La venganza de la verdad (1-2)

El Córdoba se salvó sobre el verde de Vallecas. Lo logró siendo fiel a los principios que ha ido adquiriendo conforme la temporada se le ha ido complicando. Sufrió por otra mala puesta en escena agravada con los fallos defensivos de costumbre y mejoró gracias a fe, orgullo y a varios nombres propios que seguro que querrían que la temporada durara hasta agosto.

Pero, sobre todo, si algo ha caracterizado a este Córdoba que se acaba de salvar ha sido su honestidad. Desde que perdieran en Getafe y se quedaran en números rojos a apenas cinco jornadas del final, la reacción ha sido encomiable. Sin voces altisonantes, sin hipérboles, sin recurrir a la épica. Los profesionales que tenían que decidir la suerte deportiva de la entidad tomaron conciencia de lo que debían lograr y se pusieron manos a la obra hasta lograrlo. No es sencillo para un equipo en apuros en la recta final de un campeonato encadenar cuatro partidos sin perder –tres de ellos fueron victorias-. Que se lo digan a Nàstic, Almería, UCAM, Alcorcón… o a los ya relegados Mallorca, Elche y Mirandés.  

permanencia

Lo que más me ha gustado de esta salvación ha sido que ha mojado a muchos de un baño de realismo. Un chapuzón que ha permitido descubrir autenticidades y miserias; ambigüedades y firmezas; Ha sido, por todo, una permanencia con un sello muy propio por la que se deben felicitar jugadores, cuerpo técnico, empleados y aficionados.

Durante estos últimos cuatro partidos todo me pareció todo bastante auténtico. De verdad.

Y ahora, con la salvación, la verdad dará paso a la mentira. Nos mentirán los mercachifles que transan por hacerse con la S.A.D. o mantenerla –a todos, incluso a ellos mismos-. Nos mentirán los representantes y los jugadores para negociar a la alta sus contratos. Nos mentirá todo aquel que pueda sacar tajada durante una negociación. Y tendremos que ser muy finos para saber qué es grano y que es paja (y qué es una paja, que no es lo mismo).

En un artículo en la Revista Hiperión llamado “La venganza de la verdad”, Félix de Azúa hablaba del argumento de una ópera de Mozart –lo cierto es que no sé si existe y no me apetece indagarlo- en la que una vieja se toma la revancha de un posadero y sus huéspedes con el siguiente juramento: “todas vuestras mentiras se cumplirán, todos vuestros embustes se harán realidad”. Me encantaría que eso sucediera durante este verano. O mejor aún, que tuvieran una pesadilla todos esos mentirosos con ese argumento. Lo mismo así aprenden realmente (no creo).

El día que Garrincha jugó en El Arcángel

Nadie sabe dónde está lo que queda de Mané Garrincha. Al mejor regateador de todos los tiempos le enterraron en una modesta tumba en la que apenas se puede leer su nombre y una incorrecta fecha de fallecimiento –murió en 1983, pero en su lápida figura 1985-. Casi nadie se ha preocupado en más de treinta años de su recuerdo en Río hasta que el alcalde pensó en su figura para honrarla por lo que hubiera sido su 84º cumpleaños. Cuando fueron a buscar sus restos, apenas quedaba la lápida… pero nada de Garrincha, cuyos despojos habrían sido trasladados por alguien a otro lugar en secreto.

Nadie sabe dónde está Garrincha, pero todo el mundo que le vio galopar con el balón pegado a sus desiguales piernas recuerda a ese pájaro que pedía perdón a los defensas que trataban de pararle, sin lograrlo, con los medios más bruscos posibles.

Y en Córdoba también dejó su recuerdo. Sucedió un 13 de mayo de 1956. Su Botafogo hacía escala en la ciudad dentro de su gira por España para disputar el Trofeo Ciudad de Córdoba en un Arcángel que apenas tres semanas antes había vivido el primer ascenso a Segunda del recién renombrado Córdoba C.F.

En un día de mucho calor –de mayo cordobés, no es difícil imaginárselo- los dos equipos saltaron al campo portando las banderas del país del contrario mientras se interpretaban los himnos español y brasileño. Según ABC, el estadio presentó una gran entrada y los jugadores cordobesistas disputaron “el mejor partido de la temporada” (como si el Botafogo participara en Tercera española).

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Pero el Fogao, que ganaría al año siguiente la liga carioca, era incuestionablemente muy superior en lo técnico. El cronista lo describe como “un completísimo equipo, dominadores sus hombres del balón y con una velocidad asombrosa” si bien –sorprendente- “adolecen de la falta de disparo, aunque cuando lo hacen es con una dureza peligrosísima”.

Por el Córdoba jugaron el Tenazas Sánchez Rojas; Navarro, José Luis, Alfaro; Mújica, Luisito; Sánchez, Joaquín, Araújo, Hermida y Fustero. Después entraron Jiménez, Encinas, Quintín, Outerelo (el primer extranjero del Córdoba, un uruguayo) y Corsim.

Para Botafogo se vistieron de corto Amaury (suplido por Pereyra Natero), Domício (Thomé) y Nílton Santos en defensa; Orlando Maia, Bob y Pampolini (Juvenal) en el centro del campo y Garrincha (Neyvaldo), Didi, Alarcón (Wilson Moreira), João Carlos (Mário) y Rodrigues en ataque.

