Los milagros de La Bruja de Campanas

“Entrenadores mejores que yo vais a tener ochocientos mil seguro, pero como yo… seguro que ninguno”. Enrique Martín tiene 63 años y todavía es apodado La bruja de Campanas -pueblo de las afueras de Pamplona- desde que en los setenta el periodista Chus Luengo y el centrocampista canario Bosmediano le imaginaran así por su pelo largo y su nariz aguileña. Fue uno de esos one club men que ahora escasean, aunque la hemeroteca cuenta que si no salió de Pamplona fue contra su voluntad. Formó parte, junto a Iriguibel y Echeverría, de una delantera muy rentable que ayudó a Osasuna a asentarse en Primera a comienzos de los ochenta. De hecho, tan bien lo hacía Martín que Miguel Muñoz le convocó para dos partidos clasificatorios para la Eurocopa del 84-ante Islandia y Eire- y el Real Madrid pujó por él. Hasta ochenta millones puso sobre la mesa el club blanco en 1982 por hacerse con sus servicios, pero Fermín Ezcurra se negó a traspasar al melenudo atacante. “Me encuentro abatido y derrotado. Lo que quiero es marcharme a un equipo grande porque es lo lógico”, dijo Martín entonces. Nunca trabajó fuera de El Sadar como jugador. Se retiró en 1988 con apenas 31 años y como tercer máximo goleador de la historia osasunista en Primera (36 tantos, curiosamente los mismos que Iriguibel y Echeverría).

enrique martin
Osasuna.com

Su filosofía como técnico se basa en la fe. “Hay que sacar ese niño que todos llevamos dentro”, sostiene. Martín quiere ayudar al futbolista como persona para que mejore como futbolista, aplicando técnicas de coaching. Así se entiende que su nombre se asocie a los milagros -dos o tres, según se quiera ver- que ha logrado dirigiendo a Osasuna.

Aprendió de una experiencia difícil en el 94, afrontando desde el banquillo la recta final del primer descenso de su club en trece años. Martín, tras ese fiasco, siguió ligado a un club muy tocado que a cinco jornadas del final de la 96-97 estaba en puestos de descenso a Segunda B. A seis puntos del Lleida nada más y nada menos. Martín llegó a tiempo para quitar de las alineaciones a futbolistas poco comprometidos y darle hueco a otros jóvenes que conocía de Tajonar y que no solo terminaron salvando al equipo con un final inmaculado sino que se convirtieron en la base – Cruchaga, Nagore, Lacruz, Orbaiz, Puñal…– sobre la que el Sadar construyó su regreso, tres años después, a Primera.

Martín emigró entonces unos años para vivir a sueldo de equipos que necesitaban de su espíritu para lograr el objetivo mínimo (o máximo, según) de la permanencia. En Leganés aprendió una frase en sus conversaciones con el gerente del club: “De momento vamos a comer hoy y ya veremos qué cenamos esta noche”. Tal vez aplicando esa máxima se le ocurrió una tarde interceptar un contragolpe de Sabino en un partido ante el Badajoz saliendo no ya de su área técnica sino de toda lógica y entrando en el campo ante la estupefacta mirada del delantero pacense.

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Martín festeja en Sabadell la permanencia (Radio Marca)

Salva al Leganés, salva al Burgos -aunque los del Plantío bajan en los despachos-, vuelve a salvar al Leganés, salva al Terrassa, coloca en la zona medio-alta al Xerez y únicamente es despedido del habitualmente tranquilo Numancia en la 2005-06 (aunque los sorianos tampoco ocupaban entonces zona de descenso). En suma, se tira siete años de su vida de cirujano de vestuarios rotos y estajanovista forjador de cincuentapuntismos. Hitos que apenas se valoran hasta que se dejan de lograr (ay).

En 2005 regresa al club de su vida para, tras unos años trabajando en su filial y su cantera, evitar -sin exagerar- su desaparición. En 2015 asume la papeleta de salvarlo otra vez del descenso a Segunda B y acaba luchando con otro histórico como el Racing por huir de la quema. En la última jornada los cántabros juegan sabiendo que precisan vencer al Albacete, que ya no se jugaba nada, y que Osasuna no sume en la Creu Alta ante un Sabadell ya descendido. Contra todo pronóstico los catalanes se ponen 2-0 -Aníbal y Collantes- y un gol de Álvaro García en el Belmonte enviaba a los rojillos a Segunda B. Los atacantes navarros no encontraban la fórmula de batir a De Navas a pesar de contar con el apoyo mayoritario de la grada por los más de dos mil desplazados en Sabadell. La fe de Martín obró su magia y primero un paradón de Riesgo abortó el 3-0, luego David García envió de cabeza un centro que bajó con nieve -puede que empujando a su marcador- y a un minuto del final un saque de esquina desde la izquierda lo envió Javier Flaño de decidido cabezazo a la red. Solo ha metido otros tres goles ese gemelo Flaño como profesional.

El segundo milagro de Martín fue la antesala de su mayor logro. Un ascenso a Primera aprovechando esa inercia positiva de la campaña anterior, obviando los muchos problemas extradeportivos del club y logrando un play-off espectacular en el que venció a Nàstic y Girona en casa y a domicilio. Tal vez en la fortaleza demostrada por su equipo tuviera mucho que ver la que demostró el propio técnico. Poco antes de esos partidos decisivos Martín sufrió una angina de pecho que obligó a que le intervinieran quirúrgicamente en la Clínica Universitaria de Navarra. Su mujer, enfermera, detectó en sus síntomas la dolencia y así acabó con dos stents: “se trataba de la primera vez que entraba en un quirófano y fue apasionante. Realmente es un cruce de emociones terrible”, contó después en Expansión, apuntando igualmente con entereza: “la primera pregunta que hice al doctor Calabuig cuando llegué al quirófano era si iba a poder entrenar. Y me dijo que sí”.

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Martín, tras ascender en Girona a Primera (Diario de Noticias)

Enrique Martín disfrutó once partidos de su equipo en la máxima categoría, pero una derrota ante el Alavés motivó su despido (Osasuna era penúltimo con siete puntos), que conoció en pleno desplazamiento con el equipo.

Aunque quiere ser presidente de Osasuna algún día todavía conserva la ilusión por entrenar y por vivir, porque después del susto que le dio su pecho: “ahora tengo la ilusión de vivir cada momento al doscientos porque la vida te puede sorprender en cualquier momento”.

Demostró su carácter y personalidad en Albacete y también, aunque no sirvió al final, en Tarragona. Y nunca pierde la sonrisa porque es consciente de que lo peor que le puede pasar es que le despidan y acabar así en su paraíso vacacional de Salou.

Un último apunte. Al margen de sus singulares alabanzas a la afición cordobesista y club  cuando ha pasado por El Arcángel, en la Televisión Navarra le preguntaron hace unos años por cómo vio el ascenso del Córdoba en Las Palmas: “me pareció imposible lo de Las Palmas. Lanzaron una falta de cuarenta, había cinco o seis defensas de Las Palmas y dos del Córdoba… e hicieron gol”. Y eso, él, que de imposibles sabe un rato, lo ha debido valorar a la hora de aceptar este nuevo reto.

Fuentes:

http://www.expansion.com/directivos/2019/05/09/5cd292f9468aebe7298b4631.html

https://elpais.com/diario/1982/05/12/deportes/390002410_850215.html

https://osasuna1920.com/2015/10/los-numeros-de-enrique-martin-monrea.html

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