Trabajadores de la pelota (0-0)

El fútbol ya no es alegría. El fútbol, a ciertas edades y en ciertos ámbitos, es una obligación de las malas, de las menesterosas. De las que quitan sueños y dan sueño. De las que imponen y aturden. De las que cansan hasta agotar.

El Córdoba y el Numancia empataron a cero porque era lo que tenían que hacer. Porque a uno el empate no le hacía demasiado daño y al otro no le venía mal para quedarse en esa zona de nadie que tanto le gusta. E hicieron un buen trabajo unos y otros para conseguir el botín. Todo acorde al guion. Corrieron lo que el guion les demandó, hicieron las faltas que el guion les demandó e incluso, si me apuran, cometieron los errores que el guion les demandó. No sirvió de nada que Carrión decidiera poner a jugadores de ataque si a su equipo le da por no atacar (o hacerlo mal, que viene a ser lo mismo).

Y, claro, cuando los trabajadores hacen únicamente su trabajo, la gente se suele aburrir. Los únicos a quienes lo visto en El Arcángel les pudo llenar de emoción pudieron ser los representantes, los estudiantes a técnicos y el observador arbitral. Bueno, claro, y el llamado director de partido de la LFP, que al parecer se dedicó a apuntar las quejas de los jugadores del Numancia por el destello de un bombo en el fondo norte (ya me detendré en eso en mi columna de ABC que será publicada mañana).

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Ocho, nueve o diez mil personas sentadas en sus butacas viendo a unos operarios sudando como si fueran jubilatas mientras, de tanto en cuanto, aplaudían o censuraban un gol del o al Madrid. Todo entre dantesco, lamentable y mediocre. Sobre todo, mediocre.

La Segunda es esto. O no. La Segunda también es lo que están viviendo en Valencia con el Levante; o en Girona; o en Cádiz y Oviedo… Pero no estamos por estos lares para pedirle peras al olmo.

Al menos, de entre todo el numeroso elenco de profesionales del balón apareció un chaval que –naturalmente- levantó entusiasmo e ilusión. Se llama Sebas, se apellida Moyano y ha hecho maravillas desde pequeño vistiendo la blanquiverde. Tuvo poco menos de veinte minutos y apenas lució en semejante bodrio, pero a poco que tenga más oportunidades estoy seguro de que dejará pinceladas de color en una temporada muy gris.

El fútbol es muy bonito cuando parece un juego y un absoluto coñazo cuando únicamente parece un trabajo. Pues eso.

Las experiencias como técnico en Asia de Álex Gómez, futuro Director Deportivo del Córdoba

Álex Gómez (43 años) será presentado mañana oficialmente como nuevo Director Deportivo del Córdoba C.F. El catalán lleva ya año y medio trabajando con la cantera blanquiverde como hombre de confianza de Albert Puig –fue su segundo en el Infantil del Barça 2009-10-, pero atesora ya una dilatada trayectoria como scout y como técnico. Incluso en Asia.

En mayo de 2013 Josep Gombau dejó el Kitchee SC, de la Primera división de Hong Kong, para entrenar al Adelaida australiano. Y el club hongkonés, como quiera que ya tenía buenas experiencias con técnicos catalanes, decidió confiar en quien entonces entrenara al alevín C del Barça. Gómez expresó su felicidad en twitter: “Estoy muy contento y emocionado por tener la posibilidad de jugar la Copa de Asia con el Kitchee. Felicidades a todos los fans del Kitchee”.

De su periodo en el Hong Kong Barça –así se conoce al Kitchee- seguro que Gómez recuerda con cariño la derrota ante el Manchester United (5-2) del 29 de julio de 2013. Era uno de los primeros partidos de los Red Devils sin Ferguson al mando y Moyes se lo tomó muy en serio (marcaron Welbeck, Smalling, Fabio, Januzaj y Lingard por un lado y Lam y Alkande por los locales). En el once que planteó Álex Gómez, dos españoles: el lateral Dani Cancela y el atacante Belencoso.

