recomendarme. La verdad es que tenía muchas expectativas, pero era muy joven y quizás necesitaba más adaptación, jugué pocos partidos en el Barcelona Atlètic y los pocos minutos que jugué con el primer equipo no fueron suficientes para demostrar que podía hacerlo mucho mejor, incluso el Barcelona me tenía que haber prestado a algún equipo en España, para foguearme ahí y no regresar a Argentina”.

Lo cierto es que en octubre, y según las crónicas de la época, Gabrich no destacaba especialmente en nada. Es decir: no parecía un gran goleador, ni tampoco un mediapunta genial, ni un extremo veloz.

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Mundo Deportivo hablando de Gabrich

De hecho, en el filial blaugrana que entrenaba José Luis Romero apenas llegó a anotar un gol –intrascendente, además, en una derrota 4-2 en Cartagena y en el minuto 91-, por lo que la fe ciega de El Flaco en el futbolista parecía a todas luces exagerada.

Es más, una vez que la ficha de Maradona ya se había retirado por lesión de larga duración (en aquella época, ay, solo podían jugar dos extranjeros por equipo) se especuló con que Gabrich debutara en un Clásico. No lo hizo, el Barcelona palmó 1-2 y Menotti llegó a decir la boutade siguiente a posteriori: “si llega a estar Gabrich el sábado, hubiéramos marcado dos goles más”.

La expectación, claro, aumentaba sobre todo por el deseo del Barcelona de ganar una Liga diez años después de la última y de encontrar un consuelo por la lesión de Maradona.

Así que, finalmente, Gabrich debutó en Valencia con el primer equipo barcelonista un nueve de noviembre del 83. Justo el mismo día que Maradona –en un vuelo en el que también iba Jorge Vestrynge según apunta la prensa como dato curioso- se marchaba a Argentina para seguir recuperándose. El Barcelona ganó 2-4 y se colocó líder. Gabrich tuvo 18’ en los que, según Menotti “cumplió”. Sin más. Mundo Deportivo fue un poco menos suave que el técnico y dijo que el sustituto de Maradona pasó “completamente desapercibido”.

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La crónica en Mundo Deportivo del 2-5 de Rosell y Gabrich

Una semana después, Gabrich volvió a gozar de una oportunidad. Esta vez en el Camp Nou. 26 minutos para romper un 0-0 ante la Real Sociedad de Larrañaga, Górriz, Gajate y Zamora. No hizo nada. Tal fue la cosa que el mítico Arconada contó al final del partido –eran otros tiempos menos políticamente correctos- que el Barcelona sin Maradona “no podría ser campeón”. El pobre Gabrich, por su parte, reconoció que su juego “no pasó de discreto, pero era imposible hacerlo mejor ante un rival tan cerrado”. De paso, apuntaba que seguiría trabajando para tener oportunidades.

No las tuvo. 44 minutos fue su bagaje en el Barcelona y 270 en el Barcelona Atlètic. No volvió a jugar de blaugrana en partido oficial. Siguió, eso sí, durante diez años su carrera en Vélez, Instituto de Córdoba, Stade Reims, Newell´s, Irapuato, Veracruz y los Tecos. Quizá, eso cuenta él, llegó demasiado pronto al Barcelona.

¿Esto es todo lo que se puede contar de Gabrich? No, porque el argentino disputó un postrero amistoso el jueves 8 de diciembre con el Barcelona. Fue ante el modesto Hospitalet y acabó 2-5. Jugó los noventa minutos y hasta marcó un gol tras una jugada entre Pedraza y Pichi Alonso, pero las crónicas –que ya no le perdonaban una- contaron que “luchó con escaso acierto” (lo peor que se puede decir de un crack en ciernes). La estrella de aquel choque para los blaugrana fue “Calderer” (así denominó Mundo Deportivo al entonces joven y luego internacional Ramón María Calderé). Y, claro, el partido dejó otra perla. En el Hospitalet debutaba un joven centrocampista que anotó el 2-2 con un remate “espléndido y frío”, según la crónica que pude leer. Su nombre deportivo era Sandro. Su apellido, Rosell. Apenas jugó dos partidos más con el Hospitalet, pero unas décadas más tarde se convertiría en el presidente del F.C. Barcelona.

P.S. Tal vez les suene el apellido Gabrich si son extremeños, porque Jorge Gabrich es hermano de Iván, delantero que fue de Mérida y Extremadura en sus años grandes y también del Mallorca.

