Ni alma (1-0)

¿Por dónde empezar? Pongamos que empezamos hablando de un 1 de febrero, de cuando se le dice a la prensa –y en consecuencia al cordobesismo- que este Córdoba podía tirar hasta final de temporada más o menos con lo que hay. Que por un partido que se empató a cero ya se podía confiar en los zagueros que se tienen y que, como al técnico le gusta jugar con un punta, con lo que hay ya va sobrado. Y si no, para eso está Juli.

Pues no. No es cuestión de poner a uno o a otro. Es que, simplemente y por razones más o menos desconocidas, los defensas que juegan en el Córdoba ahora mismo defienden mal y los delanteros atacan mal. Por eso era necesario firmar otros. No tanto por número sino por calidad o circunstancias.

En Lugo no bastó –una vez más- con una puesta en escena digna. Presión alta, valentía e incluso tímidos acercamientos. Pero, ¿qué podía hacer Juli peleando contra dos molinos? Y, ¿qué se le puede pedir a Markovic en su primera –jornada 24ª- titularidad esta temporada? De los creativos, se podría salvar la labor de Aguza y el golpeo a balón parado de Javi Lara. Probablemente sea por los pocos minutos que llevan compitiendo en esta plantilla que se no les haya pegado aún de este extraño y gravísimo mal.

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Porque, en defensa y a pesar de no haber encajado nada más que un gol, el equipo estuvo otra vez mal. El Lugo cabeceó prácticamente todos los balones colgados al área y, en determinadas acciones, resultó desquiciante la soledad de los atacantes gallegos cada vez que no se llevaba a cabo bien –es decir: siempre- el fuera de juego. Para colmo, Antoñito y Héctor Rodas cometieron una serie de faltas absurdas, de impotencia y desesperación, que iban suponiendo ocasiones de más o menos peligro del Lugo. En suma, mal. Y en defensa, en el Anxo Carro, únicamente había una baja: la de Deivid, que lleva siéndolo desde septiembre pero no se creía oportuno buscarle un recambio (bueno, perdón en defensa también estaba la baja de Edu Ramos, que al parecer también puede jugar en esa posición según nos contaron).

Tampoco los cambios se ganaron su sueldo bajo la lluvia. Moha Traoré, indolente, casi ni peleaba en su segundo partido en LFP. Parecía como si no fuera su guerra. Como si fuera otro encuentro que juega a desgana en Segunda B. Guille Donoso, por su parte, tardó como tres o cuatro años en finalizar la única ocasión de peligro del Córdoba en la segunda mitad. Naturalmente, para entonces –no todas las defensas reaccionan tan tarde- tenía a cuatro rivales impidiéndole marcar.

En la segunda parte, de hecho y tras el gol afortunado de Joselu, fue el Lugo quien pudo haber marcado los goles que hubiera necesitado. Ni un último empuje final, ni fe, ni ilusión por sumar… ni miedo al descenso que se acerca. El Córdoba no está descompuesto, está peor. Atraviesa un periodo entre letárgico y abúlico que puede terminar en un escenario terrible. No tiene, ahora mismo, ni alma.

Pero no, no hacían falta fichajes. No, ‘ni ná’

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