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Gómez dirige al Kitchee mientras Van Persie controla un balón ante Dani Cancela. Foto: Getty Images

No obstante, lo más noticioso de ese encuentro fue el mal estado del campo del equipo de la ex colonia británica. Tan mal estaba que el Secretario de Asuntos Internos –como el Ministro de Interior- Tsang Tak-Sing pidió disculpas públicamente y prometió una remodelación. Moyes, sin embargo, estuvo caballeroso al término del choque en sus declaraciones: “Nuestros jugadores jugaron muy bien, incluso en un terreno complicado, lo que hizo que el campo pareciera bueno”.

La aventura de Gómez en Hong Kong no terminó bien, y no porque no estuviera haciendo con profesionalidad su trabajo. EL Kitchee había completado el mejor inicio de Liga de su historia: era líder y no había perdido ningún partido. Pero según le contó a Sport: “mis puntos de vista son muy diferentes a los de los responsables del club. Vengo del Barça y entiendo el fútbol según el talento, la manera de ser de los jugadores y, especialmente, según el esfuerzo en los entrenamientos y en los partidos. No estaba dispuesto a cambiar mi filosofía del fútbol y eso me ha costado el cargo”… y el presidente del Kitchee parecía que no pensaba igual. “Me voy con el convencimiento de que la integridad es el valor más fuerte de un entrenador profesional“, recalcó el técnico. Su sustituto en el Kitchee fue el ex portero atlético José Molina y completó el buen trabajo de Gómez logrando un triplete.

No perdió el tiempo cuando regresó de Hong Kong -colaboró con diferentes empresas relacionadas con el fútbol en el extranjero (Avatars, BSA y FCB Escola), en diferentes proyectos en Colombia, Lituania o Arabia Saudí – y no tardó mucho en encontrar nuevo destino, también en Asia. El Ratchaburi Mitr Pol F.C. de la Primera División tailandesa le incorporó y en él dirigió a un ex cordobesista como Juan Quero. Los Dragones terminaron cuartos al final de la temporada.

Fue la última experiencia como técnico hasta el momento del que apunta a ser nuevo Director Deportivo cordobesista. De entre los jugadores de los que guarda buen recuerdo, dos nombres propios: el camerunés Wilfred Kaptoum –ahora en el Barça B- y el futbolista del Granada Sergi Samper. Y muchos otros que haya podido conocer en el cada vez menos ignoto fútbol del lejano oriente. Que tenga mucha suerte.

Fuentes:

http://es.paperblog.com/alex-gomez-comes-se-va-del-kitchee-hong-kong-2270313/

http://www.ametllamar.cat/lacalartv/entrada/2014/11/7/alex-gomez-fitxa-pel-ratchaburi-fc-de-la-1a-divisio-de-tailandia

http://www.dailymail.co.uk/sport/football/article-2380807/Manchester-United-5-Kitchee-2–match-report.html

Perico, el sobrino de Obiang que estudia políticas y que juega para el equipo obrero de Londres

Se llama Pedro, destaca en el West Ham londinense y, a pesar de que ya ha sido tentado por la selección de su país, estaría deseando pelotear para la española. El combinado de Guinea Ecuatorial, de donde es originario Pedro, también juega de rojo, pero la ideología que rige de manera omnímoda por esos lares es de color azul fuerte.

Teodoro Obiang fundó en 1987 el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial que, como suele pasar con casi todo de lo que se presume, de democrático tiene poco. Desde que Obiang creara esta formación de pacotilla gobierna el país sin que nadie le pueda rechistar. Y Pedro, el futbolista, es su sobrino. Y parece diferente.

Pedro -“Perico”- Obiang nació en Alcalá de Henares en 1992. Su familia emigró desde la provincia ecuatoguineana de Kié-Ntem y él comenzó a pelotear como centrocampista de buena planta en la cantera colchonera del Cerro del Espino hasta que le salió la oportunidad de enrolarse en la Sampdoria cuando apenas tenía 16 años. 120.000 euros costó su fichaje a los de la Lanterna. Obiang en un principio no quería irse tan lejos de los suyos, pero su madre le convenció diciéndole que si Dios le había dado esa oportunidad nunca debía cerrarse una puerta.

