El artificio creado por Red Bull en Leipzig apunta ya a la Champions

Leipzig es una de las ciudades con más tradición futbolera de Alemania. Allí nació en 1896 el Lokomotiv Leipzig –entonces llamado VfB Leipzig- que ganó el Campeonato Alemán –germen de la actual Bundesliga- en tres ocasiones (1903, 1906 y 1913), la Copa del 36 y otras tres copas de la Alemania Oriental tras la partición. Ahora compite en lo que sería una Segunda B alemana. También en Leipzig se gestó en 1899 –con el nombre de Britannia– otro gran club del este del país que luego, denominado por la varita comunista Chemie Leipzig, ganó dos Ligas de la R.D.A. y una Copa. Sirvan estos datos para ponernos en antecedentes de la historia de pasta y fútbol que vamos a tratar de explicar.  

Pues bien, el señor Dietrich Mateschitz –propietario de la conocida marca Red Bull- lleva una década queriendo hacer negocio con el fútbol. Primero compró en abril de 2005 el antiguo Austria Salzburg (o Casino) y le cambió casa, nombre y escudo. No le fue mal, porque ha ganado cuatro de las últimas siete ligas ya con el nombre Red Bull Salzburg. Eso sí, en Europa no puede llamarse así y ha de jugar como FC Salzburg y además un grupo de disidentes han re-creado el Austria Salzburg, que compite en Regional. Menos problema tuvo Mateschitz en Estados Unidos, por la escasa tradición futbolera de ese país. Su New York Red Bull –en el que ya han militado estrellas como Henry o Juan Pablo Ángel- compite sin problemas en la Conferencia Este de la MLS haciendo caja… o no.

 

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Aficionados del RB Leipzig en el Red Bull Stadion (Sportball)

 

Pero en Alemania se lo iban a poner un poco más difícil. Las estrictas normativas teutonas y el rechazo de las aficiones impidieron en 2006 que Red Bull comprara el Sachsen Leipzig (el nombre actual del Chemie). La idea se la dio el antiguo futbolista y actual multimillonario Franz Beckenbauer, que entendió que la ciudad sajona –con un estadio como el Zentralstadion con capacidad para 44.000 espectadores y recién remodelado para el Mundial– era la ideal para su proyecto.

Finalmente, como la Federación alemana no le dejaba empezar de la nada, en 2009 Mateschitz convenció, a base de pasta, claro, a los dirigentes del Markanstädt. 350.000 euros costó que el proyecto se pusiera en marcha. Partiendo de la Nord Oberliga –una quinta división alemana- se propusieron llegar en ocho temporadas a la élite. Le ha sobrado una. A base de invertir, invertir e invertir (hasta unos 50 millones de euros se calcula que se han gastado) el equipo ha ido progresando casi sin parar en su Red Bull Stadion, el antiguo Zentralstadion, a quien la empresa le cambió el nombre a cambio de mantenerlo en buen estado.

El año pasado, por ejemplo, pagaron 8 millones de euros por Selke –jugador de Werder Bremen- a quien enseguida sedujo el proyecto de Ralf Rangnick (entrenador con buen caché en el país tras su paso por Schalke y Hoffenheim) que este año dirige quien fuera técnico revelación de Alemania el año pasado, Hasenhüttl, del Ingolstadt.

Eso sí, el equipo no se puede llamar –por ley- Red Bull Leipzig, así que decidieron ponerle el rebuscado RasenBallSport Leipzig (“Deporte de pelota en césped”) para conservar las iniciales RB Leipzig, como las de Red Bull. Aparentemente, lo único que buscaban sus rectores.

Las cosas les van tan bien que no solo están ya en Bundesliga (el primer club del Este que lo consigue desde que bajara el Energie Cottbus en 2009), sino que después de siete jornadas se han metido en zona Champions, son terceros y aún no han perdido.

Pero en lo social no han conseguido, a pesar de que consiguen buenas entradas en el Red Bull Stadion, el respeto del resto de aficiones germanas. Primero fueron las de su propia ciudad las que trataron de boicotear su despegue –con serias amenazas incluso de los ultras de Lokomotiv y Sachsen- y después, conforme ha ido visitando campos por el país, ha sufrido episodios hostiles como en Berlín, cuando la afición del Union recibió al equipo sajón vestida de luto y con un cuarto de hora de silencio en protesta por “la muerte del fútbol”. Los aficionados del Erzgebirge Aue compararon en pancartas al dueño del club con dirigentes nazis. El delantero norteamericano Terrence Boyd llegó a sincerarse con The Guardian diciendo que “todo el país nos odia”.

Die Roten Bullen (los toros rojos) han llegado para quedarse y prosperar entre los grandes. ¿Una forma de sanear un deporte antaño deficitario? ¿Una manera de manipular a base de capital la naturaleza ancestral del fútbol? En cualquier caso, un hecho es evidente: incluso en un país con tanta tradición como Alemania, en el fútbol y con dinero se puede llegar a todas partes. ¿Incluso a la Champions?

Fuentes:

“Es casi un país entero que realmente nos odia”

http://www.fichajes.com/bundesliga/la-increible-ascension-del-rb-leipzig-el-club-mas-odiado-de-alemania_104509

http://www.marca.com/futbol/futbol-internacional/2016/05/20/573e0a19e5fdeaec498b457b.html

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