El anónimo corresponsal de ABC destaca a la línea defensiva al completo de Botafogo, en especial a Nílton Santos -que ya había estado en la selección brasileña subcampeona del 50 y que estuvo en las campeonas del 58 y 62. Su nombre es ahora el del campo del Botafogo- y en ataque a Didí –campeón también en el 58 en Suecia y que llegara a probar fugazmente por el Madrid en el 59-. A Didí le cataloga de “verdadera maravilla”. Ni una palabra del entonces joven (22 años) Garrincha que fue sustituido –no se sabe en qué minuto- por Neyvaldo. Lo mismo ese día se había pasado con la ingesta de sus famosos cuba-libres que hacía pasar por cocacolas.

Al parecer los cordobesistas presentaron una digna oposición, destacando por su “entusiasmo”. El goleador Araújo antes de lesionarse estuvo muy activo y varios de los suplentes –atendiendo a la crónica- también.

Hubo siete goles para regocijo de los asistentes a El Arcángel. Por el Botafogo colaron Joao Carlos por partida doble (10’ y 27’), Alarcón en el 31’ y Rodrigues de cabeza en el 35’mientras que en el bando local marcaron Joaquín en el 6’ a pase de Heredia, Sánchez 23’ y Fustero en el 39’ para establecer el definitivo 3-4. Es decir, en dos ocasiones el Córdoba se puso por delante del Botafogo de Garrincha cuando los amistosos no eran tan amistosos. Según la crónica de Mundo Deportivo, de hecho, los brasileños se emplearon con mucha dureza tras colar el cuarto, por eso se lesionó Araújo.

Al final, ese día de mayo del 56 unos diez o doce mil cordobeses se fueron a sus casas contentos porque su equipo, que acababa de subir a Segunda, había sido el primero en meterle tres en España a todo un coloso sudamericano. Y también, aunque la inmensa mayoría no se hubiera dado cuenta ese día, porque habían visto en acción durante unos minutos a uno de los mejores jugadores de la historia de este espectáculo. Casi nada.

Fuentes:

@laligaennumeros (Álvaro Vega)

http://mundobotafogo.blogspot.com.es/2012/02/1955-copa-caritas-de-futebol_25.html

http://www.marca.com/futbol/resto-america/2017/05/31/592eedeb268e3e02248b47bb.html

Hemeroteca ABC

Hemeroteca Mundo Deportivo

Como peces en agua (4-2)

La filosofía es sencilla. La praxis es compleja. Foster Wallace contó una vez una historia para explicar el papel de la cultura. Dos peces que jóvenes que van nadando y se topan con otro mayor que les dice: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóvenes nadaron un rato antes de que uno mirara al otro y le dijera: “¿Qué demonios es el agua?”.

El Córdoba ha sido durante muchas semanas un puñado de profesionales bienintencionados que no terminaban de saber dónde estaban nadando. Hasta que se dieron cuenta. Cuando el grupo de futbolistas de Carrión fue consciente de lo que tenían en sus piernas comenzaron a remar. Lo hicieron valiéndose de su gente cuando no les quería y lo han hecho –mejor, claro- cuando les convenció su juego. Lo hicieron mutando hasta encontrar un sistema –bueno, esto lo encontró Carrión, claro– que les hizo atenuar sus defectos y potenciar sus virtudes. Lo hicieron atinando ante el portero rival y paliando con intensidad colectiva los errores que alguno de los que jugaran pudieran cometer.

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Que el Córdoba aplastara al Oviedo no fue casualidad, supongo. Unos atesoraban números de titán en casa y los otros de mequetrefes a domicilio.

Con todo, esta versión mejorada del Córdoba quedó reflejada desde el primer minuto. La forma de presionar de Piovaccari, la forma en la que se plantó ante Juan Carlos y –sobre todo- la calma con la que envió la pelota a la red.

Luego ya fue todo coser y cantar. Aunque que parezca sencillo ganar es preciso hacer que lo parezca. Extraordinario Javi Galán –como todo su final de temporada-, recompensado Javi Lara, compenetrados Aguza y Edu Ramos y –esto no es novedad- colosal Kieszek. Resulta casi imposible encontrar matices en una nota colectiva de sobresaliente.

La salvación es un contrato cerrado sin rúbrica. La venta del Córdoba es una rúbrica sin contrato cerrado. Y, mientras, el cordobesismo reflexiona (creo) al mismo son que su técnico: “hay que hacer análisis, porque la temporada no ha sido buena”. El presidente, a su bola, prefiere decir que fue didáctica. Pues vale.

Ser, sentir y parecer (en el fútbol)

“Le he dicho a mi padre

que uno no puede vivir

tantos mundiales como

cree durante la vida

Los noventa minutos más el tiempo de descuento de la final no son más que una espera de la muerte” (de “Mi padre es árbitro de fútbol”, Ida Linde)

En 2010 escribió Carlin en un artículo que “hay pocas cosas más desagradables para una persona que enfrentarse a sus prejuicios y verse obligado a reconocer que no tienen justificación”. Hemos llegado a un extremo en este mundo desnaturalizado, dogmatizado y lleno de complejidades sociales en el que cada sujeto parece que tiene que pedir perdón por ser y sentir.

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En el fútbol, que es sobre lo que suelo escribir, más.

Esta semana se ha debatido en las redes y fuera de ellas sobre la vulgaridad de quienes en Málaga –fue en Málaga, pero pudo haber sido en Coruña, San Sebastián, Valladolid… o Córdoba- asistieron a la Rosaleda vestidos con la camiseta del Real Madrid para animar a este equipo contra el –teóricamente- de su ciudad. Se les ha querido retratar de aficionados de pacotilla o de advenedizos en un coto vedado para los sentimientos auténticos: justo los de aquellos que sufren por el fútbol.

