2-0. Mañana es viernes

Venga, mañana es viernes. Ya podéis pensar en escapar de vuestra realidad. En marchaos con vuestra familia, amigos, amante o con quien os dé la gana bien lejos. O bien cerca, que muchas veces estar cerca es estar muy lejos. Podéis huir a la playa o a la montaña. Podéis hacer un perol si os mola el cordobitismo o bien –dado que el verano nunca se acaba- tomaros un espeto en Fuengirola. Gloria pura siempre.

Pero iros. Por favor. Aunque sea en sentido figurado si no os lo podéis permitir o no os sale de los huevos.

Evadíos y desconectad, porque no os merecéis el reconcomio cotidiano. Ni os corresponde entrar en discusiones, ni en debates. Ni tampoco que os comáis la cabeza.

Este Córdoba será lo que su Destino quiera. Y estaremos ahí para verlo.

fotoblog

A este equipo, y escribo ya de lo de Lugo, le habíamos visto fracasar de varios modos. Generalmente, o al menos mis inexpertos ojos así lo detectaron, por culpa de la falta de acierto o de intensidad de sus jugadores. Esta vez, insisto: esto es lo que ven mis inexpertos ojos, creo que quien se equivocó fue el entrenador. Carrión dispuso un once inteligente que, de hecho, contuvo a su rival durante todo el primer tiempo sin por ello renunciar a merodear el área contraria. Es lo que todo estratega desearía. Contener y exponer. Plan perfecto. Sin mojar, pero perfecto.

Pero en el segundo tiempo los cambios trastocaron esos planes y destinaron al equipo al fracaso. Ni Javi Galán ni Aguza mejoraron a Markovic y Javi Lara. La salida del campo del montoreño –si no estaba agotado o tocado- no se explica teniendo en cuenta lo inseguro que es el meta del Lugo, Juan Carlos, a balón parado.

Y el equipo se descompuso. Buena muestra de ello una acción en la que el Polaco Fydriszewski –de aquí en adelante “Polaco” a secas- tuvo tiempo de caerse, levantarse y disparar al larguero mientras Caro le miraba y casi le ayuda a que se incorporara. Esa fue la tónica del segundo acto. Darle toda la libertad del mundo al mejor jugador del Lugo, Campillo, y permitirles todas las acciones que desearan desde que pisaban campo del Córdoba. Y así, un equipo en el que sus delanteros aún no han marcado, le metió dos al Córdoba. Uno fue un error individual –de Fernández- y en el otro había un jugador en fuera de juego. Pero de eso nadie se acordará porque nadie echará de menos la justicia cuando recuerde este Lugo-Córdoba.

Por eso, ya que es jueves… márchese antes del domingo y haga acopio de energía para ver el partido ante el Nàstic. Viva, respire, coma, beba, ría… yo no puedo confiar ahora mismo en que este Córdoba cortito de prácticamente todo lo que hace grande a un equipo pueda hacernos felices con la frecuencia que requiere un aficionado a un equipo de clase media-baja. Coño, que también tenemos nuestro corazoncito.

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