El Rey que festejaba sus goles con el puño al aire para molestar a una dictadura y su valiente celebración en Argentina’78

Al delantero brasileño José Reinaldo de Lima en su país le apodaban “Reinaldo” o “Rei del Mineirao”. Pero él de monarquías no quería saber nada. En 1978 era uno de los atacantes más prometedores de una “seleçao” que llegaba sin demasiadas buenas sensaciones al Mundial de Argentina, pero confiada al talento -entre otros- de Zico.

Reinaldo tenía el carácter indomable de un izquierdista de 21 años y vivía enfrentado con la dictadura militar que regía en su país desde 1964. El éxito del Mundial del 70 -el de Pelé- fue explotado por los tiranos para presumir de gestión, pero un contestatario como Reinaldo no entraba en los cálculos para liderar un proyecto exitoso en el evento a celebrar en país vecino. Sobre todo porque el ariete del Atlético Mineiro -que sigue siendo hoy su mejor anotador de la historia de ese club con 255 dianas en 475 encuentros- festejaba cada tanto que anotaba elevando su puño al cielo como exigencia de la libertad que entendía arrebatada a su pueblo. Reinaldo había amoldado el gesto de las Panteras Negras revolucionarias norteamericanas.

Para evitar cualquier acto que rompiera el protocolo, la Junta militar cedió el mando del equipo nacional a un capitán de artillería como Claudio Coutinho. Coutinho tenía “faena” con Reinaldo, quien manifestó antes del arranque del torneo al diario opositor “El Movimiento” que era “hora de acercar a todo el mundo a las decisiones políticas. El pueblo tiene su propia opinión y esa opinión debe ser respetada. La amnistía tiene que venir tarde o temprano. En todo debe haber oposición, pues es así como surgen nuevas ideas y caminos diferentes”. Una lógica que resulta ilógica cuando se quiere estrangular la libertad.

A partir de esa entrevista, el almirante de Marina Heleno Nunes -presidente de la Confederación Brasileña de fútbol- insistió en el marcaje al jugador, insinuando -como excusa si debía acabar en el banquillo- que tenía problemas en su rodilla. Sin embargo, el buen hacer del delantero en los preparatorios y la presión de la hinchada brasileña permitieron que el máximo goleador del año en Brasil defendiera la verde-amarela en Argentina. Eso sí, antes de que empezara el torneo Ernesto Geisel, presidente de la República, convocó al jugador en Río Grande do Sul para decirle -vestido con el uniforme verde olivo de militar- que “jugaba muy bien, pero que no debería hablar de política, porque de eso se ocupaban ellos. Todo en un tono imperativo y firme. Me estaba dando una orden. Me quedé asustado y no respondí nada”.

Reinaldo celebra su gol a Suecia (La Capital de Mar de Plata)

La historia estaba clara: Para progresar con la selección brasileña debía dejar de lado su ideología o, al menos, no exhibirla. Empezando por cambiar su maneja de festejar goles (“Celebre de brazos abiertos, es más bonito”, le sugirieron).

Llegó el debut. Mar de Plata, 3 de abril de 1978. En el palco otro dictador, como el argentino Massera. El rival: una Suecia que estaba complicando el partido sobre todo por el poco tino de los sudamericanos y el buen nivel del meta Hellström. Sjöberg, en el 37’ y tras una bonita jugada colectiva, anotó el 1-0 y echó a temblar a todo Brasil.

Ya se había sobrepasado el tiempo reglamentario de la primera mitad cuando un balón al área fue cazado por Reinaldo quien, con fuerza y calidad, fusiló a Hellström para establecer la igualada. En ese instante supremo a Rei se le debieron juntar en la cabeza miedo y furia. Dolor y rabia. Costumbre con lógica. Dudó, pero alzó su puño y se quedó inmóvil durante dos segundos antes de levantar su otro brazo. El tiempo justo para que las cámaras lo pudieran retratar. Demasiado para los dictadores. Tanto los de Argentina como los de Brasil.

Ese encuentro terminó 1-1. A Zico le anularon un gol de manera absurda tras marcar rematando de cabeza un saque de esquina en el minuto 90 porque el quisquilloso árbitro francés Clive Thomas entendió que el tiempo había acabado mientras la bola iba por el aire.

A Reinaldo, a pesar de haber marcado o más bien por haber marcado, no le iban a permitir ninguna más. Así, el 0-0 contra España -el del fallo de Cardeñosa- supuso la condena definitiva de Reinaldo. El activista y delantero vio como su reemplazo, Roberto Dinamita, anotó el 1-0 que supuso el triunfo ante Austria que aseguró la clasificación para una siguiente ronda en la que Reinaldo ni siquiera jugó. Apenas volvió a tener minutos -la segunda parte- en el encuentro por el tercer puesto ante Italia.

Tras el Mundial Reinaldo pasó a un segundo plano en Brasil. En lo que se refiere al fútbol, claro. Porque su acción tras el gol ante los suecos suscitó la atención de grupos izquierdistas de todo el continente. Cuenta el ex futbolista en su biografía que mientras estaba en la concentración en Argentina recibió un sobre sin remitente procedente de Venezuela en el que se explicaba pormenorizadamente lo que se conoció como el Plan Cóndor, la alianza entre distintos regímenes militares sudamericanos y la CIA para luchar contra el comunismo. En ellos se hablaba de asesinatos de líderes políticos como el chileno Letelier o el ex presidente brasileño Kubitscheck: “Guardé el sobre en el fondo de mi maleta y no lo mostré a nadie. Cuando regresé a Brasil lo dejé con el músico Gonzaguinha, que estaba conectado a movimientos de izquierda. Y nunca más volví a este asunto”.

Zico dijo que Reinaldo sería el jugador que más se acercaría a Pelé. Los problemas con su rodilla le dejaron sin fútbol a los 31 años. Su legado, sin embargo, trascendió su habilidad con la pelota.

Fuentes:

https://www.lacapitalmdp.com/reinaldo-el-puno-que-desafio-a-dos-dictaduras/

“La partita”, de Piero Trellini

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