Y no puedo estar de acuerdo. No me atrevo a estar de acuerdo.

Galeano decía que en el fútbol son mucho más numerosos los consumidores que los creadores. No hay un único tipo de cliente y, lo que es mejor, no hay una manera única de sentir este espectáculo.

Los aficionados al fútbol solemos ser devotos de la nostalgia. Tenemos claro desde la añoranza -¿qué quedaría en este universo sin la recurrente épica?- cuándo tomamos la primera comunión con nuestro equipo. Los más con una hostia, los menos con una victoria, porque casi nadie se engancha por las buenas. Y, ¿quién me dice a mí que mi hostia fue mayor o menor que la de un aficionado a otro equipo? ¿Quién me asegura, de paso, que yo soy más digno de chillar que un seguidor coreano o uzbeko del Barcelona?

Esto es cuando jóvenes, pero nos hacemos viejos también para el fútbol. Vázquez Montalbán contaba que con el paso de los años le resultaba más trabajoso “recuperar la camiseta del baúl de los disfraces” y que solo si se dejaba llevar “por ese gilipollesco niño que, según algunas mujeres ternascas más que tiernas, llevamos dentro” era capaz de regresar a “los códigos de una conducta militante”.

Por eso, el amor por un equipo, por mucho que no se discuta su eternidad, no es algo que se pueda someter a un estereotipo. Ser de un equipo implica –esto es de Javier Marías– someterse a un estado de ánimo determinado. El de la euforia de los que casi ganan siempre contra el de la melancolía de los que casi siempre pierden (el de la inmensa felicidad cuando se rompe la lógica merecería un capítulo aparte).

El fútbol, en consecuencia, no es patrimonio de ninguno de sus fieles. Ni de quienes se hacen callo en el pecho declarándose enamorados únicamente de lo suyo; ni de quienes se ponen la camiseta del equipo que gana; ni de mi amigo que abandona siempre El Arcángel –vaya como vaya el partido- en el minuto 85 para no pillar atasco-; ni de mi otro amigo que se baña en la piscina de su chalet con la bandera del Madrid cuando gana un título; ni de todos –y cuando escribo “todos” es “todos” en el sentido más amplio- los españoles que nos vestimos con la camiseta de la selección tres, cuatro o cinco veces cada dos años.

El fútbol es una nueva religión sobre la que ningún ilustrado diría a un hincha que su creencia se opone a la razón (Manuel Mandianes dijo esto), así que ¿por qué ser sectarios? ¿Por qué diferenciar entre seguidores de primera y de segunda únicamente por exhibir sus sentimientos verdaderos en el momento supremo?

Si algo he aprendido de haber sido aficionado, trabajador de un club de fútbol y (hacer de) periodista deportivo es que vale mucho más atender a los hechos que a los apriorismos. Que en el fútbol, probablemente como en la vida, ser y sentir son conceptos tan grandes que no se pueden juzgar con ligereza. Bueno, eso y que lo único que tendríamos que desterrar de este mundo es el concepto “parecer”. Porque las apariencias en fútbol, casi siempre, engañan.

Los partidos de feria (1-1)

Siempre hay dos partidos en el año especiales en Córdoba. En la feria más larga del mundo –y nada más lejos de mis intenciones censurar o debatir su duración- los cordobesistas se apiñan durante cientoochenta minutos para alejarse mentalmente del albero mezclado con rebujito, de los paluegos de las hamburguesas Uranga y de las canciones horteras de la temporada.

En Cádiz la sensación era vieja y la situación era nueva. El Córdoba se había reconciliado con los suyos el sábado anterior y debía apurar esa dinámica para dar un paso para la permanencia. El salto –sobre todo sabiendo lo que había pasado el viernes- podría ser importante o definitivo. El plan más sensato era afianzar el punto. Y, ante un equipo que no arriesga nada y que juega con el error ajeno, era un juego arriesgado.

Por eso, y por el viento, el partido fue un coñazo. El Cádiz procuró regalar la pelota, pero el Córdoba la regaló más. Y así, entre errores, transcurrió una primera mitad insufrible que dio paso a una segunda algo más movida (más que nada porque se agitó el marcador).

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Marcó Aketxe por culpa de su calidad y de otro error de coordinación de la defensa del Córdoba, que concedió otra falta en una posición peligrosa como la que le dio al Levante y al Getafe (por ejemplo). Pero el Córdoba está en buena predisposición. Carrión hizo cambios sensatos y fue avanzando a su equipo con criterio hacía el gol. Primero metió a Alfaro y luego a Rodri (poco después). Y el equipo, a trompicones, provocó el nerviosismo en el rival. Rodri pudo haber marcado y Alfaro lo logró en otra acción a balón parado (esta vez un saque de banda puesto por Bíttolo).

Y, contrariamente a otros choques, el Córdoba dispuso su buena situación a su antojo. Si bien es cierto que el Cádiz demostró que tampoco es tan fiero como refleja la tabla, los blanquiverdes terminaron bien colocados, bien enchufados y sobrados físicamente. Por eso sumaron.

Fue el partido de feria. El primero de los dos. Y fue festivo. Queda rematar la faena el domingo en El Arcángel contra el Oviedo. Pero cabe recalcar una idea: que el alivio no se confunda con la euforia. Están cumpliendo con el objetivo secundario, pero esta temporada en El Arcángel nos la han metido doblada mucho.

