“Lo de Malta y los limones me parece una novela”

Entrevistar a un periodista siempre es complicado. José Ángel de la Casa (Los Cerralbos, 1950) encarna la voz de las decepciones y de los magros éxitos del fútbol español desde finales de los setenta hasta 2011. No hubo partido que no contara in situ, porque llegó a retransmitir finales de Libertadores, amistosos en Australia e intercontinentales en Japón. Charló con Bilardo después de que Bélgica eliminara a España en México’86 y mientras éste augurara a Maradona que, sin la oposición del equipo de Miguel Muñoz, Argentina sería campeona. Ha llegado a compartir confidencias y viajes con tantos jugadores que su opinión oscila a medio camino entre la del periodista y la del deportista, sobre todo porque estuvo a punto de haber sido futbolista profesional. Tan afable con este modesto reportero de provincias como firme en su lucha contra su enfermedad, ha venido a Córdoba para jugar al golf. Como narrador–desgraciadamente- solo pudo visitar El Arcángel para un amistoso de la selección ante Japón. Y, claro, vamos a hablar también del 12-1 a Malta…

-¿Cómo llegó el hijo de un barbero de la Mancha a ser la voz de la selección durante tantos años?

-Pues… no lo sé. Yo también me lo he preguntado bastantes veces. En aquella época solo había una televisión. Tampoco había facultad de Ciencias de la Información como ahora, eran escuelas de periodismo y de radiotelevisión. Entré en la radio, estaba en Radio Nacional, Juan Antonio Fernández Abajo era mi jefe y después de los Juegos Olímpicos de Montreal en el 76 le hicieron jefe de deportes de Televisión y me dijo que me fuera con él. Él transmitía partidos, pero poco a poco tuvo que ir dejándolo por su cargo y me dijo “¿te atreves a hacer fútbol?” y le dije, “hombre, claro. No me voy a atrever…”. Ahí empezó todo.

-Porque lo de contar partidos tiene mucho de atrevimiento. Al menos las primeras veces, ¿no?

-Sí. Sobre todo en aquella época donde te escuchaba tanta gente porque era la única televisión. Pero, bueno, yo el fútbol lo conocía bastante bien y además ya había hecho atletismo antes, lo que me dio mucha seguridad. Mi primer partido fue nada más y nada menos que uno entre el Real Madrid y la selección argentina que era el partido final del 75 aniversario del Real Madrid. O sea que… casi ná.

-Pudo haber sido jugador. Militó en el Alcorcón y estuvo a punto de jugar en el Rayo con García Verdugo, quien luego entrenara al Córdoba.

-Sí, me llamó para jugar con el Rayo, pero yo ya había tenido una lesión en la rodilla y había estado intentando curármela durante el verano. No pudo ser y me operaron el 2 de septiembre, cuando empezaba la temporada. Yo ya entonces estaba trabajando en la radio y pensé que decidiría una vez me recuperara. Estaba ya entrenando con el equipo en diciembre y me surgió al mismo momento la opción de firmar por el Rayo o firmar por la televisión. Y decidí la televisión.

-Ahora está centrado en sus almendros –tiene mil-, un libro que lleva años preparando y un reportaje que acaba de terminar sobre su enfermedad, el párkinson

-Sí hemos hecho un documental con Ander Duque, que es muy sensible con estas cosas. Me he encontrado muy a gusto con él y ha quedado bastante bien. Un documental de 25 minutos que va a dar Teledeporte el 11 de abril, que es el Día del Parkinson, y el día 5 haremos un estreno con coloquio en Madrid.

-Ha venido a Córdoba a jugar al Golf por prescripción. ¿Qué le aporta este deporte?

-Como terapia me viene muy bien porque es un juego que exige mucha preparación, técnica, tener la mente muy tranquila, andas bastante, es un ambiente muy agradable… y como consecuencia de eso me empezó a gustar. Es verdad que cada vez juego peor, pero eso es consecuencia de la edad y de las fuerzas, pero me sigo defendiendo. Tengo un grupo de amigos, futbolistas y periodistas sobre todo, con el que jugamos torneos.

-La semana que viene hará justo once años de su retirada de TVE tras un partido ante Islandia en Son Moix. En 300 partidos… ¿únicamente ha enfadado con sus narraciones a Carles Busquets?

-Que yo sepa, sí. La verdad es que cuando me enteré, no era consciente de lo que había dicho, que fue una falta de respeto personal y profesional. Fue en una final de la Recopa y dije que no era un jugador que tuviera las condiciones para jugar en el Barcelona. No me constan más. Pequeños cabreos, enfados… Míchel, por ejemplo. Pero realmente, así dolido, solo Busquets. Cuando lo supe después de mucho tiempo le escribí una carta y me disculpé.

