El Córdoba desnudo

Todos nacemos desnudos. Sin más abrigo que el abrazo de nuestra madre, pero con un instinto atávico para buscar un pezón que nos alimente.

El Córdoba ha (re)nacido para la Segunda B este 15 de septiembre. Será su natalicio de aquí en adelante. Lo ha hecho, no imagino un escenario más épico para ser parido, en mitad de una pandemia y de una guerra de egos y de intereses en el fútbol español. Y sin apellidos. Es “El Córdoba”. No hace falta más para que lo reconozcamos y lo reconozcan. Tampoco lo necesita si se hace querer y se hace por quererle. Nadie llamaba al Córdoba antes Córdoba Club de Fútbol salvo los narradores rococós (me incluyo en este grupo) al cantar un gol y los redactores que necesitaban alargar un titular. Ha nacido, sí, pero igual que nunca terminé de aceptar que el Córdoba hubiera debutado en agosto de 1954 tampoco me creo lo de que haya muerto de algún modo para alguien en 2020. El Córdoba es la herencia de los abuelos de nuestros abuelos que, a duras penas, ha ido sobreviviendo en una ciudad tremendamente hostil. Es el Sporting, el Racing, el Deportivo y el San Álvaro. Es el cainismo entre todos ellos y otros más -Séneca, Electromecánicas…-, que también sobrevive como legado envenenado en nuestra ciudad generación tras generación. Es una historia la del cordobesismo tan magra que apenas nos gusta porque es la nuestra. Es la casa familiar que tratamos de decorar en nuestra imaginación y convertir en mansión con cuatro perras y mucha cal. No la cambiaríamos por nada porque estamos cómodos en ella, pero no podemos negar que hubiésemos querido que pareciera otra cosa.

Lo bueno de haber andado poco es que el camino por recorrer parece más apasionante. Al aficionado del Córdoba le queda mucho por experimentar, muchas alegrías por sentir, muchas nuevas tristezas por las que llorar. Este Córdoba desnudo nace -o debería nacer- libre de ataduras pasadas tanto en lo económico como en lo psicológico. Si explota esta virtud y lleva a cabo una gestión prudente, incluso en Segunda B, el margen de mejora de un proyecto con cerca de 8.000 devotos es enorme. Más que nada, atendiendo a todo lo escrito en pretérito muy imperfecto en los últimos tiempos.

Este Córdoba que ha pasado meses en una incubadora de nervios, dimes y diretes tiene que aprender a andar muy rápido. El tiempo nunca ha sido un aval sino un verdugo en esta tierra y lo blanco tarda en pasar a negro en menos de lo que un poste rechaza un disparo. Ahora el pezón legal al que se aferra con su boca todavía desdentada ha de ser refrendado por marcadores. Es la temporada más importante de su historia. Como todas y cada una de las que le queden de vida porque son las únicas que puede cambiar. Y que ojalá sean muchas más de las que nos queden de vida a usted y a mí.

Enhorabuena a TODOS.

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