La historia de Emanuel Mink, el futbolista polaco que nunca dejó de luchar por lo que entendía justo

Se pregunta Bertolt Brecht en su “Preguntas de un obrero que lee”: “Roma la magna está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los construyó?”. Emanuel Mink siempre quiso luchar por lo que consideraba justo. Era futbolista, categoría que lo pasaporta a perfecto conocedor de lo mejor y lo peor de la condición humana. Y también era comunista en los tiempos en los que posicionarte de un lado o del otro de la balanza implicaba serio riesgo para tu vida.

Nació en Tomaszów Mazowiecki (Polonia) en 1910. De padres judíos, su pasión por el balón la desarrolló en el YASK (Yiddischer Arbeiter Sport Klub), un equipo de trabajadores que profesaban esa religión con claras ideas proletarias.

Mundek”, tal era su apodo, fue incluido en la selección polaca que iba a disputar los Juegos Olímpicos Populares de 1936. Ese evento fue una respuesta de la Internacional deportiva roja (Sportintern) a los Juegos Olímpicos de 1936 que se iban a celebrar en la Berlín gobernada por Hitler. La ciudad elegida para que los politizados atletas exhibieran sus virtudes fue Barcelona, porque la Esquerra Republicana de Catalunya se prestó para ejercer de anfitriona y organizadora. Pero la conocida como “Olimpiada Popular” nunca tuvo lugar porque justo el día previo a su inicio, que iba a ser el 19 de julio, se produjo el levantamiento armado que derivó en la Guerra Civil que asoló España durante tres años.

Emanuel Mink, desfilando (Historia Czerwona)

Mink podría haber optado por marcharse tras la ceremonia de despedida a los deportistas del evento cancelado presidida por Lluís Companys, pero encontró motivos de conciencia para quedarse en Cataluña. Se alistó para luchar por sus ideales contra los de las huestes que lideraría Franco enrolándose en las Brigadas Internacionales, concretamente primero en el Batallón Thalmann (nombre de la nadadora trotskista Clara Thalmann) y luego en el Batallón Dombrowski junto con el  resto de sus compatriotas polacos. No solo empleó las armas el futbolista durante la Guerra. En el frente dirigió un diario en yiddish que se repartía entre los voluntarios judíos.

<blockquote class=»twitter-tweet»><p lang=»pl» dir=»ltr»>2⃣9⃣ III 2⃣0⃣0⃣8⃣ roku w Paryżu zmarł Emanuel Mink – jeden z ostatnich Dąbrowszczaków. 🚩🇵🇱🇪🇸✊ <a href=»https://t.co/z6ECZTM3iL»>pic.twitter.com/z6ECZTM3iL</a></p>&mdash; Historia Czerwona (@HCzerwona) <a href=»https://twitter.com/HCzerwona/status/1376650273817554951?ref_src=twsrc%5Etfw»>March 29, 2021</a></blockquote> <script async src=»https://platform.twitter.com/widgets.js» charset=»utf-8″></script>

Cuando las armas callaron en España y las Brigadas Internacionales fueron disueltas, Mink pasó a Francia y fue recluido en los campos de concentración de Argelès, Saint-Cyprien y Gurs hasta que se pudo escapar… para seguir luchando ahora contra las tropas nazis que habían invadido Francia. Sin embargo, Mink es detenido en agosto del 41 y enviado a Auschwitz por su triple condición de resistente, comunista y judío. Allí se convierte en el preso 28413. En el 44, ante el avance de las tropas aliadas, a Mink junto con otros presos jóvenes y todavía fuertes le trasladan hacia el oeste, cerca de la frontera francesa. Allí le será devuelta la libertad gracias a la división Leclerc.

Tras la Guerra Mundial, Mink regresa por fin a su país. Polonia había quedado del lado comunista del Telón de Acero y, en teoría, el luchador por el proletariado podría por fin disfrutar de su ideal llevado a la práctica. Pero no. Conforme pasan los años comprueba que la gestión del Secretario General del Partido Obrero Unificado Polaco, Wladislaw Gomulka, no lleva una política precisamente justa e incluso siente cómo se revive el antisemitismo en su país. Mink devuelve todas las condecoraciones al gobierno polaco y en 1968 se exilia a París.

En Francia vivió Emanuel Mink hasta el final de su vida, en 2008. El futbolista del ya desaparecido YASK se fue de este mundo siendo Ciudadano de Honor de la España Democrática y también Caballero de la Orden del Mérito de la República Francesa. Y con la conciencia, supongo, tranquila. Que es la mejor medalla posible.

Fuentes:

Fútbol y teoría crítica, de Luis Martínez Andrada (Textos Insurgentes)

https://elpais.com/diario/2008/04/14/necrologicas/1208124002_850215.html

Wikipedia

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