La historia del colchonero por un día Arandjelovic: rebelde, aventurero y amigo de reyes

Se lo leí a @eibarsestaox en uno de sus memorables hilos de twitter. En la lejana temporada 52-53 Helenio Herrera, entonces en el Atlético, alineó por primera y última vez a un delantero llamado Arandjelovic (o Arangelovich, según la transcripción del cirílico). A pesar de que el ariete marcó primero, el C.D. Málaga se llevó el triunfo del Metropolitano con un 1-3 (en aquel Atlético jugaban Ben Barek, el hijo de Zamora… o el cordobés Tinte y el luego entrenador cordobesista Juncosa).

Me picó la curiosidad. ¿Quién era el tal Arandjelovic? ¿De dónde había salido? ¿Por qué solo jugó un partido? Afortunadamente, he podido contestarme alguna de esas preguntas.

Al parecer Aleksander Arandjelovic nació en 1920 –o 1922, según versiones- en Crna Trava, una localidad del este de Serbia. Su padre, Rista, fue un acaudalado constructor que y político demócrata moderado que tras hacer fortuna en el periodo de entreguerras compró el FK Jedinstvo de Belgrado como un juguete para su hijo único. Pero Aleksander –Aca, para los amigos- no jugaba por enchufe sino porque desarrolló una, cuentan, portentosa pegada con la diestra y mantuvo un idilio durante toda su carrera con el gol. Tan bueno parecía que la prensa serbia llegó a sugerir que iba a firmar por el Arsenal. Desgraciadamente para Aca –y para Europa- en los 40 tuvo que dejar a un lado las botas y colgarse su fusil para defender las fronteras de su país ante los nazis en el frente sirmio.

Arandjelovic sobrevivió al horror, pero el régimen comunista de Tito suprimió al FK Jedinstvo por antirrevolucionario en un acto destinado a fastidiar al opositor padre del jugador, que no votó lo que le convenía sino lo que pensaba. Así que a Aca no le quedó otra que enrolarse en el Estrella Roja, el club del ejército, donde mantuvo su gran rendimiento… hasta que se fugó.

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Arandjelovic

Sí, porque el 16 de marzo de 1947 el delantero aprovechó un amistoso entre el Ponziana Trieste y su Estrella Roja para burlar el control del comisario político que acompañaba al equipo y escabullirse en Italia (ya lo había intentado antes en compañía de un boxeador apellidado Lazarevic). Contó que fue capaz de coser 46 dinares que había conseguido de su madre en el forro de su chaqueta sabiendo que con ese dinero sería un refugiado bien posicionado.

Tras llegar a jugar algún amistoso junto a la selección de exiliados húngaros de Kubala, a Arandjelovic lo ficha inmediatamente el Milán, pero el régimen de Tito, furioso por su fuga, le retira la nacionalidad y le convierte en un apátrida. Así que, tras jugar un amistoso de rossonero y un breve paso por el Padova, acaba en el campo de refugiados instalado en lo que fueron los estudios romanos Cinecittá. Ahí su suerte vuelve a cambiar porque un técnico de la Roma se fija en él y su concurso resulta fundamental en la permanencia del equipo capitalino –cuela once goles en veinte partidos-. Los tifosi le apodan Ammazzasquadroni (que no he entendido lo que significa). El periodista novarese –porque luego también jugó para el Novara- Gianfranco Capra cuenta de él que en esos tiempos muchos trataban de imitarle, pero “eran malas copias”.

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La crónica del único partido como colchonero de Arandjelovic en ABC

El caso es que Arandjelovic terminó cansándose de Italia y se marchó a jugar al Racing de París. Allí se dedicó a pasear con el exiliado tercer y último rey de los yugoslavos (y futbolero, parece ser), Pedro II Karadjordjevic, por el Bosque de Bolonia y por el Louvre. Aca tenía, dicen, una mente privilegiada especialmente en las matemáticas. De París pasó a España, donde apenas dispuso de los noventa minutos de ese Atlético-Málaga. Su gol fue descrito así en ABC: “un corte de Hernández, que cede a Ben Barek, provoca el primer gol de la tarde cuando van diez minutos. El interior negro pasa el balón a Arangelovich que está solo y éste, con perfecto reposo, se cambia la pelota de pie y dispara fuerte y colocado desde lejos, llevando la pelota a las mallas” (bien, aunque luego en la misma crónica le catalogan de lentísimo). A Arandjelovic no le quedó un buen recuerdo de su experiencia con Herrera en el Atlético. De él dijo que era “un mal entrenador y una peor persona” y se quejó de que no quería ver la pelota en sus entrenamientos.

A partir de ese momento su vida se guarda en una maleta intercontinental. Exportó sus conocimientos futbolísticos a Tailandia, Canadá, Hong Kong e incluso a Australia –ayudado en alguno de esos casos por la iglesia católica a pesar de ser ortodoxo-. Allí se involucró junto a unos aborígenes y unos compatriotas a la explotación del ópalo, pero el negocio le fue mal y se arruinó completamente.

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Pequeño Maracaná en la actualidad

Por fin, después de 18 años de exilio, Arandjelovic se acogió en 1963 al perdón del Mariscal Tito y regresó a su país para retirarse a los 46 años y trabajar como guía turístico. Comenzó en el Hotel Yugoslavija como conserje aprovechando que dominaba cinco idiomas y se tiró 23 años en el sector. Alardeaba de haber atendido a turistas de 53 países diferentes (tenía obsesión al parecer por contar cosas, porque también contó que viajando por trabajo llegó a dar diez veces la vuelta al mundo).

Así fue terminando la vida –acabó del todo en 1999- de este singular futbolista, del que además cuentan quienes le conocieron que era todo un truhan. Dicen que le explicó a la escritora argentina Luisa Valenzuela por si le pudiera servir de inspiración –ignoro el contexto- que en su diario había apuntado el nombre de 2.500 mujeres a las que había amado. Desde luego nadie puede decir que el colchonero por un día Arandejlovic no disfrutó de su existencia. Que le quiten lo jugado.

Fuentes

https://beyondthelastman.com/2016/10/25/aleksandar-arandelovic-a-yugoslav-footballers-incredible-life/

http://www.tuttonovara.it/in-ricordo-di/in-ricordo-di-aleksandar-aranelovi-27603

http://fenomeni.me/prvi-disident-aleksandar-arandelovic-tema-dribling/

Hemeroteca ABC

 

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