¿Qué (más) puede salir mal? (2-1)

¿Qué puede salir mal? Mejor: ¿qué más puede salir mal?

El Córdoba se presentó en Tarragona con moral, pero casi sin defensas; con las ideas claras, pero con un rival enfrente que imponía; con la soga al cuello, pero con la opción de dar un importante salto en la clasificación.

Y, de repente, ante la sorpresa generaliza de éstos y aquellos se pone a jugar al fútbol –el Córdoba, digo- como si fuera un candidato a subir. Con desparpajo, con profundidad, con entusiasmo. No le frenó ni siquiera que al único central nato, Héctor Rodas, le partiera la nariz en el minuto cuarto el agresivo Emaná (parece que con los años lo que pierde de fútbol lo gana de boxeo).

En esas llegó el Rodri tras buena jugada de Pedro Ríos. Y la recomposición de la línea de tres centrales con Edu Ramos como comodín.

paramicronica

Y, de golpe, Pedro Ríos decide meter el codo en una jugada aparentemente inocua y ve la roja por culpa del buen ojo del auxiliar. Acto seguido, el Nàstic empata porque Perone remató demasiado cómodo y porque Razak no estaba bien colocado.

El partido, ya en el minuto 18, se había convertido en una cuestión épica. En un “ya está bien”; en un “¿qué puede salir mal?”.

Pero no, el destino todavía podía ser más cruel. Se recompone el Córdoba y mantiene muy a raya al Nàstic. Ni los cambios ni la parcial actuación del árbitro Ais Reig –quien ya tiene antecedentes de malas actuaciones esta misma temporada- mejoran a los tarraconenses, que no encuentran huecos en la bien pertrechada retaguardia de Carrión, que ya optó por un 4-4-1 en el que todos –o casi- cumplían con su cometido.

A Caballero, que estaba jugando bastante bien, se le fastidia el isquio y entra Esteve. Y también cumple. También cumplió Bergdich en los últimos minutos.

El Córdoba y su técnico entienden bien el partido, lo controlan y anulan a un rival que apenas crea dos ocasiones durante ochenta minutos con un efectivo más.

Pero quedaba el último requiebro de la suerte o de lo sea. Ais Reis decide prorrogar cuatro minutos el partido –castigo excesivo porque apenas se produjeron tres cambios en la segunda parte- y, al ver que no era suficiente, acuerda también que el Nàstic ataque por una última vez en el minuto 94 y treinta segundos. Y, claro, quedaba algo por salir mal. Un despeje, un rebote, un balón que le cae a Barreiro y gol.

El partido se prolongó otros dos minutos más para demostrar lo mal árbitro que es el valenciano y para que todo el cordobesismo se preguntara por el castigo que cometieron. Para que se siga pensando que este año toca dolor infinito. Para que los pesimistas obtengan coartada para decir aquello de “si jugando bien perdemos…”.

¿Qué puede salirle mal a una plantilla con buena voluntad pero mal estructurada desde el principio? Naturalmente, de todo.

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