Fuentes

https://elpais.com/diario/1983/10/25/deportes/435884410_850215.html

http://cathonys.blogspot.com.es/2013/12/jugadores-que-han-jugado-en-el_6.html

http://www.kaisermagazine.com/entrevistas/entrevista-jorge-gabrich-maradona-barcelona-newells/

https://www.taringa.net/posts/deportes/11478484/Nota-a-Gabrich-ex-jugador-del-FC-Barcelona.html

https://www.sport.es/es/noticias/barca/el-dia-que-rosell-le-marco-un-gol-al-barca-jugando-con-lhospitalet-1182482

3-1. 33 goles de Barral

El Córdoba descendió a Segunda B cuando apenas había jugado un minuto de la temporada 16-17. Jugada por la derecha de Salvi y gol de Barral. Así van 33 veces. Unas veces nos lo cuelan de cabeza porque no cerramos los saques de esquina, otras veces con lanzamientos desde media distancia, otras de falta, otras –claro, hay donde elegir- en fuera de juego…

Hay quien sostiene dentro del club que todos los males del Córdoba llegan de aquel gol de Barral en agosto. Fue en la primera jornada de Liga. Han pasado cuatro meses y otros dieciséis partidos más. Nadie fue capaz de corregirlo. Ni los dos entrenadores –peor el trabajo del segundo que el del primero de momento-; ni unos jugadores para los que ni pasa el tiempo ni por los que parece pasar nada; ni tampoco, claro, una dirección suprema que –parece ser- esta semana va a comparecer para trazar las líneas maestras de la resurrección deportiva.

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Foto: Laliga.es

En Huesca el Córdoba fue, simplemente, un colista clásico. Ni siquiera, porque en los malos grupos de jugadores al menos siempre suele haber genio para enfadarse por el infortunio. El rival fue mejor sin casi ensuciarse y dedicó toda la segunda parte a contemporizar esperando a un rival más serio al que vencer. Por eso es el líder.

No sé si la S.A.D. será vendida a corto plazo. No sé si todo lo que se cuenta será cierto. La verdad es que me importa poco la S.A.D. Me preocupa lo que de C.F. le puede quedar al Córdoba.

Si hay alguna opción de ascender a Segunda en las 25 semanas que restan –o, al menos, estar cerca de lograrlo para que la Liga no se haga eterna- ha de darse una catarsis de una magnitud inconcebible no ya en este club, sino en esta ciudad.

Porque es imposible mediar entre volcanes y también complicado lidiar entre tantísimo interés más o menos oculto. Y, mientras, cuarenta aficionados de verdad –de Sangre Blanquiverde- helándose en Huesca para que sus futbolistas ni les despidieran tras la derrota. ¿De quién es culpa eso?

Ayer Barral le volvió a meter tres goles al Córdoba. Es pichichi desde el primer partido de Liga.

“Si lo hacés, me voy”. El narrador que dejó de contar un partido por cumplir una promesa

En España todo el mundo asocia la voz del gran relator argentino Marcelo Araujo a un error. No a un error cualquiera, sino probablemente a la mayor pifia mejor relatada de la historia de la televisión. Hablo, claro, del (no) gol de Sebastián Abreu en un San Lorenzo-River. Ya saben: “Silas, Montenegro, Silas, Abreu… y el gol de Abreu, el gol de Abreu, el gol de Abreu, Abreuuuu… Abreeeuuu, Abreeeuuu, A-BREU”. Esos giros en la entonación, ese premio convertido en regaño, ese toque de desesperación, como de coito interrumpido. Esas imágenes no se entienden sin esa voz.

Pues bien, unos años antes de ese gran momento Marcelo Araujo cantó aún mejor. Hizo lo que todo narrador debe hacer: cumplir con una promesa hecha a su público.

El 11 de noviembre de 1992, en la decimoctava fecha del Apertura, se enfrentaban Boca Juniors y Platense en el Estadio Libertadores de América. Boca llegaba a la cita tras una derrota sorprendente ante el Deportivo Español y necesitaba ganar a toda costa. El resultado era 2-0 al descanso, pero un disparo de Baena que no pudo detener el Mono Montoya llevó el susto al graderío xeneize, que empezó a cantar aquello de “Boca…Boca…Boca…Huevo…Huevo…Huevo”.

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Medero entrevistado antes del partido ante Platense (Youtube)

Y con 2-1 llegó el momento del joven Luis Adrián Medero. El Gardelito de Hurlingham –tal era su apodo- apenas tenía 19 años y disputaba sus primeros partidos de profesional. Medero tomó la pelota en su propio campo y empezó a deshacerse de rivales –Cascini, Cravero, Mayo y Baena- hasta que se adentró en el área del equipo calamar y batió a su portero Moriconi con un buen chut. Un auténtico golazo que fue sublimado por Araujo, que lo contó acelerando sus palabras mientras se iba acercando el desenlace y dejando en suspensión una promesa:

“Seis minutos veinte segundos le quedan al partido. Boca está ganando 2-1. Se viene Medero, Medero, Medero, Medero, Medero… si lo hacés, me voy. Mederoooo… gooooooooooooooooooooool de Boca. Luis Adrián Medero. Basta para mí, ¿eh? Señoras y señores. Buenas noches”.

