Lo que fuimos (2-0)

Me gusta Fuengirola porque me recuerda lo que fui. Los nostálgicos nunca llegamos a nada en la vida porque nos anclamos en el ayer y obviamos que lo que da dinero es el futuro. Cuando voy al mar y observo el rompeolas recuerdo cosas que me gustan, porque nada cambia si uno se pone de espaldas a la realidad.

El Córdoba fue lo que yo era durante años. Era el club de Autoescuelas El Realejo Sociedad Limitada y de La Frontera de las Camisas. De los jugadores modestos, pero honestos, que torcían sus botas ante audiencias mediocres y muy exigentes. Era Aitor “Bonso” y “Pepichi” Torres. Era un gol de Polideportivo Almería en el 94’. Era el Deportivazo y los rumores de compra-venta de partidos al final de temporada. Era una pasión incomprensible e inexplicable. Era, recalco, lo que yo era.

Ahora no somos. Sin más. Me figuro que el sentimiento se lo aplicarán muchos otros aficionados cuyos clubs –bueno, cuyas acciones- están siendo pignorados por mercaderes. Gente que se vale de asesores, agentes y oscuros fondos y créditos para compaginar sus actividades empresariales con las de la pelota. Muchos, la mayoría, no son de ningún equipo. Pueden estar en Xerez, Cartagena o Burgos y exponer su amor por los colores sin rubor alguno. Una prerrogativa que antes únicamente tenían los futbolistas.

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Edu Ramos, sin escudo en el pecho, cabizbajo tras un gol del Cádiz. (Foto: LaLiga.es)

Asistimos a la descomposición del Córdoba C.F. S.A.D. Lenta, pero inexorablemente el Córdoba se va sumergiendo en Segunda B ante los ojos de una afición sin moral y sin fuerza que ya no sabe si protestar o ausentarse del campo.

En Cádiz la derrota fue lo de menos. Todo el mundo asumía que pasaría. Habrá quien sostenga, una vez más, que el Córdoba hizo méritos para sumar. Discrepo como discreparé siempre mientras siga sin existir una línea defensiva no ya de garantías, sino simplemente que defienda. Cualquier equipo de Segunda sabe que ponerse 1-0 en el minuto 8 ante el Cádiz de Cervera supone una derrota casi segura. Por eso, la posesión y las ocasiones no son sino la empalmada del ahorcado (perdón por ser tan gráfico).

16 puntos en 22 partidos y un dueño que dice que no ficha porque no puede –podría, por ejemplo, poniendo como aval el millón y medio que se embolsó por el reparto de dividendos-, pero tampoco vende hasta junio “por estabilidad” (también dejaba el club por “estabilidad”, non bis in idem) y con unos aspirantes a su poltrona que quieren comprar el club sin que se sepa muy bien de dónde sacan el dinero. Todo en orden. Hambre con ganas de comer.

El Córdoba ya no es lo que fui. No lo reconozco entre tanta mierda y, probablemente, tardaré mucho tiempo en volver a identificar mi pasado con esa camiseta y ese escudo que hoy ya hubo quien no lució en el pecho. Si es que algún día podemos volver a tener ese gusanillo en la tripa. Ya me entienden. Siempre nos quedará Fuengirola.

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