Historia (resumida) de los 16 que lucharán por subir a Segunda #playoff2ª

Dieciséis equipos lucharán a partir de la semana que viene por el sueño de ser de Segunda. Partidos a cara de perro que seguro que marcarán de manera indeleble el recuerdo de sus aficionados. Los hay históricos y otros que aspiran a serlo. Los hay forrados y tiesos. Los hay grandes y pequeños. Los hay llenos de jóvenes y los hay plagados de perros viejos. No hay pronóstico válido. Los play-off de ascenso –a Primera y a Segunda- son y serán la competición más intensa del fútbol español. Y que duren.

GRUPO I

Tres para los que subir es casi una obsesión y otro que está disfrutando de la experiencia. Mientras que Cultural, Racing y Pontevedra conocen incluso lo que es ser de Primera, el otro elegido del Grupo I –el Celta B, antiguo Turista- para buscar la Plata no puede aspirar a más.

CULTURAL LEONESA 86

1 cultural

Su nombre es musical y reconocible. La Cultural y Deportiva Leonesa –la “Cultu”- lleva defendiendo su camiseta blanca desde que Miguel Gutiérrez Díez-Canseco la fundara en 1923. Refundada tras la Guerra Civil, fue capaz de ascender a Primera en 1955 tras quedar campeona en el grupo norte de Segunda gracias al tino de su técnico Galarraga y a contar con un delantero –atendiendo a sus números- eficaz como el gallego Chas Núñez. En la élite se destapó su entonces joven centrocampista Vallejo (13 goles), que luego ficharía el Atlético, pero la Cultu apenas tuvo opciones de permanencia (y eso a pesar de empezar la temporada como colíder tras ganarle 4-1 al Alavés). Apenas cinco victorias (cuatro en casa y una fuera) del equipo que entonces jugaba en La Puentecilla y presidía Antonio Amilivia –quien luego daría nombre al estadio-.

Lleva sin pisar Segunda desde 1975 y recientemente –después de casi 23 temporadas consecutivas en Segunda B- fue condenada a un descenso administrativo a Tercera por deberle dinero a su plantilla en 2011. Resurgiendo tras subir en Oviedo ante el Universidad (con un gol en la prórroga de su delantero David Álvarez ), ahora la empresa catarí Aspire Academy ha apostado decididamente por el fútbol en la bella ciudad leonesa. Este año han visto al Real Madrid en su coqueto nuevo Estadio Reino de León (capacidad 13.541 espectadores). 1 temporada en Primera y once en Segunda. Será su octavo intento de asalto a la de Plata en los últimos 25 años.

RACING CLUB 86

2 Racing colsa

El más laureado de los dieciséis aspirantes. Todo un referente en el fútbol del norte de España. 44 años en Primera y 34 en Segunda. Entrenados por el legendario Patrick O`Connell, fue uno de los diez equipos elegidos para fundar la primera Liga en 1928; un segundo puesto –empatado a puntos con el Athletic- cuando lo entraba el británico Firth en 1930 y contaba con jugadores como el mítico Larrinoa-. En la 35-36 fue el primer equipo que ganó los dos partidos de Liga al Madrid y al Barcelona y durante toda esa década presidió al Racing el académico e ilustre escritor José María de Cossío.

Fue el primer equipo al que le retransmitieron un partido por la tele –contra el Madrid en el 54-. En 1972 todos los jugadores racinguistas –incluso su técnico Maguregui- se dejaron bigote mientras ganaran partidos en su camino hacia Primera –el equipo de los bigotes se les llamó y lograron su objetivo al quedar terceros– .

Su única participación en competición europea llegó tras quedar sextos en la 07-08 con Marcelino. Tras eliminar al Honka finlandés, pudieron disfrutar de un grupo formado por PSG, Twente, Manchester City y Schalke. En El Sardinero vieron un empate con el Schalke y una inolvidable victoria (3-1, goles de Jonathan Pereira, Óscar Serrano y Valera) al City de Schmeichel y Robinho. Han accedido dos veces a semis de Copa, han contado con un pichichi (Salva en 1999) en sus filas y siete de sus futbolistas han defendido a la selección española. Cuando están contentos, en su campo que huele a Cantábrico se canta la canción montañesa “La fuente del Cacho”. Con todo esto a cuestas, necesitan subir sí o sí.

CELTA B 84

El Celta B está completando una de sus mejores temporadas de su historia, aunque este filial tiene mucha historia a cuestas. El Turista Sport Club –así se llamaba antes- se fundó en 1927 y durante numerosas temporadas militó en Tercera División cuando no existía la Segunda División B, llegando a disputar hasta cuatro promociones de ascenso a Segunda. En la 57-58 llegó a ser campeón de Tercera, pero su potencial fue menguando hasta que en 1989 acuerda su filiación con el Real Club Celta. En la 92-93 sube por vez primera como Celta Turista a Segunda B y en su segunda campaña en la categoría debuta causando sensación un lateral diestro rubio de 18 años llamado Míchel Salgado. Desde 2001 ha permanecido en la tercera categoría casi consecutivamente –descendió y regresó entre 2012 y 2013-. En 2002 ganó la Copa Federación y en la 2003-04 disputó la liguilla de ascenso ante Pájaras Playas, Cultural y Lleida, pero apenas pudo ganar uno de los seis encuentros que jugó. Disputan sus partidos en el campo de Barreiro (caben 4.500 personas), aunque tal vez en play-off se muden a Balaídos.

