Trieste, la ciudad dividida por la Guerra Fría que durante tres años albergó a la vez a un equipo de la Liga italiana y a otro de la yugoslava

A Trieste hay quienes la definen, sin ocultar sus intereses políticos, como la “Jerusalén del frío”. Es una ciudad fronteriza entre Italiana y Eslovenia a orillas del Adriático que por su ubicación ha sido deseada por imperios de occidente y oriente. Baluarte bizantino, puerto franco, austriaca hasta el final de la I Guerra Mundial, italiana hasta que Mussolini acabó colgado en la gasolinera de Milán… y casi independiente durante una caótica posguerra.

Durante el irredentismo y expansionismo fascista se procuró italianizar Trieste discriminando a los eslavos y expulsándoles de todos los órganos de poder. Cuando las tropas yugoslavas tomaron Trieste los partisanos saciaron su sed de venganza en la conocida como Matanza de las Foibe.

En 1947 y ante este panorama los aliados acordaron repartir este territorio tan conflictivo en dos zonas (A y B). La A quedó bajo la administración de tropas norteamericanas y británicas mientras que la B sería tutelada por las huestes de Tito.

Pues bien, vamos al fútbol.

En 1904 había nacido en la Trieste todavía austrohúngara la Edera, un club deportivo de evidente origen republicano y mazziniano: una bandera roja con hiedra verde y un sentimiento anti-Habsburgo como faro más allá de lo deportivo. Poco después, en 1912, en el barrio obrero de San Giacomo, nació la Ponziana, que había adoptado los ideales socialistas como propios y tenía un apoyo fuerte de la comunidad eslovena de la ciudad.

Ponziana-Partizán (Zonacesarini.net)

Durante la dictadura fascista -1928- se obligó a equipos poco adeptos al régimen como eran el caso de la Ponziana y Edera a que se unificaran. De su fusión forzosa nació la Asociación Deportiva Ponziana Edera, que sudó la camiseta en la tercera división del calcio con el sobrenombre de “Squadra dei cantieri” lejos de la aristocracia.

Sobreviviendo como pudo, la Ponziana logró participar al final de la guerra -1944- en una Divisione Nazionale que no tuvo consideración como tal hasta hace poco. Encuadrada en el grupo de la Venezia-Iulia, quedó colista con apenas tres victorias en 14 partidos.

Cuando acaba la Guerra, en esa Trieste dividida quedan las ruinas de dos clubes: la Triestina y la Ponziana. Para la Ponziana decide jugar tras volver a casa Euro Giannini, un centrocampista cuyo físico se curtió en la cantera (literal) del campo de prisioneros de Mundorf. A Giannini le ofrecieron un buen sueldo por militar en ese modesto club. Invitaba el Mariscal Tito. La historia de Euro Giannini -a quien sancionaron seis meses luego por jugar en la Liga Yugoslava- la contó  Giuliano Sadar en su obra “Un largo día de bora”.

La razón del apoyo de Tito a la Ponziana radica en que en 1945 se constituyó la primera Liga de la República Federal Socialista de Yugoslavia (antes, como Reino de Yugoslavia, se disputaron 18 campeonatos en el periodo de entreguerras). Ese año se disputó una especie de competición entre combinados de las distintas nacionalidades que componían el nuevo estado (Serbia, Croacia, Macedonia, Bosnia y Hercegovina, Vojvodina, Eslovenia, Montenegro) y también un equipo del Ejército Popular. Una competición que fue la antesala de una liga de clubes de verdad y en la que iba a participar un equipo de Trieste.

La Ponziana (ahora Amatori Ponziana) fue invitada a competir en la primera Liga de clubs de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Una operación más política que otra cosa con la que Tito quería acercar la población de esa zona en litigio y administrada provisionalmente a su nuevo estado multinacional. La misma existencia de la Ponziana provocó una tensión añadida en la región. Triestina y Ponziana pelean por los jugadores, que se distribuyen -en algunas ocasiones- por sus ideologías. La lucha afecta otros deportes. En el Giro de Italia de 1946 la etapa Rovigo-Trieste fue interrumpida por activistas de Trieste que apoyaban la anexión a Yugoslavia, llegando incluso a un breve tiroteo con la policía, compuesta principalmente por soldados estadounidenses.

Previa de un Ponziana-Estrella Roja en un periódico de la época

Así que mientras que la Triestina se decantó por formar parte del fútbol italiano, la Ponziana se adscribió a la primera liga socialista yugoslava. Y durante tres temporadas el Comunale de la ciudad vio desfilar (también) al Estrella Roja, Partizán, Hadjuk Split… y, en consecuencia, a leyendas como Boskov, Mitic, Cajkovski, Beara… De paso, la modesta Ponziana tiene que afrontar largos viajes por los Balcanes para lucirse ante hinchadas colosales para su modestia.

Durante esos primeros años de Guerra Fría, comunistas y capitalistas de la región ven en la participación de la Ponziana en la Liga de Yugoslavia un frente de batalla más. Así, el Piccolo, diario de la burguesía de la ciudad, apenas menciona las aventuras de Ponziana, que se convierten en batallas épicas en las columnas del Corriere di Trieste, con simpatías de izquierda e independentistas, o en el esloveno Primorski Dnevnik. A la Ponziana la alimenta Tito y a la Triestina un joven y ambicioso democristiano llamado Giulio Andreotti. La paradójica situación provoca que, aprovechando un encuentro en Trieste, el portero del Dinamo de Zagreb Zvonko Monsider se fugara al oeste.

Frontera entre Italia y Trieste (Zonacesarini.net)

En la 46-47 la Ponziana acaba última, pero el gobierno yugoslavo la exime del descenso por su importancia estratégica. Un año más tarde, la Triestina, el vecino del otro lado del telón consigue un sorprendente subcampeonato de la Serie A por detrás del Grande Torino

El final de la aventura yugoslava de la Ponziana coincide con el inicio de las desavenencias entre Tito y Stalin. El Mariscal decide acercarse -un poco- a la órbita occidental y en 1954 renuncia definitivamente a cualquier aspiración de hacerse con el control de Trieste (quedándose definitivamente a cambio con la península de Istria donde, por cierto, juega el Rijeka).

La Ponziana regresó al fútbol italiano en 1949, pero en la Serie C. El último episodio de esta historia de fronteras llegó el 1 de diciembre de 1974, cuando se vive el primer derbi en esta tercera categoría del calcio entre la aristocrática Triestina y la rebelde Ponziana. Veinte mil personas vieron en el vetusto Stadio Pino Grezar -donde se llegara a jugar un partido del Mundial 34- la victoria de la Ponziana 1-0 ante sus más poderosos vecinos. Un año más tarde Italia y Yugoslavia firmaron el Tratado de Osimo que establecía definitivamente -al menos hasta la fecha- el estatus de Trieste.

Fue el canto del cisne. En 2014 el único club italiano que ha jugado en la liga yugoslava -el Rijeka, croata, jugó en la italiana- desapareció para siempre por sus deudas. La Triestina, su rival capitalista, ya ha sido refundada dos veces y se mantiene lejos de la élite transalpina.

Fuentes:

The Politics of Football in Yugoslavia: Sport, Nationalism and the State, Richard Mills.

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141031_internacional_trieste_independiente_italia_bd

http://amantesdelahistoria-aliado.blogspot.com/2013/03/el-estado-libre-de-trieste.html

https://it.wikipedia.org/wiki/Divisione_Nazionale_1944

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