Entonces y ahora (2-0)

No echéis más cuentas. O sí. Contad los puntos que nos quedan para sobrevivir. Todos los ahorcados mueren empalmados, canta Siniestro Total. Pensad en que las hemos pasado mucho más putas otras veces. Que tuvo que llegar Acciari para marcar un gol con su mano en Albacete. O Abraham Paz para enviar al poste un penalti pactado por terceros en Alicante.

Entonces el Córdoba tenía un Consejo de Administración que, con sus errores y aciertos, era capaz de asumir la gravedad de un posible descenso y de asimilar las críticas con la naturalidad propia del que tiene rabia, coraje y sobre todo GANAS de salvar al equipo de la quema. Sobre todo porque en esos momentos en el Consejo de Administración mandaban personas que aspiraban a salvar un sentimiento. No solo su billetera.

Entonces, en esos duros años en los que la salvación se forjaba a los postres y entre maletines en Getafe o Leganés, el entrenador que llegaba lo intentaba como ahora lo intenta Carrión. Con más acierto o careciendo de él, pero siempre con la soga al cuello y con unos responsables que le apretaban. Dudo que los actuales mandatarios aprieten al primer responsable deportivo de la entidad que, con toda su voluntad, hace lo que puede con lo que sabe por mejorar el rendimiento de una plantilla claramente deficitaria.

micronica

Entonces, cuando tocaba apelar a la épica en Las Palmas, Cartagena o Pontevedra, aparecía una plantilla REALISTA. Un puñado de profesionales que, comandados por líderes que demostraban serlo dentro y fuera del campo por aplomo y entereza, maximizaban los pros de vestir de  blanquiverde y obviaban todos los contras. Que, con su mayor o menor destreza, eran inteligentes para saber cómo y cuándo dejar k.o. al contrario. Al menos de vez en cuando.

Entonces, cuando veíamos perdida toda esperanza, aparecía una afición a la que no se le había (casi) engañado y que, en consecuencia, era consciente de que sufriría desde mucho antes de enero. Una afición a la que no se le quitaban bombos ni a la que se le menospreciaba o retaba a duelos sobre el verde. Una afición con corazón y henchida de orgullo por lograr una pírrica permanencia en Segunda.

Ahora mismo no hay ni dirección, ni orden, ni concierto, ni fe, ni ganas en este Córdoba. Quedan cinco partidos y, después de lo visto en Getafe, tengo más la sensación de un “sálvese quien pueda” que de un “todos a una”. Un punto de 27 a domicilio en 2017. En Getafe sumaron Mirandés, Nàstic y Mallorca, tres de los cuatro últimos. A los últimos no les ganamos por malos y a los primeros por buenos. Un calendario engañoso. Un Reus al que veo difícil que le marquemos; un Cádiz en el Carranza jugando por subir; un Oviedo necesitado… y un sprint final que debería ser casi un pleno para estar tranquilos y que probablemente lo sería en otros tiempos ante dos rivales que, presumiblemente, nada se jugarán. Pero entonces era el entonces. Y ahora es, desgraciadamente, ahora.

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