PONTEVEDRA 60

Pontevedra

El Pontevedra es legendario por su historia del Hai que Roelo. Después de una primera breve experiencia en la élite, el 4 de abril de 1965 en el Stadium Gal de Irún el Pontevedra conseguía un empate que le devolvía a Primera. Durante ese periplo en la categoría de Plata se conocía al club pontevedrés como “Atila, rey de los Hunos”, porque tal era el signo (1) que se producía siempre que jugaba como local. El técnico que comenzó a forjar la leyenda fue Marcel Domingo, aunque su relevo lo tomó pronto el veterano Juan Otxoa.

A sus órdenes un disciplinado puñado de futbolistas sin ninguna estrella sobresaliente. El caso que con ese puñado de jugadores semidesconocidos el Pontevedra fue cosechando éxitos. Tantos que tras vencer entre otros al Athletic y al Barça se colocó líder tras vencer al Sabadell en Pasarón (goles de Esperanza –bonito nombre- y Neme). Pocas jornadas después, el conjunto de Otxoa visitaba el estadio Insular. Allí, un grupo de emigrantes gallegos en las Canarias diseñó una modesta pancarta con el eslogan legendario: “Hai que roelo”. Así, sin más y en gallego. De ahí viene todo.

El momento más brillante de todo el año llegó el 28 de noviembre de ese 1965. Visitaba Pasarón el Atlético de Collar, Mendonça, Ufarte y Luis. Eran líderes los colchoneros y segundos los gallegos. En Sudamérica un puñado de emigrantes hicieron una colecta para poder escuchar el partido a través de una radio vía satélite. Y lo lograron. Y ganaron. ABC tituló “El fútbol industria del Pontevedra venció fútbol arte del Atlético por el fruto de un solo gol”. Era la jornada doce y se colocaban de nuevo líderes. Ese año terminaron séptimos, en la 66-67 octavos sin perder ningún partido en su campo, en la 67-68 acabaron en el puesto doce y al año siguiente perdieron la categoría para no recuperarla jamás hasta le fecha. Fueron seis temporadas que ahora les quedan muy lejos, aunque su afición –una de las mejores de Galicia- sigue siendo fiel a su nuevo Pasarón (16.500 espectadores). Apenas una temporada de Plata en los últimos 40 años (en 2004-05, y fue un visto y no visto). Ya les va tocando después de incluso cuatro temporadas seguidas de infierno en Tercera.

GRUPO II

Se han colado los dos mejores conjuntos por historia de La Mancha y dos equipos sin experiencia en Segunda de la Comunidad de Madrid.

ALBACETE BALOMPIÉ 69

4Quesomecanico

El Queso Mecánico, claro. La Nueva York de La Mancha disfrutó del fútbol de calidad con la llegada de los noventa. Fue el primer equipo castellano (manchego, se sobrentiende) en subir a Primera y lo logró merced al innovador método de Benito Floro y a un puñado de jugadores sobresalientes –liderados por uno de los mejores lanzadores de faltas que hayan jugado en España, José Luis Zalazar-.

En su primera experiencia en la élite llegaron a ser séptimos (a un punto de entrar en UEFA) con una alineación que causaba desconcierto y admiración a partes iguales: Conejo, Coco, Juárez, Oliete, Geli; Zalazar, Catali, Chesa, Menéndez; Aquino y Antonio. Luego se aminoró el efecto sorpresa y comenzaron a sufrir por la permanencia. Jugaron una promoción –la ganaron al Mallorca-, luego otra tras un final de Liga calamitoso del luego internacional Molina –la perdieron sorprendentemente ante el Salamanca tras ganar en la ida 0-2 y caer 0-5 en el Belmonte-.Y, tras ser repescados, volvieron a caer en otra promoción, ante el Extremadura. En la 03-04 volvieron a subir a Primera de la mano de César Ferrando con los Roa, Jandro y Perera como estrellas. Dos años aguantaron. Cayeron a Segunda B coincidiendo con una seria crisis económica y tuvo que intervenir para paliarla poniendo una buena cantidad de dinero (420.000 euros) el jugador más representativo de la provincia manchega, Andrés Iniesta. Tras dos años de Plata, sucumbieron en la pasada campaña y esperan regresar por la vía rápida.

TOLEDO 65

5 Pardina

Los noventa fueron también los mejores años del C.D. Toledo. En 1992 Gonzalo Hurtado consiguió -tras arrasar en la liguilla al Alavés, Jaén y Sant Andreu- que el equipo verdiblanco llegara al fútbol profesional apoyado en la calidad y veteranía del ex colchonero Roberto Simón Marina. Del tirón estuvo a punto de ascender a Primera, porque reforzado con peloteros como Moj y Catali y con el acierto de Paniagua y Sigüenza terminaron cuartos y disputaron una promoción histórica ante el Valladolid que, sin embargo, perdieron tras remontar (4-0) el Valladolid en Zorrilla el 1-0 del Salto del Caballo. Antes de esos siete años de gloria en Segunda –terminaron con su descenso en 2000-, el Toledo había sido creado como Imperial por los miembros de la Academia de Infantería a principios de siglo XX y comenzado a competir como Educación y Descanso Toledo en 1940. En los últimos tiempos ha vivido el mismo tiempo en Tercera que en Segunda B, pero incluso en 2014 accedió a otro play-off de ascenso tras quedar tercero con Imanol Idiakez al frente. El Lleida le cortó el paso. En la Ciudad Imperial sueñan con un regreso a los noventa.

