Jim Riordan, el profesor universitario y espía británico que jugó para el Spartak de Moscú en el 63

Se está cumpliendo un siglo de que un hombre “bajito, fornido, de gran calva y cabeza abombada sobre robusto cuello” (de tal modo describió el periodista norteamericano John Reed a Lenin) y sus bolcheviques pusieran patas arribas el Estado más extenso del mundo y, de paso, cambiaran el mundo tal y como se conocía.

Con la revolución soviética el fútbol ruso se aisló durante décadas casi por completo de toda injerencia extranjera. ¿De toda? No. Hubo algunos aventureros que, bien haciendo las veces de misioneros del balón o bien por pura necesidad, compitieron con más o menos ventura en los equipos más poderosos de la URSS.

En el cementerio Donskoi de Moscú reposan los restos de Agustín Gómez Pagola, un niño vasco a quien la Guerra Civil desterró y para quien el fútbol fue una forma de hacer la revolución. Gómez despuntó en el Torpedo de Moscú y llegó a marcar a Kubala en su debut internacional con la selección soviética.

Pero esta historia va de un británico. De James Jim Riordan, un intelectual, profesor, ¿espía?, escritor… y futbolista que un día llegó a defender la camiseta del Spartak de Moscú.

Riordan

Riordan, natural de Portsmouth, aprendió ruso para servir en la Royal Air Force, pero luego se alistó en el Partido Comunista británico y decidió seguir su educación en la Escuela central del partido en Moscú. En 1963 formaba parte de la reducida comunidad extranjera de la capital soviética, codeándose con los célebres espías del Círculo de Cambridge –fue uno de los portadores del féretro del célebre Guy Burguess-. Durante los fines de semana jugaba al fútbol con miembros del cuerpo diplomático de otros países.

El físico de Riordan –alto y fuerte- y sus habilidades con el balón llamaron la atención de Nikita Simonyan, el entonces entrenador del Spartak de Moscú, que un día se acercó a ver a los camaradas extranjeros pelotear tras la recomendación de su lateral zurdo Gennari Logofev (amigo de Riordan).

Simonyan se puso en contacto con el británico para ofrecerle entrenar con su equipo, Riordan quien, comunista o no, era tan apasionado por el fútbol como cualquier británico aceptó encantado. Después de unos días de entrenamiento un sábado Simonyan le llamó para preguntarle si estaba libre ese día, Riordan le dijo que sí pensando que le iba a invitar al partido del Spartak y el armenio le dijo que se fuera para el campo con sus botas. Su central titular estaba indispuesto tras una noche de juerga etílica (eufemísticamente se conoce en Rusia a los alcohólicos como “amigos de la serpiente verde”) y Riordan debía servir a su causa con los pies. (el jugador al que reemplazó “estaba tajado como un tritón”, contó parece ser Riordan años después).

De golpe y porrazo, Riordan se encontró en el majestuoso estadio Lenin (hoy Luzhniki) ante 50.000 espectadores formando parte de un equipo en el que estaba, entre otros, el capitán de la selección soviética Igor Netto. La actuación del inglés en el centro de la defensa en el empate a dos final ante el Pakhtakor de Tashkent debió satisfacer a su técnico, que siguió contando con Riordan.

Pero, claro, no todo iba a ser sencillo en época soviética para un futbolista occidental en la URSS. El alma máter del Spartak –club que no era ni del ejército (CSKA) ni de la KGB (Dynamo)- Nikolai Starostin llevaba apenas ochos años fuera del gulag al que le castigaron por “propaganda burguesa”, así que era demasiado arriesgado darle bombo a la presencia de un británico en el equipo. En consecuencia, Riordan fue rebautizado para la prensa y los aficionados como Jakob Iordanov, que sonaba parecido pero más a gusto de los líderes del PCUS.

Riordan-Iordanov repitió una semana más tarde ante el Kairat Almaty (1-1) porque su compañero de equipo seguía pegándole a la botella, pero según contó no le fue tan bien como en el debut. Fue la última vez que defendió la camiseta del Spartak (sí que actuó para el equipo reserva).

Así que Riordan se centró en su carrera como profesor hasta que terminó siendo expulsado de la URSS por un artículo que disgustó al régimen. Al volver al Reino Unido se dedicó a enseñar estudios rusos en la Universidad de Surrey y a profundizar, entre otras cosas, sobre la historia del deporte en la sociedad soviética.

Llegó a volver a Moscú comisionado por la BBC para descubrir con dolor que muchos de los antiguos futbolistas del Spartak rehusaban encontrarse con él. Sólo Galimzyan Khusainov quiso verle para rememorar los muchos inviernos que habían pasado desde aquellos dos partidos con el Spartak. Ni siquiera Simonyan recordaba –o quería recordar al parecer- a Riordan-Iordanov.

Riordan, a quien en una fiesta Nikita Kruschev le llegó a pedir que ordenar al compositor Aram Khachaturian que dejara de molestar a las camareras, dejó escrita su historia en su libro Comrade Jim antes de su muerte en 2012. Pocos, muy pocos, futbolistas han podido presumir de una aventura similar.

Fuentes:

https://www.theguardian.com/football/2006/nov/07/europeanfootball.sport1

http://euskalherriasozialista.blogspot.com.es/2015/10/gomez-el-futbolista-vasco-de-la-urss.html

http://hablaelbalon.com/spartak-moscu-comunismo-ruso-kgb/

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