Y se fue.

Los petardos y las tracas sonaban mientras su desconcertado e inseparable comentarista Enrique Macaya trataba de analizar lo sucedido con Walter Nelson. Con los años, Macaya lo explicó así: “cerró el micrófono y se echó a un costado. Y los que estábamos ahí seguir sin saber cómo porque nada de eso estaba planificado. Y se dio la circunstancia”. Y lo cuenta sin rencor, porque a su juicio “se dio una circunstancia más allá de la jugada. La expresión tribunera sorprendiendo a aquellos que trabajamos con él, con los propios periodistas. Que puede llegar a darse la gran jugada y especialmente en el fútbol argentino donde suelen voltear al jugador antes de que pueda llegar a concretar”.

Así que mientras Marcelo Araujo se iba marchando por los pasillos del estadio hacia su casa y Walter Nelson iba tomando su relevo e improvisando los últimos minutos de narración una promesa se iba cumpliendo.

Araujo cumplió con la primera premisa de un comunicador: ser fiel a lo que se dice. Como contó con el cadáver del partido aún caliente Macaya: “… y Araujo se fue. El gol de Medero lo ha despedido”.

Fuentes

https://www.musiclessons.com/youtube/watch?v=7_H9QA75vVE

https://www.youtube.com/watch?v=Qxm4JqYBddI

http://www.elperiodico.com/es/deportes/20170623/abreu-loco-sin-parar-6124366

https://www.youtube.com/watch?v=Q9Q8E95vy1Y

http://imborrableboca.blogspot.com.es/2011/01/el-gol-de-medero-platense.html

Mi opinión de mierda. 2-2

Paco González lo dijo en antena justo después de que yo cantara en Tiempo de Juego el gol de Rodri que coronaba otra tarde de mierda en El Arcángel: “es increíble. Al Córdoba este año no lo arregla nadie”.

Muchas veces somos tan imbéciles como para sentirnos especiales. Como para creernos merecedores de una gloria que buscan otros que son mejores, más fuertes o más sabios.

El Córdoba –como colectivo, no solo desde dentro- pidió ayuda para que se entendiera lo de este domingo como una final. Se creó una corriente de energía positiva que, en honor a la verdad, sopló más como brisa que como huracán. Se supone que había conjura para mejorar. Para ganar, que era lo único verdaderamente importante ante la Cultural.

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Markovic se lamenta de una ocasión fallada (Edu Luque/Minuto90.com)

Por supuesto, nada de eso sucedió. Ni el Córdoba ganó, ni el Córdoba mejoró, ni el Córdoba demostró tener casta o amor propio como para suplir todas las enormes carencias que tiene en lo que a fútbol se refiere.

La Cultural, que no ganaba –y sigue igual- desde septiembre, fue mejor en igualdad de condiciones y tuvo más cojones cuando se quedó con uno menos. Tocó mejor y necesitó correr menos que un rival que lo hizo, sí, pero como pollo sin cabeza. La presión de los de Merino fue, en todo momento, inútil y si llegó el 2-0 fue únicamente por dos acciones aisladas de picardía de Jovanovic –el único junto con Guardiola que parecía tener intención real de ganar-. El Córdoba no tiró a puerta hasta el descanso salvo desde los once metros.

Luego, claro, las mil gilipolleces de cada semana: que si están atenazados, que si necesitan una victoria para calmarse… Si en dos semanas seguidas dos rivales directos por no bajar son capaces de igualar una desventaja con un futbolista menos, no hay indicios sino evidentes señales de que la victoria no llegará. O que si llega –o al menos con los que ahora mandan en el campo y los que mandan en los despachos- será tarde. Vamos, que bajaremos. Que si llegamos a los veinte puntos –veinte, joder, veinte- antes de que acabe la primera vuelta ya podemos darnos con un canto en los dientes. Que hemos jugado contra dieciséis equipos y le hemos ganado a tres.

No sé por qué escribo. No sé por qué me leen. Escucho a Las Punsetes y su “Opinión de mierda”. Probablemente ésta sea una opinión de mierda. Probablemente no necesiten mi opinión de mierda. Pero es que no me sale de otro color. Lo siento.