FUENLABRADA 63

Confirmó su pase a los play-off en la última jornada en Sestao. 17 temporadas lleva ya en la de Bronce el equipo del Fernando Torres –tal es el nombre de su feudo desde 2011, donde caben unas 3.000 personas-, pero nunca había logrado la proeza de colarse entre los cuatro mejores de su grupo. El origen del fútbol en Fuenlabrada está… en el boxeo. El primer club de fútbol de la ciudad satélite fue una sección surgida de la Peña Urtain de este deporte (años 60). Desde su primer ascenso a Segunda B –año 93-94 superando a Bergantiños, Marino y Hullera- casi siempre han luchado por no descender, aunque ya habían sido sextos en dos ocasiones. Este año, con Calderón de técnico y peloteros con experiencia como Pavón, Rubén Sanz o Álvaro Cervero aspiran a ser la sensación y de hacer historia.

RAYO MAJADAHONDA 61

El otro Rayo de Madrid. Viste de forma muy parecida al vallecano –de hecho, igual salvo por el pantalón, que es azul-, pero que reside a 30 kilómetros y en una población que poco tiene que ver con el espíritu del club de la Calle del Payaso Fofó. Con el crecimiento de Majadahonda –de 3.000 habitantes en los 60 a los 70.000 actuales ha pegado un buen estirón- el club fue también prosperando, aunque siempre desde la modestia. En uno de sus primeros años de vida el tesorero del club se fugó con todo el dinero recaudado después de una serie de amistosos que había organizado y el Majariego se quedó en la ruina. Fue el primer golpe de gracia para una entidad que terminó de existir cuando sobre su pequeño campo se decidió construir el nuevo colegio de la pujante villa.

Así que en 1974 otro grupo de emprendedores decidió crear el actual Rayo Majadahonda –aunque el escudo haya ido adaptándose a los tiempos-. Fueron esos mismos dirigentes quienes, para distanciarse un poco del Rayo primigenio, decidieron teñir de azul el pantalón. Su casa, la misma que tienen ahora aunque naturalmente remozada y acondicionada, es el Cerro del Espino. Trece años tardaron en alcanzar categoría nacional y hasta 1997 no llegaron a Segunda B, división en la que cumplen con la presente su cuarta temporada (no consecutivas). Cuando uno repara en esa primera temporada en la categoría de bronce cae en la cuenta de que el portero de aquel Rayo era el mítico Ángel Mejías –catorce temporadas en el Atlético y 38 tacos entonces-.

Ni los catorce goles de Marín –un delantero que luego haría carrera en Segunda B- le salvaron del descenso. Después de una crisis muy fuerte que le llevó a Regional, regresaron de nuevo a la categoría en 2003… para convertirse en colistas con únicamente dieciséis puntos. Por un año no coincidieron en la misma división con el otro Rayo, que vivía horas bajas. Hace dos temporadas regresaron a Segunda B y, lo más importante, sobrevivir. El técnico que consiguió ambas gestas es el mismo que les subiera en el 87. Antonio Iriondo nació en Moscú de rebote, pero ha trabajado siempre en equipos españoles y la mayoría del centro de la península. Su techo lo vivió en 2003, cuando dirigió ocho partidos en Primera… al Rayo Vallecano (por cierto, su balance con los vallecanos fue de cinco empates y cuatro derrotas, con descenso final). Por cierto, el actual preparador físico del Rayo Majadahonda es un querido conocido de la afición cordobesista: Jaime Asensio, Asen. Es un club con una cantera que tampoco es moco de pavo precisamente –se vistieron de corto en los campos majariegos peloteros como Fernando Torres, Dani Hernández o Munir-. Que le quiten lo bailado a Asen y los majariegos. O a los rayistas, porque rayistas –a su manera- también son. Se coló en play-off por los pelos tras el tropiezo del Leioa en Getxo.

GRUPO III

Los poderosos filiales de Barcelona y Valencia, el histórico equipo de la moral y el equipo más Balear.

BARCELONA B 82

Es el único filial que puede presumir de haber pasado por Primera. El actual Barcelona B –antaño Barcelona Atlético- es el sucesor del mítico Condal, que a su vez lo fue del España Industrial. En 1955, viendo que eran capaces de dar el salto a Primera dejan de formar parte del organigrama del Barça para vivir su única temporada en la élite. En ese Condal jugaron en el ocaso de su carrera Gonzalvo III y el checo Hanke, ambos ex culés (como si, figúrense, este Barça B jugara en Primera con Puyol y Mathieu en sus filas, por ejemplo). El caso es que, al ser la cantera de uno de los mejores clubes del mundo, han pasado desde que el Condal volviera al redil en 1970 y se creara el Barcelona Atlético muchas temporadas en Segunda (22). En tiempos recientes han visto a dos grandes equipos en el Mini Estadi, porque en la 10-11 y en la 13-14 el filial blaugrana consiguió ser tercero de Segunda. Enumerar a alguno de los productos de su cantera, dejaría de hacer justicia al resto (además, seguramente les conocerán a todos).

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Naturalmente, el de la moral. Un histórico que lleva jugando en el precioso y pequeño campo de El Collao desde 1928. Militó durante cuatro temporadas en Primera entre los cuarenta y cincuenta y allí se forjó ese lema sobre la moral (resumiendo mucho las dos hipótesis: hay quien opina que proviene de un partido de Copa en el que el equipo albiazul caía goleado y, cuando el árbitro dio por finalizado el encuentro a falta de un minuto, los jugadores corrieron hacia él para pedirle que se disputaran los segundos que quedaban, la otra opción es que en un partido de Tercera perdía 13-0 y sus jugadores seguían animándose confiando en la remontada).

