Felicidad en el cementerio (1-0)

El Córdoba ganó al Elche en mitad de un silencio atronador. Porque no hay nada más sonoro en el fútbol que el silencio. La respuesta del público en un día excepcionalmente importante resulta descorazonadora, pero todavía es más impactante la imagen del bombo de Incondicionales tumbado en mitad de un montón de cemento y plástico sin ocupar.

Tal vez quede en una anécdota al final del año que el Córdoba venciera sin apoyo alguno de su gente. Tal vez no. En cualquier caso, tampoco el equipo es que diera muchos motivos para el júbilo. Por mucho que dijera Carrión que ningún equipo de la categoría propone tanto como el Córdoba –el mismo Córdoba que empezó la jornada en zona de descenso a Segunda B-, lo cierto es que el partido fue horroroso. Durante los noventa minutos y si exceptuamos el gol la ocasión más clara fue un cabezazo de Pelegrín al palo. El Córdoba tocó mucho, vale; el Córdoba entró por bandas, más por la izquierda, vale; el Córdoba tuvo fe y bríos al inicio, vale. Pero al Córdoba le pasó lo que en otras tardes: no inquietó nada al rival.

rodasgol

Al menos, con el 4-1-4-1 la portería de Kieszek apenas sufrió ante un rival que tampoco es que tuviera una peor intención que la de sacar un puntito de El Arcángel. Cabe destacar la entrega de Javi Galán, de Rodri o de Aguza –que pasó en la segunda mitad de medio centro ofensivo a destructivo en una decisión sorprendente-.

Los cambios no mejoraron al equipo, pero tampoco lo descompusieron. Carrión no alineó a dos delanteros al mismo tiempo con la confianza de la pegada de Markovic y Javi Lara y la velocidad de Donoso y Galán por los costados. La cosa no funcionó, pero al menos llegó ese tanto salvador de Héctor Rodas a quien la gasolina le dio justo –esto demuestra honradez- para marcar y celebrarlo estirándose sus tiesos gemelos.

Mientras el Córdoba mantenga su portería a cero tendrá la opción de encomendarse a una genialidad como la de Rodas ante el Elche. Y mientras esto sea así no se tendrá que hablar de justicias ni de merecimientos sino de realidades. En mitad de silencio o en un –ojalá- precioso alborozo futbolero.

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