Frágiles, inermes, tristes (2-0)

Hasta llovió sobre Santa Cruz este sábado. Y justo cuando empezó a llover, empezó el Córdoba a hacer oposiciones para perder el partido. Uno escucha tantas cosas y lee otras tantas que no sabe qué pensar ni qué creer. O, lo que es peor, a quién creer.

Que este Córdoba está mal es tan indiscutible como que podría estar mejor. No es una boutade lo que escribo, aunque lo parezca. A poco que a este equipo se le reforzara en varias demarcaciones –claramente: dos zagueros –central y lateral zurdo- y un delantero con gol– podría convertir decepciones en alegrías. Tal vez no diera para subir, pero al menos sí para vivir ilusionados como el año pasado hasta el final. O, al menos, para no sufrir tanto.

Pero en el club hay quien dice que hay quien dice que no se debe fichar. Y hay quien dice que otros le dicen que no se puede fichar lo que piden. Suena a trabalenguas, pero si lo leéis despacio lo entenderéis fácilmente.

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En esas discusiones, de esa lucha de egos o de cojones, siempre hay un perdedor: el club en el que se viven. En este caso, el Córdoba.

En el Heliodoro se volvieron a ver todas las caras que tiene este equipo. El descaro y la valentía sin premio de momentos de la primera mitad –el gol que no entra en el 26’ es una mezcla de suerte, intensidad de los defensores del Tenerife y tino del portero- y el horroroso final cuando se empieza a sentir que el partido se escapa.

Y… ¿cómo se escapa un partido así? Pues igual que siempre, porque el equipo sufre muchísimo por ambos costados y porque en el centro de la defensa, sin Deivid, carecemos de contundencia y de temple. Que en el gol de Lozano el hondureño tiene suerte en el rebote es tan evidente como que el despeje de Bijimine es impropio de un profesional; que en el segundo hay tantos méritos en el pase de Amath y la resolución de Omar es tan cierto como que el equipo tarda un mundo en replegar (y lo hace mal).

El resumen del encuentro lo podría escenificar el pobre de Piovaccari –que al menos, cuando dispone de minutos, demuestra personalidad y ganas- peleando con el partido ya resuelto un balón en el lateral izquierdo de nuestra defensa. Tal era el desaguisado.

Lo peor no es lo que fue, ni lo que hay… es lo que puede ser. El Córdoba, desde que empezó 2017, es un equipo frágil e inerme. Desactivado para la competición. Triste. Y todo eso es lo peor que se puede decir para un conjunto que está más cerca de bajar que de subir.

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