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Perico Obiang, jugando para el West Ham. Foto: Reuters

El joven Pedro empezó pasándolo mal en el más defensivo calcio, pero poco a poco el futbolista va puliendo sus deficiencias tácticas e imponiendo su calidad. Él definió sus inicios en la Samp como “incluso traumáticos”. Por fin, en 2011 se estrena en la Serie A y ya no retorna al equipo primavera (así se llama a los filiales en Italia). Cuatro años pasa en Italia en los que se aficiona al dorsal catorce –“por Cruyff, Guti o Xabi Alonso”-, conoce a su mujer en Udine y en los que se convierte en padre.

Durante ese periodo, de paso, recibió una llamada:

-Hoy, soy tu tío. ¿Quieres jugar?

Tal vez no fuera exactamente así, pero se sabe que Teodoro Obiang se interesó expresamente en la convocatoria de su sobrino para la Copa África de 2012. Perico le respondió, según calcio mercato, de esta manera: “Hoy he dicho no a mi tío (…) Me quería en el equipo nacional para la Copa de África, pero no es un tirano”. Pocos en Guinea Ecuatorial le pueden decir que no a su tío, pero Pedro quería jugar en el combinado español. De hecho, ya ha tenido minutos hasta incluso con la selección sub-21 que mandaba Julen Lopetegui. Ahora ya no tiene claro, porque aparte de jugar para Guinea Ecuatorial puede hacerlo para Gabón, que también le ha llamado a pesar de que él no tenía ni idea de que tenía familia por allí.

En 2015, maduro y consagrado en Italia, el West Ham le ficha por cuatro millones y medio de libras. Y, aunque en su primera campaña chupó mucho banquillo, en la presente se ha convertido en pieza clave para el croata Slaven Bilic. Obiang, que es merengue, sueña con regresar algún día a la capital donde nació para trabajar vestido de blanco.

En el Reino Unido Obiang no está perdiendo el tiempo y paradójicamente estudia ciencias políticas junto a su compañero de equipo Angelo Ogbonna. Obiang, que milita en un club históricamente ligado al sindicalismo de izquierdas, no le respondió en diciembre a The Guardian cuando se le preguntó sobre su ideología. Pero el sobrino del dictador sí confesó a su entrevistador que en un futuro quería “ayudar a los demás. ¿Cómo político? Por lo que estoy estudiando, por supuesto. Pero necesito otros 25 o 30 años”. Probablemente para entonces Perico pueda votar en su otro país. En el país de su tío.

Fuentes

https://www.theguardian.com/football/2016/dec/02/pedro-obiang-west-ham

http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2013-11-15/perico-obiang-el-sobrino-del-dictador-que-rechaza-jugar-con-guinea-ecuatorial-1276504256/

http://www.ilsecoloxix.it/p/sport/2011/07/21/AO2HE8m-obiang_cuore_meta.shtml

El gol de la sonrisa (2-1)

No conozco a Markovic, pero es como si fuera mi vecino del segundo. Probablemente no sepa mi nombre, pero siempre me ha saludado sonriente cuando me he cruzado con él en El Arcángel o en la Ciudad Deportiva. Que me salude tiene mérito, que sonría no. Porque Markovic es un serbio feliz. Uno que disfruta haciendo su trabajo y que ni con la rodilla partida escatima una sonrisa. Markovic ha trabajado buscando un momento de felicidad que encaje en un rostro perfectamente acondicionado para ello. Y hoy, y a última hora, le cayó un balón que probablemente pudiera haber pateado con más corazón que cabeza. Con más pierna de descenso que de permanencia. Con más euforia que mesura.

Markovic

Pero no. Markovic decidió parar el reloj y echarlo hacia atrás unos cuantos meses. Justo hasta el momento en el que se quebró. Justo antes de que su equipo comenzara su lucha por subir a Primera. Justo cuando las ilusiones y las esperanzas se teñían de otra tinta.

