La tribuna-guardería-escuela de seguidores del campo del Sankt Pauli

En Alemania va más gente al fútbol que en el resto de Europa. Dicen que los (bajos) precios de las entradas pueden tener algo que ver, pero tal vez también influyan más otras medidas tendentes a favorecer la comodidad de los seguidores como permitirles beber cerveza durante los encuentros o… dejarles ver un partido desde la guardería con sus hijos. Y desde la misma grada del estadio.

En 2010, la Fundación Pestalozzi (institución prestigiosa en Alemania dedicada a honrar la memoria del pedagogo Johann Heinrich Pestalozzi) decidió instalar su guardería en el estadio Millerntor, hogar del St. Pauli (equipo de Bundesliga 2). Pero no en los alrededores del singular campo, sino en el propio interior. De hecho, suele pedir prestado tanto el terreno de juego como los túneles de vestuarios y hasta los tejados del recinto para llevar a cabo actividades grupales.

Pero esta historia se quedaría en un mero intercambio de servicios si no fuera por la involucración de los diferentes estamentos del club en la crianza de los pequeños.

El Saint Pauli no es un club convencional. Es el representante del barrio gamberro de la señorial Hamburgo –famoso por sus burdeles y sus locales de música en la excitante Reeperbahn– y desde su fundación se ha considerado una entidad de fuerte componente transgresor, hasta el extremo de que presume oficialmente de ser una entidad antirracista, antifascista y antisexista. Cada vez que sus jugadores saltan al terreno de juego suena el Hell Bells de AC/DC y sus técnicos y jugadores suelen tomar parte en campañas solidarias. Sin ir más lejos, su centrocampista Benjamin Adrion recibió la Cruz del mérito civil alemana en 2009 tras impulsar junto con el club unos años antes el proyecto “Viva con Agua”, para suministrar agua potable en países en vías de desarrollo.

stpauli

Tribuna de la guardería del Sankt Pauli (Gordon Welters. The New York Times)

Pues bien, los profesionales del Sankt Pauli no se cortan a la hora de acudir al Kindergarten a leerles cuentos a los niños de entre ocho meses y seis años que, como compensación, se dedican a rotular carteles con las iniciales del club (F.C.S.P) y con la calavera y huesos cruzados –la Jolly Roger pirata– símbolos del club y que luego podrán lucir durante su particular espacio en la tribuna del Millerntor.

Porque esa es la segunda y principal gracia de esta singular guardería. Cuando hace ocho años se construyó el nuevo hogar del St. Pauli sobraba un espacio en la esquina suroeste del campo que bien podía haber sido dedicado a otros menesteres más convencionales… pero que como confesó al New York Times el portavoz del club, Christoph Pieper, prefirieron cederlo a la guardería porque “la responsabilidad social del club para las personas que viven en el área de Sankt Pauli es un tema muy especial para el club, parte de nuestro ADN principal”.

Así que la idea del centro tuvo mucho éxito entre los aficionados con hijos. En día de partido, mientras los niños toman el almuerzo los aficionados digieren litros de cerveza y afinan sus gargantas para animar los suyos. Pero todo está calculado y si el choque coincide con horas de siesta a los pequeños se les protege con unos auriculares tuneados con pegatinas del movimiento ultra del club.

Algunos de los propios cuidadores juegan en alguno de los equipos amateurs del St. Pauli y así pueden compaginar sus dos grandes amores. De hecho, mientras los niños duermen pueden tomarse un respiro desde su particular tribuna viendo al equipo.

Naturalmente, a los niños se les educa también en cultura del club del que casi inconscientemente ya forman parte y sus cantos infantiles son readaptaciones de las tonadas que suenan en las gradas del Millerntor (por ejemplo una que en una parte de la letra dice “Los mejores niños de la ciudad sólo cantan para ti. / Así que vamos, F.C., a anotar otro gol”).

Por supuesto, durante esos días de fútbol en el Millerntor los padres de los pequeños pueden ver el partido en la privilegiada terraza de la guardería con sus hijos o bien quedarse jugando con ellos dentro (naturalmente, esta es la opción menos escogida).

Una fórmula segura de crear afición que ya hace unos años trataron de impulsar en España equipos como el Pontevedra, pero que ninguna otra institución ha llevado tan lejos como el siempre pionero y singular Sankt Pauli.

Fuentes:

https://www.nytimes.com/2017/04/24/sports/soccer/welcome-to-the-worlds-coolest-kindergarten.html?_r=0

http://elpais.com/diario/2009/12/07/galicia/1260184697_850215.html

https://www.goethe.de/ins/ph/en/kul/mag/20682262.html

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