Jupp Posipal, el futbolista políglota cuyo conocimiento del húngaro ayudó a Alemania a ganar la final del Mundial del 54

Lugoj es una localidad rumana en la región del Banato. En el siglo XVIII, cuando los turcos fueron expulsados de esta tierra, los Habsburgo decidieron repoblarla con habitantes de Baviera, Alsacia, Lorena y Suabia. Los colonos viajaron a través del Danubio en balsas que después desmontaron para usarlas en la construcción de sus primeras casas. El margen izquierdo del río Timis quedó así ocupado por germanos, creándose en torno a 1720 lo que se conoció como el Lugoj alemán (Lugosh, en su idioma). Todavía hoy se puede apreciar la diferencia entre la arquitectura de la Lugoj rumana y la Lugosh originariamente alemana.

En esta ciudad nació el célebre actor Bela Lugosi -el Drácula más popular- y también un futbolista que tuvo un papel crucial en la Copa del Mundo de 1954: Josef Posipal.

Posipal vio la luz en 1927. Su padre era uno de esos descendientes de los suabos del Bánato y su madre, húngara. Como Lugoj formó parte hasta 1918 del Imperio Austrohúngaro no eran extraños esos matrimonios mixtos ni tampoco y en consecuencia que sus habitantes manejaran con soltura varias lenguas. Tal era el caso de Posipal, que tuvo una infancia muy complicada por las circunstancias de su tiempo. Tras la derrota de las huestes hitlerianas en Stalingrado y con apenas 16 años el joven Josef -huérfano de padre- se vio obligado a dejar a su madre en Lugoj para acogerse a la campaña nazi “Hogar del Reich” (“Heim ins Reich”) y marcharse a un albergue juvenil de Wüfel, cerca de Hannover. Allí aprendió el oficio de montador de máquinas en una ferretería y evitó el servicio militar trabajando en una fábrica de tanques.  Tras la matanza mundial, Posipal sobrevivió trapicheando en el mercado negro mientras siguió desarrollando su afición al fútbol que había adquirido en la Escuela Alemana donde se formó en su Lugoj natal. Poco a poco se especializa como defensor diestro y progresa en el Linden 07 y Arminia Hannover hasta llegar al potente Hamburgo en 1949. Con el club norteño conquistó ocho Oberliga Nord en los nueve años en los que compitió.

En esos años cincuenta Alemania todavía estaba lejos de ser considerada una potencia futbolística. El tercer puesto en el Mundial del 34 en Italia había sido eclipsado por el fracaso en los Juegos Olímpicos del 36 de Berlín -en el que Noruega dio buena cuenta en cuartos de los anfitriones- y también por el fiasco en el politizado Mundial del 38, donde la selección resultante del Anschluss -la anexión de Austria- fue derrotada en octavos por Suiza.

El seleccionador alemán ya era en 1938 Sepp Herberger. Tras pasar un conveniente proceso de desnazificación en el que se le consideró únicamente simpatizante del partido, los vencedores del conflicto estimaron que podía seguir dedicándose a sus labores como técnico y le dejaron seguir llevando las riendas de la Mannschaft.

En 1950 Alemania no pudo, como resulta lógico, participar en el Mundial de Brasil, por lo que los esfuerzos de Herberger se centraron en la cita que tendría lugar en Suiza cuatro años más tarde. Y para hacer un buen papel iba a confiar plenamente en Josef Posipal.

Tras debutar como internacional en 1951, Herberger se llevó a Posipal a Londres a presenciar el Inglaterra-Hungría del 25 de noviembre de 1953 que terminó 3-6 y que fue denominado “Partido del siglo”. Herberger dijo haber entendido la forma de jugar de los magiares y, en consecuencia, haber descubierto cómo podía hacerles frente – “Ich weiß, wie es geht!”, se cree que dijo-. Por aquel entonces ni Posipal ni Herberger sabían que los destinos de húngaros y germanos se cruzarían meses después. Nadie discutía en esos tiempos la supremacía futbolística de los Puskas, Czibor, Hidegkuti o Kocsis y para Herberger el conocimiento que Posipal tenía tanto del idioma húngaro como de sus costumbres -aparte de sus virtudes y su polivalencia en el campo- le resultaban imprescindibles para tratar de comprender su excelencia. Posipal había pasado de sobrevivir en el mercado negro a confidente y mano derecha del seleccionador nacional de fútbol.

