Contando derrotas en la madrugada 1-2

Lo bueno de plasmar a la una de la madrugada la crónica de una derrota de tu equipo es que uno lo hace de manera introspectiva. Es de noche, sopla una ligera brisa y en mi calle no se escucha ni al camión de Sadeco (que estará al caer, me figuro). Supongo que es algo que tenemos que agradecer a la LFP y sus horarios en obediencia debida a las televisiones españolas, chinas o uzbekas (al tiempo).

Ya he escrito que hemos perdido, que es lo más doloroso. Escribirlo es el primer paso para asimilarlo. Al menos, consuelo de imbéciles como yo, siempre tendremos dos partidos esta semana que ya ha empezado para reconstruir el ego. Y además sin tener la responsabilidad de jugar en casa, una circunstancia que –creo- beneficia a este Córdoba que propone una cosa pero parece destinado a ganar gracias a otra.

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Me explico. El Córdoba fue mejor que el Zaragoza durante la primera mitad incluso tras encajar un gol. No es sencillo que un equipo de Natxo González pierda una ventaja. El año pasado su Reus fue el equipo que menos encajó. De hecho, hasta el minuto 45 y ya en frío casi todo el regusto que tengo del encuentro es dulce.

Un rival -el Zaragoza- que, a su modo, crea incertidumbre; un Córdoba con espacios y con una versión mejorada de Jaime Romero y Jona; un Javi Lara dinámico y clarividente con el balón en los pies… Y he dicho casi todo dulce porque sigo viendo problemas en defensa. Los mismos que en pretemporada. O Joao Afonso necesita un curso de maldad cuando sale de su zona o bien es que todos los zagueros contemporizan demasiado. No se puede permitir que un delantero de la talla de Borja Iglesias –talla como rematador y talla a secas- reciba y se pueda dar la vuelta aunque sea un segundo. Porque la cuela.

La segunda mitad me gustó menos. Poco. Nada. Sobre todo lo fácil que encajamos el 1-2. Un saque de banda, Joao que se va al suelo prematuramente y Pinillos y Josema que no saben si salir o recular. Naturalmente y desde la misma distancia que desde donde coló el 0-1 Borja Iglesias ya tenía el rifle calibrado. Luego ya al cansancio se le sumó la precipitación y la acumulación de hombres de ataque –natural por las circunstancias- terminó desconectando y partiendo al equipo en dos. De hecho, el fútbol de toque se obvió a tramos para buscar el camino más directo, pero apenas se resintió la coraza del Zaragoza.

No sé si he escrito la crónica muy bajito o si apenas me ciño al guion de lo que esperan leer. Tal vez sea porque sopla la brisa y porque con ella se va el calor se me han perdido de mi cabeza otros recuerdos más amargos de este domingo de derrota. Que derrota viene del francés “déroute”, que quiere decir descomposición y fuga de un ejército. Justo lo que nunca debe suceder.

Ya escucho a los de Sadeco. Hora de dormir.

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