En todo caso, un palmarés que ha ido envejeciendo mal y que vivió un repunte en 2011, cuando lograron volver a Segunda por primera vez desde el 69 tras superar en el play-off final al Lugo (1-0 y 0-1, goles de Fabiani y César Remón). Su estancia fue efímera y les dejó con ganas de más, así que en este play-off (con el repescado delantero Gato y el ex cordobesista López Silva entre otros) irán a por todas. Será por moral…

MESTALLA 65

El filial del Valencia también conoce la Segunda. Y muy bien. Entre los cincuenta, sesenta y setenta acumuló –ojo- 21 temporadas en la categoría de Plata, aunque haga ya más de cuarenta años que no la huele. Este club nació como C.D. Cuenca –por ser el nombre de la calle de su sede en el barrio de Arrancapins- y en la 51-52 llega a su techo tras ser segundo y a disputar la liguilla de ascenso a Primera… y subir arrasando ante equipos con solera como el Racing o el Sporting. Sin embargo, la directiva ché decidió no contar con dos equipos en Primera por no parecerle ético y bueno para la competición y renunciaron al puesto obtenido por ley. La aportación del Mestalla fue fundamental en el peor momento de la historia del primer equipo, cuando bajó a Segunda en 1986 y subió al año siguiente con la hornada de los Quique, Giner, Fernando, Arroyo, Fenoll o Alcañiz. En suma, una de las mejores canteras de España que quiere hacerse notar en Segunda.

ATLÉTICO BALEARES 61

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El segundo equipo de Palma –primero para quienes lo sienten- nació ya rebelde. El Atlètic es el heredero del Balears F.C., que era en los años veinte el equipo de la gente más humilde –con lo arriesgado que suele ser decir eso- frente al más aristocrático club Real Sociedad Alfonso XIII (el actual Real Club Deportivo Mallorca). Al comienzo de la Guerra, el Balears se encontraba en Barcelona y estuvo a punto de participar en la Olimpiada Popular Republicana, hecho que, unido a la simpatía por la legalidad vigente de sus rectores, le pasó factura tras ganar la guerra el otro bando.

El caso es que en 1940 el Balears FC goza de menor salud deportiva que otro equipo pujante en la ciudad que se llamaba Athletic, pero a éste último el Ayuntamiento de Palma le iba a expropiar el campo de Sa Punta donde jugaban. Ante esta tesitura los directivos del Athletic buscan fusionarse con el poderoso Mallorca (aún no RCD), pero un giro de las negociaciones y unas exigencias finales (sobre todo en la nomenclatura) hicieron que con quien se unieran fuera con el Balears. Así nació el Atlético Baleares (hoy Atlètic Balears). Era el 27 de mayo de 1942. En 64 años de vida, apenas ha vivido cuatro temporadas de Segunda (51-52, 52-53, 61-62 y 62-63) y los balearicos (así se les llama a sus seguidores) añoran esos derbis con el Mallorca que ahora únicamente pueden vivir con su filial.

De hecho, el último encuentro oficial entre ambos equipos fue una eliminatoria de Copa del Rey (año 86-87), en la que a pesar de la diferencia de categoría consiguieron forzar una prórroga en un día muy lluvioso en el Estadio Balear (2-4). En Liga, la última vez que coincidieron fue en la penúltima jornada de la temporada 79-80. Al Mallorca le bastaba empatar para subir a Segunda B y lo hizo ante el Baleares. Cuenta con un mecenas alemán llamado Ingo Volckmann que se ha trajo de entrenador a quien fuera lateral zurdo de la Mannschaft Christian Ziege (fue despedido y ahora lo entrena Josico) y a un puñado de jugadores compatriotas: Pliquett (ex Sankt Pauli), Wiemann, Leugers y un ya veterano zaguero llamado Malik Fathi que llegara a ser internacional cuando militaba en el Hertha Berlín. En este equipo de sufridores se curtió metiendo 12 dianas en la 13-14 el vampiro del gol, el ex delantero cordobesista Florin Andone. Se colaron en la última jornada merced a la victoria ante el Alcoyano y la pifia del Badalona ante el Levante Atlético.

GRUPO IV

En el grupo tradicionalmente dominado por andaluces…ningún andaluz. La Hoya Lorca propiedad del chino Xu Genbao, los dos titanes de la Comunidad Murciana y el orgulloso representante del fútbol extremeño.

LA HOYA LORCA 73

Resulta complicado analizar la situación del fútbol en Lorca. De hecho, este año se vivió un extraño derbi en Copa entre el Lorca Deportiva (de Tercera) y el Lorca F.C. (el de Segunda B, La Hoya Lorca) Después de que un Lorca F.C. jugara en Segunda un año (84-85) y un Lorca Deportiva que llegara a estar a punto de subir a Primera en la 05-06 (quedó quinto entrenado por Emery) y bajara en 06-07, actualmente el primer equipo de esta ciudad tan inquieta en lo futbolero es este La Hoya-Lorca que apenas cuenta con cinco años de historia. El C.F. Lorca Deportiva luce camisa blanquiazul con pantalón azul –como todos sus antecesores- y juega en el Francisco Artés Carrasco. La Hoya es una pedanía de Lorca, donde está su sede. Subió a Segunda B en Santa Eulalia y desde entonces –con el capital del chino Xu Genbao, que llegó en 2015- aspira a ser de Plata por la vía rápida. Ya cayó en la 13-14 ante el Hospitalet en la segunda ronda del play-off (quedó segundo en Liga). Los entrena David Vidal, lo cual ya de por sí es histórico.