-Pero ha hecho muchos amigos en el fútbol. La final del Mundial de Sudáfrica la vio junto a Butragueño

-Sí. Eso fue una deferencia de la Federación, que nos puso juntos. Ver un partido con el Buitre es extraordinario porque no te molesta nada. Me dicen que soy frío y que no hablo durante los partidos… y es verdad, porque ya he hablado bastante. En la final estábamos los dos como mudos, menos mal que nuestras mujeres y el padre del Buitre y sus hijos hicieron algo de alboroto, que si no…

 -No sé si le queda gusanillo después de tantos años narrando y si el karaoke lo suple un poco

-No. No tengo gusanillo. Lo dejé y tenía muy claro que era el final, que ese terreno ya estaba cerrado. Es más, cuando veo los partidos pienso… joder ahora qué pereza tomar un autobús, el aeropuerto, volver a las cuatro de la mañana… El día de la final, igual. Tener que entrar en el informativo por la mañana… con lo a gusto que se siente uno llegando justo antes de la hora al campo, sentándose y viendo el partido… La verdad es que no, como trabajo no lo echo de menos. He disfrutado muchísimo y tuve mucha suerte. Lo de cantar me viene porque cantaba en un coro cuando pequeño y siempre me gustó cantar. Como terapia me viene muy bien para el habla.

-Estuvo a punto de acabar de corresponsal en Nueva York

-Sí. Pilar Miró cuando dieron los Juegos Olímpicos a Barcelona dijo que en la corresponsalía de Nueva York había una persona que informaba de los asuntos de la ONU, otra en Washington de la política americana y otra para el mundo del espectáculo y pensó que, como los Estados Unidos iba a ser el equipo más poderoso de los Juegos, iba a haber muchas cosas de las que hablar desde allí. Estuve un verano en la corresponsalía y cuando iba a producirse el nombramiento la cesaron y todo cambió.

-Dijo una vez que más que saber de fútbol hay que entenderlo. ¿Cómo se lleva eso contando partidos en un país en el que hay millones de entrenadores?

-Hay que dejar opinar a todo el mundo de fútbol desde el respeto. Yo lo decía sobre todo para los árbitros, que ocupan un sitio fundamental y no solo deben saber el reglamento sino entenderlo, porque se nota cuando hay mala intención. Hay diversos aspectos de jugadores… por ejemplo, yo soy un gran defensor de Benzema, porque aunque falle muchos goles el treinta o cuarenta por ciento de los goles de Cristiano vienen de una jugada de Benzema. No me refiero a que yo sea más listo que nadie sino que el juego hay que entenderlo y no solo ver determinadas cosas aunque… bueno, cada cual ve lo que quiere.

-¿Qué le parece la ola de nostalgia que existe por el fútbol de los ochenta y noventa?

-Digamos que la afición y el jugador estaban más cerca. Era todo más próximo. Los jugadores vivían en la ciudad, compartían mesa y mantel con los aficionados en los restaurantes que coincidían, los periodistas convivíamos con ellos… Ahora dentro de la vorágine de la prensa yo entiendo que todo esto hay que ordenarlo, pero quizá se podría haber ordenado mucho mejor. No sé. Lo que me da mucha pena es que estando con ellos aprendes muchas cosas que tú por ti mismo no serías capaz de ver. Desgraciadamente eso ahora no se puede. Ningún periodista tiene ahora acceso directo a viajar con ellos, compartir hoteles, habitaciones…

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-Estamos en año de Mundial, ¿lo del 82 fue una catarsis para España?

-Probablemente. No intencionada, pero sí que hubo un punto de arranque nuevo. Se puso la selección en manos de un hombre veterano que había estado en mil batallas, que puso mucho orden, templanza, conocimientos y construyó una base que ha dado resultado con el paso de los años. Desde el primer momento fue bien, pero nos faltaba dar ese salto. Estábamos entre las ocho mejores del Mundo y ahora estamos entre las cinco. Ahora estamos donde nos corresponde, con Alemania, Brasil, Italia, Argentina, Francia, Inglaterra…no en el siguiente grupo. Esa estabilidad se ha conseguido y el juego español se ha reconocido. La base de todo eso la puso Miguel Muñoz.

-Resulta curioso que después de tantas buenas narraciones por la que más se le reconozca sea por el gallo ante Malta. Me viene a la cabeza de ese partido el sonido de Alfonso Azuara anticipando que el decimosegundo gol sería de Señor. No sé si tendría alguna visión o algo…

-No lo sé, no lo recuerdo exactamente, pero él era muy dado a decir ese tipo de cosas. No me extraña que lo dijera porque Azuara era un tipo muy espontáneo y directo. No me extraña que lo dijera. Eso y cualquier cosa más (risas).

-Fue el partido más emotivo que tuvo que contar, imagino

-Sobre todo la parte final. La segunda parte fue electrizante porque tuvo nueve goles, casi cada cinco minutos un gol. Entonces no se paraba y cada vez que se veía más cerca el objetivo iba subiendo la emoción y la adrenalina. El partido en sí, no, pero la segunda parte fue lo más emocionante que he hecho en mi vida.

 -Y 25 años después vuelve ese partido a ser noticia por unas acusaciones de los jugadores malteses sobre unos limones drogadas en el descanso… ¿Usted vio algo raro?