Y una vez que se vio en junio echó a andar. Tardó nueve meses en marcar este gol. Un parto. Controló con el muslo, silenció un estadio angustiado y tocó la pelota más como dándole un beso que como castigándola. La bola, que suele ser obediente y justa con quienes la tratan bien, no se le resistió y marchó derecha a la red.

Después Markovic sacó la sonrisa que llevaba dentro y la compartió con otras diez mil que la necesitaban como aire para respirar. No fue alivio lo que sintieron los que aguardaron hasta el final con fe en una victoria imprescindible. No. Fue otra cosa. Fue una felicidad sin ambages por haber compartido nueve meses de sonrisas sin justificación en un instante. Fue el gol de la sonrisa que no necesita explicación.

P.S.; el 1-1 lo metió Rodri y se encaró con la afición. Si en cada partido mete uno a cambio de que se lleve la mano a la oreja, lo firmo.

Sergi López, el jugador que ayudó al gol de Nayim en París armado con un megáfono

“El fútbol es mi amor, mi vida, mi droga, mi motivación” (Bobby Robson). Sergi López apenas jugó 23 partidos en el Real Zaragoza. Al hermano de Gerard y de Juliá –también futbolistas, el primero de prestigio-, una lesión de rodilla mientras entrenaba jugando al baloncesto en un día de lluvia le alejó de la gloria, pero no aniquiló su pasión. Cruyff le veía como el Beckenbauer de su cantera. Y eso que Cruyff de Beckenbauer no podía guardar un buen recuerdo.

Sergi López, fichado por la promesa del Barça de pagarle un taxi diario desde su Granollers natal, podía según cuentan jugar de líbero si el equipo tenía que defender o de delantero si debía golear. Por culpa de su rodilla tuvo que vivir desde un duro segundo plano culé la Recopa del 89, la Copa del 90 y la Liga del 91. Otra rotura de rodilla en un lance con Zubizarreta le obligó a volver al quirófano. Así que, viendo que no tendría ya opciones y con el consejo de su descubridor –Oriol Ort, el mismo que descubrió a Guardiola y a Sergi Barjuán y que evitó que se le llevara el Madrid- se marchó cedido a Mallorca para competir por un puesto en la defensa con Villena ante el indiscutible Fradera.

El Mallorca descendió –curioso: él marcó su último gol como futbolista al Zaragoza en el último encuentro de esa temporada y frente al Zaragoza– y el Barcelona y su representante, Orobitg, decidieron que debía ganarse la vida en el Real Zaragoza. En La Romareda podría haberse limitado a cumplir. Podría haber sido uno de esos jugadores rebotados de una de las canteras de los dos titanes que, ya de vuelta, se abstrae de lo que le rodea. Encima Víctor Fernández no le daba bola y en su primera temporada apenas tuvo protagonismo con la pareja de excelentes centrales formada por Aguado y Brehme.

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Sergi López podría haber sido uno de esos peloteros contrariados y rebeldes que intoxican un vestuario. Pero él amaba su trabajo y lo entendía con pasión de hincha argentino. Tal era así que pedía que le enviaran cada semana una cinta con el programa “El Aguante” de TyC Sports y programaba sus vacaciones para que coincidieran con el calendario de los partidos más calientes del Apertura o el Clausura.

Contó en El Desmarque Carlos Puértolas que Sergi “visitaba casi a diario a los chavales de la cantera de la Residencia Pignatelli al volante de su Mazda MX7. Se preocupó de hacer club y que el primer equipo jamás se convirtiese en un bunker sin relación con los muchachos que soñaban llegar hasta allí”.