REAL MURCIA 67

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El club con más temporadas en Segunda. Todavía el mejor club de su ciudad y el que más masa social tiene, a pesar de la irrupción de equipos sin pasado pero con dinero como Ciudad de Murcia y UCAM. Nunca han superado el decimoprimer puesto en Primera, pero ha conseguido estar 18 temporadas entre los mejores (la primera en la 40-41, la última en la 07-08).

Club ascensor que ha ganado nueve ligas de Segunda –ninguno ganó más- y que desde que en el 23 Alfonso XIII le diera el título de “Real” ha visto vestir de rojo pimentonero a peloteros como Tendillo, Guina, Mejías, Paco Jémez, Reinke, Acciari, Loreto, Iván Alonso o el campeón mundialista con argentina Brown. Nunca olvidarán su salto a Segunda con el gol de Aguilar en Granada ni tampoco –en el otro lado de la balanza- el penalti que coló Kiko Ratón en Montilivi y que supuso su descenso en 2010. Bajaron otra vez a Segunda B en 2014 después de haber jugado por subir a Primera por la pasta. Ser del Real Murcia, como todo sentimiento auténtico, debe ser arriesgarse a los vaivenes de la vida. Buscarán la categoría en la que más cómodos se sienten.

VILLANOVENSE 66

Villanueva de la Serena es una localidad pequeña, pero con mucho futuro. En lo que a fútbol se refiere, está viviendo el mejor momento de su historia. Esta temporada, en Copa, lograron mantener a cero al Barcelona en su pequeño Romero Cuerda (unos 6.000 espectadores) y en la 14-15 se colaron por vez primera entre los mejores del grupo IV de Segunda B (cayeron en la primera ronda ante el Bilbao Athletic). Hay fiebre de fútbol en la ciudad extremeña. De hecho, hace ya años que un equipo de esta región no pasa por segunda y toda la Comunidad se volcará con el conjunto verde. Por cierto, en su escudo aparece una Sirena aunque el mar les quede un poco lejos (es por aquello de la Serena-Sierena). Les toque quien les toque en la primera ronda, Villanueva será una fiesta.

CARTAGENA 65

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Parece raro que el Efesé –en sus diferentes variantes y como representante de la afición de la ciudad departamental- nunca haya pasado por Primera. Ha estado cerca en dos ocasiones, pero a pesar de ser uno de los cofundadores de la categoría y de sus dieciocho participaciones en la misma, nunca lo consiguió. En los ochenta vivió seis años consecutivos de Plata, pero luego le costó mucho recuperar esa categoría, con cambio de nombre incluido –como Cartagonova sufrieron en 1999 el Cordobazo en su estadio-.

El club pasó de Cartagena FC a FC Cartagena, pero mantuvo sus colores y su misma afición y pasión. Sus últimos recuerdos agradables fueron su tremando ascenso en Alcoy de 2009 con Paco Jémez en el banquillo y con el gol del suplente Juan Pablo en el desceuento y el temporadón en el que con Juan Ignacio Martínez se quedaron a punto de dar el salto a Primera (terminaron quintos). Será su cuarto play-off desde que bajaran a Segunda B. Se clasificaron sufriendo con un empate ante el Recreativo.

Lo que vale, lo que pesa (1-0)

El fondo es la forma de las cosas que pesan poco (y en algunos casos de las que pesan demasiado). Como quiera que lo que se buscaba era ganar este domingo, todo ha de darse por bien empleado. Probablemente –coincido en esto con Carrión- si el cabezazo de Rodri se hubiera marchado a Alcolea ahora se estaría crucificando al técnico por algunas de las decisiones que adoptó al comienzo y durante el partido. El fútbol es “ansí”, que diría aquel.

Pero la pelota entró y con ella la ilusión pequeña y grande (qué más dará ahora) de los que ocupaban las gradas en El Arcángel y de los que renunciaron a estar. El gol en acción de estrategia era una de las dos variables que contemplaba un partido que, si no, parecía destinado al 0-0. Con lógica, porque se veían las caras la mejor defensa contra una de las delanteras con más problemas para marcar.

JGR_1768

El 3-4-3 del Reus Deportiu funcionaba con un reloj. Tocaban con criterio y defendían con solidaridad. Lo que hacen desde que empezó a fallarles el cerrojo hace tres semanas. Incluso, aprovechando que el Córdoba no tira el fuera de juego, tuvieron una ocasión para ponerse por delante (afortunadamente el fuerte de Folch –un buen futbolista- no es el chut a puerta).

El Córdoba, por su parte, apostaba por amor propio y fe como recetas para romper a su rival. Carrión confió en Aguza para hacer de improvisado media punta en un 4-1-4-1 en el que la presencia de Edu Ramos dotaba de libertad a Javi Lara. La entrada de un hipermotivado Piovaccari ayudó a que los aficionados se enchufaran en las gradas… al menos en la salida en tromba que motivó las dos primeras ocasiones de un Pedro Ríos que sigue sin reencontrarse con su mejor versión.

En la primera mitad el equipo de Carrión fue de más a menos y en la segunda de menos a más. La entrada de Rodri resultó providencial –más que la de Markovic y la de Alfaro-, porque Piovaccari había dejado hasta la última gota de sudor sobre el verde. No fue primoroso, no fue bonito… pero fue auténtico, fue honrado, fue extenuante… fue todo lo que un partido de estas características puede ser. A quien le guste la épica, hoy habrá salido contento de El Arcángel. Quedarán cinco o seis puntos por conseguir. La mitad del camino teniendo en cuenta que quedan doce en juego. Que no se pierda, al menos el empeño en conseguirlo.