La segunda “Independencia” de Brasil: la Minicopa de 1972

En 1822 un lisboeta de Queluz llamado Pedro -a la sazón Rey Pedro IV de Portugal- promulgó en Ipiranga su grito “Independencia o muerte” que dio inicio a la guerra que concluyó con la emancipación de Brasil de su metrópoli.

150 años después Brasil vivía el mejor momento deportivo de su historia tras la consecución en 1970 por su selección nacional en México de su tercera Copa Jules Rimet. Tal era la popularidad de ese equipo que el gobierno brasileño, en el que mandaba el general y dictador Emilio Garrastazu, le puso de ejemplo para su política de reactivación nacional. Ya saben: el fútbol como arma política.

Por eso los mandatarios brasileños decidieron que lo mejor para festejar sus 150 años de libertad era celebrar un Mundial. Su Mundial. Con sus normas, sus invitados y una espectacular copa de esmalte azul, oro, rubíes y esmeraldas.

Álbum de la Minicopa 1972 (amagiadoscromos)

La idea original era reunir en el evento a las selecciones que ya habían sido campeones del Mundo junto a otras potencias de la época. Lástima que les fallaran Italia, Inglaterra y Alemania y tuvieran que improvisar. Así, decidieron que Checoslovaquia, Escocia y la URSS se sumaran a Uruguay y la anfitriona como clasificadas de oficio a la fase final. Porque, sí, esa Minicopa -como se la bautizó extraoficialmente- tuvo una primera ronda que se disputó en todas las regiones del gigantesco territorio brasileño. En total participaron veinte equipos (18 selecciones nacionales y un combinado de la Concacaf y otro de futbolistas africanos).

Argentina dominó el grupo A por delante de Francia, Colombia y los equipos de la Concacaf y África; en el B fue Portugal quien superó a los chilenos, irlandeses, ecuatorianos e iraníes. En el C, Yugoslavia honró a Europa imponiéndose en un grupo que parecía más bien de la Conmebol (Paraguay, Perú, Bolivia y Venezuela).

De esa primera fase, más allá de lo futbolístico, quedaron en lo anecdótico los cinco goles que le metió a Venezuela -10-0 el marcador final- el bosnio Dusan Bajevic (al final el máximo goleador del torneo con 13); las 154 jarras de cervezas que se bebieron los 25 componentes de la expedición irlandesa en su concentración de Recife o la pasión de los entonces exóticos iraníes por las piñas. La leyenda cuenta que en un almuerzo se zamparon 64. No habrían tenido problemas con la prueba antidopaje.

En la ronda final los ocho clasificados se repartieron en dos grupos para que los dos campeones disputaran la gran final. En el primero, Brasil -que no contaba ya entonces con Pelé- cumplió con los pronósticos con más problemas de los previstos. Empató con la Checoslovaquia de Panenka campeona de Europa, venció bien a Yugoslavia (3-0) y superó por la mínima a Escocia (1-0).

El gol de Jairzinho que valió la Minicopa del 72 (trivela.com)

En el otro grupo hubo mucha tensión. Tras el 1-1 contra la Uruguay de Espárrago y Morena el meta de Portugal José Henrique dijo de los charrúas que “en lucha libre son muy buenos” mientras que el técnico luso José Augusto catalogó lo vivido como “escandaloso de principio a fin” y “vergonzoso”. A Eusebio, una de las grandes estrellas del fútbol mundial en ese momento le dieron patadas los soviéticos hasta dejarle prácticamente fuera del torneo, pero un gol de Jordao hizo estéril la victoria de Argentina sobre Uruguay y así dejó lista la final soñada: Brasil-Portugal por la Taça de la Independencia.

El partido se jugó en Maracana el 9 de julio de 1972. No fue un amistoso en absoluto. Los dos equipos tenían en su once calidad por arrobas. Por los locales Gerson, Tostao, Rivelino, Jairzinho… y por los visitantes Jordao, Artur Jorge, Dinis y el ya mentado Eusebio. En los minutos finales el empuje del campeón del Mundo y de su torcida (que tenía en mente lo sucedido 22 años antes contra Uruguay) terminó decantando la balanza. Una falta lateral lanzada por Rivelino fue rematada por Jairzinho de cabeza a la red de José Henrique. Gol con celebración mística del legendario artillero y polémica. El meta luso acusó a Jairzinho de haber metido el tanto con la mano mientras que el brasileño dijo que eso era llanto de su rival y que si se lo hubieran metido a Brasil él “habría dicho lo mismo”.

Así ganó Brasil su independencia futbolera. Sin encajar un solo gol en los cuatro partidos que jugó. Ya le habría gustado algo parecido 150 años antes al Emperador Pedro.

Fuentes:

http://www.cuentosdelapelota.com.ar/2009/12/brasil-y-el-mundialito-de-1972.html

-Historia de 50 Anos do desporto portugués

-Wikipedia

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