Pero él era futbolista en activo. Para el 10 de mayo de 1995 él ya había ganado una Copa con el Zaragoza en buena ley a pesar de apenas haber jugado cinco partidos esa temporada –la rodilla, la maldita rodilla- y esa noche, en París, apartó la bufanda del Barça para coger la del Zaragoza y convertirse en un Ligallo bienintencionado más. Se deshizo del traje oficial del equipo, saltó vallas, pasó de vivir la suerte de sus compañeros en Tribuna y se colocó un trozo de tela blanquiazul al cuello y un megáfono al cuello. Y se marchó al fondo con sus propios seguidores para hacer su otro trabajo, aquel para el que cursaba un master selecto cuando tenía vacaciones en Argentina. Sergi demostró su profesionalidad chillando con los seguidores y empujando ese balón que golpeó con toda la fe de Aragón Nayim. Nayim quien, por cierto, diría de Sergi López: “para nosotros en el vestuario era fundamental, fundamental por su alegría, siempre con una sonrisa, animando todo el rato. En la final cogió un megáfono y no lo dejó hasta la celebración en el Ayuntamiento. Aunque no jugara, son cosas que pasan en el fútbol, era muy importante en el vestuario”.

Después de esa experiencia, Sergi jugó una temporada más en el modesto Gavá, se retiró porque ya no podía más y se marchó a Argentina para vivir su pasión sin distracciones. Allí se enamoró y vivió hasta que se cansó de vivir.

Sergi López se fue para siempre debajo de unas vías de tren un 4 de noviembre de 2006. Apenas jugó 23 partidos como blanquiazul, pero dejó una huella enorme en aquel Real Zaragoza. “El fútbol es la recuperación semanal de la infancia”, dijo Javier Marías. Sergi López lo vivió y lo entendió así.

Fuentes:

“El fútbol tiene música”, José Antonio Martín Otín, Petón.

http://soydelmallorca.blogspot.com.es/2009/02/sergi-lopez-segu.html

http://zaragoza.eldesmarque.com/articulo/3364-el-barra-brava

 

Rafael Campanero y el Córdoba, dos vidas en una

Recuerdo las más de tres horas que estuvimos hablando de fútbol en el verano de 2014 de Mezquitilla. Rafael Campanero me atendió con la misma generosidad en tiempo que en anécdotas. Era para mi libro. Era para mí. Hablamos del Córdoba, claro. Casi siempre del Córdoba. Pero también de la vida. De la suya. El Córdoba y su vida se confunden muchas veces hasta el punto que no se sabe dónde comienza una cosa y empieza la otra.

Campanero es el socio número uno del Córdoba, pero es también su kilómetro cero. Nada en los casi 63 años desde el renacimiento del club es ajeno a la presencia de Don Rafael, por mucho que –naturalmente- no mandara en la entidad durante tantos lustros. Su figura siempre ha servido de referencia no solo por sus hitos sino por la cotidianeidad con la que afrontó las enormes crisis que pudieron exterminar el sentimiento blanquiverde.

Tras ser inoculado en su cuerpo el veneno del fútbol por su primo Rafael, fue portero en su Almodóvar antes de que Paco Salamanca le quitara el puesto. Luego pasó de espectador del Deportivo en el Estadio América a un estajanovista trabajador en las categorías inferiores en casi todas las facetas imaginables. De hecho, se llegó a sentar en el banquillo en el 57 porque Juncosa no pudo dirigir un amistoso en Peñarroya.

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El Campanero presidente devolvió al Córdoba a Primera en 1970 tras tomar el relevo de Morón y avalar las deficitarias arcas del club con sus propios ahorros. El Campanero presidente devolvió al Córdoba a Segunda B en 1985 convenciendo a peloteros como Pepín-que estaba en Primera en el Valladolid- y recuperando el orgullo de ver a muchos cordobeses jugando y jugando bien en un Arcángel repleto; El Campanero presidente devolvió al Córdoba a Segunda en 2007 manteniendo la calma en los momentos más duros y acertando en las decisiones más duras. Muchas de ellas las más duras de su carrera como gestor.