No obstante, Posipal no lo tuvo sencillo para mantener la titularidad en ese Mundial del 54. Herberger no se casaba con nadie y tanto Werner Liebrich (centrocampista del Kaiserslautern) como Fritz Laband (compañero de Posipal en el Hamburgo) le compitieron su plaza en el once en cada partido. Además, Alemania no daba buenas sensaciones antes del torneo. Tras superar una fase de clasificación en la que, paradójicamente, se tuvo que enfrentar al combinado del efímero territorio libre del Sarre, que había sido germano hasta la Guerra, el único amistoso preparatorio lo perdieron ante Suiza 4-1.

En la fase de grupos del torneo, los germanos golearon dos veces a Turquía porque el sistema clasificatorio de ese torneo fue un tanto extraño, pero fueron humillados 8-3 precisamente por los húngaros. En ese partido fue lesionado Puskas por Liebrich. Se cree que Posipal tuvo algo que ver porque el gran “Pancho” le dijo en magiar al jugador del Hamburgo algo así como “si Liebrich sigue jugando así, le pasaré más veces el balón entre las piernas”. Posipal se lo debió comentar a su compañero, quien debió picarse no tuvo piedad con Puskas hasta cargárselo. Ya no volvería a jugar hasta la final.

En cuartos, Alemania se deshizo 2-0 de Yugoslavia y la buena labor de Liebrich hizo que Herberger colocara a Posipal como defensa para el partido de semifinales ante Austria. El equipo funcionó muy bien y venció a sus vecinos 6-1. Como Hungría se deshizo tanto de Brasil como de Uruguay con solvencia (4-2 en ambos choques), la final de Berna iba a ser una reedición del partido de la primera fase entre ambas. Y, como parecía lógico, todo el mundo del fútbol daba por favorita al Aranycsapat (equipo de oro) tras el 8-3. Menos Herberger y Posipal.

El seleccionador volvió a colocar a Posipal de lateral derecho, pero el técnico húngaro Gusztav Sebes trató de sorprender cambiando de banda a Czibor y usando a Toth en la posición de extremo izquierda para medirse con Posipal. Esta táctica les funcionó inicialmente a los magiares porque Kohlmeyer no podía con Czibor y, en parte por eso, en apenas ocho minutos Hungría ya mandaba 0-2 en el marcador merced a los tantos de Puskas y Czibor. Pero los alemanes reaccionaron pronto y Morlock y Rahn equilibraron el choque antes de que se hubieran jugado veinte minutos.

Tras el descanso, Sebes volvió a colocar a Czibor de extremo izquierdo y así se midieron dos banatos en la misma banda. La labor de Posipal en el marcaje al habilidosísimo jugador del Honved resultó determinante para que Hungría no fuera capaz de marcar ningún gol más. Se cree que conforme pasaban los minutos y los magiares se iban desesperando, Posipal iba traduciendo sus lamentos a sus compañeros para que fueran cogiendo más moral. También ayudó la lluvia, claro, que convirtió el campo en un barrizal en el que las botas Adidas de los alemanes, mucho más ligeras que las de los húngaros, resultaban mucho más útiles. El tanto de Rahn en el 84 consumó el conocido como Milagro de Berna y le dio a la Mannschaft la primera de las cuatro estrellas que tienen cosidas en su camiseta.

Posipal siguió jugando para el Hamburgo y la selección hasta su retirada. El otro partido más importante de su historia fue el que disputó en 1955 en Moscú contra la Unión Soviética. Aquel se conoció como el “Spiel des Jahres” (“Partido del año”) por todas las connotaciones políticas que tuvo apenas una década después de que hubieran cesado unas hostilidades entre ambos Estados que costaron treinta millones de vidas. Tras el choque, que acabó 3-2, Konrad Adenauer visitó a Kruschev y negoció la recuperación de las relaciones entre ambos países y la liberación de los últimos diez mil prisioneros de guerra alemanes que seguían en territorio soviético. Seguro que el fútbol ayudó a destensar la situación.

Jupp Posipal no pudo vivir de lo que ganó como futbolista. Los 320 marcos al mes que recibía del Hamburgo le obligaron a seguir trabajando como representante regional de una empresa de muebles de Coburgo. Su figura inspiró a otros jugadores que dejaron huella en Hamburgo como Uwe Seeler o Klaus Stürmer. En 1997 murió de una insuficiencia cardíaca repentina durante un chequeo de rutina en el Hospital Universitario Eppendorf.

Fuentes:

https://www.fifa.com/fifaplus/de/articles/jupp-posipal-kontinentstopper-weltmeister-legende

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