-No. Además esa historia de los limones…cualquiera que conozca un poco como funciona el mundo del fútbol, incluso en aquella época… nadie entra en un vestuario de un equipo en un descanso ajeno a ese equipo. Y menos con una bandeja de limones ofreciéndolos como si estuvieran en un cóctel. Eso suena a cuento. Además, las tres personas que han intervenido cuentan las cosas de la misma manera y en lo que dicen sobre el partido coincidimos todos: que eran un equipo amateur, que no entrenaban, que no tenían medios, que habían tenido que jugar el sábado anterior ante Holanda y venían muchos lesionados… cuando eso lo hablan es porque es real. Pero cuando empiezan con la novela de los limones me parece, pues eso, novelada. Que alguien les dijo que inventaran esa historia.

-Vivió Heysel en primera persona. ¿Ha sentido miedo alguna vez en un campo de fútbol?

-No, exactamente miedo no porque generalmente las posiciones de comentaristas están ubicadas en una situación en la que cuando ese tipo de altercados no… una vez en un partido en Buenos Aires entre Argentina y Uruguay que ganó Uruguay y no miedo por mí sino porque veía que desde las gradas querían tirarle de todo a los uruguayos. Hombre, Heysel también, pero hoy día es difícil imaginarlo porque con la telefonía móvil todo hubiera sido diferente. Esa catástrofe dejó grabadas ciertas cosas en el fútbol que se daban como sabidas pero no se aplicaban. Fue un momento muy duro en lo personal y profesional, porque el fútbol se quedó muy tocado.

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– Si tuviera que pensar en algún partido en el que se quedara impresionado por algo que le sucediera en la grada…

-Desde el punto de vista anecdótico recuerdo un día en Vigo. Se puso 0-2 el Zaragoza y un aficionado que tenía al lado me echaba la culpa a mí. En el descanso le pedí por favor que me dejara tranquilo, que estaba retransmitiendo. Al final el Celta ganó 3-2 y vino a darme un abrazo y a decirme que me quería invitar a una mariscada. Le dije que con que se portara bien en los partidos, me sentía pagado.

-¿Lo del VAR le parece sensato?

-Me genera muchas dudas. Para lo del bote de la pelota dentro o fuera de la portería sí que me parece aplicable y no obstaculiza demasiado el juego. Lo demás, aunque lo veas, si tienes que analizar las posiciones del fuera de juego, por ejemplo, va a ser muy difícil. Hay acciones que cuando los árbitros y los auxiliares las ven en el campo, instantáneamente lo que ven lo pitan, pero con el VAR cuando las vean los jueces que tengan que analizar habrá quienes vean una cosa y quienes vean otra. Entonces, ¿cómo decides? ¿Por mayoría? La mayoría no es la garantía de la verdad. Como la verdad es muy complicada y se puede decidir por milímetros, no lo veo claro.

-Nunca ha retransmitido sin estar en un campo. Ahora se habla más que nunca de deporte, pero… ¿con peor calidad?

-Desde el momento en el que estás retransmitiendo un partido que se está jugando en un campo desde un estudio tienes las mismas posibilidades de ver que los espectadores. No les puedes ofrecer nada diferente, nada que les ayude a comprender lo que está sucediendo en el campo. Vas a contarle lo que te ofrece el realizador, como cualquier aficionado más. Todos hemos sido periodistas porque nos gustaba ir a los sitios donde se producían los hechos. Los periodistas de guerra iban a la guerra, los de sucesos donde se producían los sucesos y los periodistas de deportes a los estadios y campos. Forma parte de nuestra profesión estar en los sitios donde se producen las noticias.

-Matías Prats, José Ángel de la Casa y…

-Bueno, ahora ya esto es un bosque. Antes era fácil porque éramos los que éramos, pero es que ahora son cien, doscientos, trescientos… Hay gente que lo hace muy bien. Y sobre todo que no hay que ver tanto la narración en sí, porque ahora hacen programas en torno a un partido de fútbol. Participa gente que comenta, que narra, técnicos… es como si fuera una obra de teatro donde el partido arropa todo lo demás y hace que todo lo demás se mueva alrededor del partido. Es muy diferente la labor del narrador de entonces que teníamos que hacer de todo y explicar todo y el de ahora, que lo puedes ver mil veces.

-Cuenta que Miguel Muñoz le dijo sobre su profesión: “valora el momento, no el pasado” ¿Es esa la clave del buen narrador?

-Para mí lo fue, porque muchas veces sin darnos cuenta decimos sobre un jugador que está jugando mal que es un desastre, un petardo o que no puede jugar más. Entonces Miguel Muñoz me dijo que valorara lo que estaba viendo y que pensara que ese jugador, por lo que fuera, ese día en concreto está mal, no tiene fuerza, se le ve nervioso, que no ha descansado, pero no por eso digas…este es un desastre o que hay que echarle. Nos pasa muchas veces. Me pasaba a mí y le pasa a mucha gente, que estás hablando de un jugador en un momento determinado y lo descalificas por lo que estás viendo en ese momento y lo mismo lo ves quince días después y lo hace todo bien. Entonces, debí decir algo y él, que me escuchaba, me dio ese toque de atención.

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