Y hay muchos más Campaneros. El Campanero amigo de Vavá que fichó a Ónega y Dominichi en un viaje casi furtivo a Argentina. El Campanero quejándose junto a José María García del ínclito Pérez Payá aquel año en el que el Sevilla dejó sin ascenso al mejor Córdoba –dicen- de todos los tiempos. El Campanero amigo de Asen y de Pepe Díaz. Y de Pierini. Y de tantos otros que han visto en él algo más que un jefe. El Campanero dejando de puntillas, enfermo y casi llorando la parte de su alma más irracional en una tarde triste ante el Murcia.

Y, en el fondo, el Campanero al que ahora se le rinde un tardío y merecidísimo homenaje no solo por su faceta como gestor deportivo sino por todo lo que ha hecho en sus más de noventa años en esta ciudad. Porque, como dijo Lillo una vez: “quien solo sabe de fútbol, ni de fútbol sabe”. Y Don Rafael sabe tanto de fútbol como de la propia vida vivida. Y vivida, siempre, confundida con la del equipo que siempre ha amado. Porque, y esto ya lo he dicho antes, la historia del Córdoba no se entiende sin Rafael Campanero. Y viceversa.

¿Qué (más) puede salir mal? (2-1)

¿Qué puede salir mal? Mejor: ¿qué más puede salir mal?

El Córdoba se presentó en Tarragona con moral, pero casi sin defensas; con las ideas claras, pero con un rival enfrente que imponía; con la soga al cuello, pero con la opción de dar un importante salto en la clasificación.

Y, de repente, ante la sorpresa generaliza de éstos y aquellos se pone a jugar al fútbol –el Córdoba, digo- como si fuera un candidato a subir. Con desparpajo, con profundidad, con entusiasmo. No le frenó ni siquiera que al único central nato, Héctor Rodas, le partiera la nariz en el minuto cuarto el agresivo Emaná (parece que con los años lo que pierde de fútbol lo gana de boxeo).

En esas llegó el Rodri tras buena jugada de Pedro Ríos. Y la recomposición de la línea de tres centrales con Edu Ramos como comodín.

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Y, de golpe, Pedro Ríos decide meter el codo en una jugada aparentemente inocua y ve la roja por culpa del buen ojo del auxiliar. Acto seguido, el Nàstic empata porque Perone remató demasiado cómodo y porque Razak no estaba bien colocado.

El partido, ya en el minuto 18, se había convertido en una cuestión épica. En un “ya está bien”; en un “¿qué puede salir mal?”.

Pero no, el destino todavía podía ser más cruel. Se recompone el Córdoba y mantiene muy a raya al Nàstic. Ni los cambios ni la parcial actuación del árbitro Ais Reig –quien ya tiene antecedentes de malas actuaciones esta misma temporada- mejoran a los tarraconenses, que no encuentran huecos en la bien pertrechada retaguardia de Carrión, que ya optó por un 4-4-1 en el que todos –o casi- cumplían con su cometido.

A Caballero, que estaba jugando bastante bien, se le fastidia el isquio y entra Esteve. Y también cumple. También cumplió Bergdich en los últimos minutos.

El Córdoba y su técnico entienden bien el partido, lo controlan y anulan a un rival que apenas crea dos ocasiones durante ochenta minutos con un efectivo más.

Pero quedaba el último requiebro de la suerte o de lo sea. Ais Reis decide prorrogar cuatro minutos el partido –castigo excesivo porque apenas se produjeron tres cambios en la segunda parte- y, al ver que no era suficiente, acuerda también que el Nàstic ataque por una última vez en el minuto 94 y treinta segundos. Y, claro, quedaba algo por salir mal. Un despeje, un rebote, un balón que le cae a Barreiro y gol.

El partido se prolongó otros dos minutos más para demostrar lo mal árbitro que es el valenciano y para que todo el cordobesismo se preguntara por el castigo que cometieron. Para que se siga pensando que este año toca dolor infinito. Para que los pesimistas obtengan coartada para decir aquello de “si jugando bien perdemos…”.

¿Qué puede salirle mal a una plantilla con buena voluntad pero mal estructurada desde el principio? Naturalmente, de todo.