Goran Drulic, la mala suerte del fichaje maldito del Real Zaragoza

Sorprende que el Real Zaragoza esté en Segunda. Sigue siendo de los grandes de España y es poseedor de seis Copas, una Copa de Ferias y una Recopa. Tiene un estadio donde se han jugado partidos de un Mundial y de unos Juegos Olímpicos y una afición que sigue llenando en buena medida parte de sus 35.000 localidades.

Tal vez el hundimiento del club aragonés se explique mucho mejor recordando uno de los peores fichajes del fútbol español. Una historia de mala suerte y un jugador, en absoluto culpable de lo que ahora narraremos, que precisamente ahora es noticia en Zaragoza porque acaba de firmar como director deportivo del modesto RSD Santa Isabel. Es Goran Drulic, el refuerzo más caro de la historia del Zaragoza.

Drulic se vistió por primera vez la camiseta blanca con ribetes azules el 9 de julio de 2001. Su incorporación fue una sugerencia de Savo Milosevic, también serbio, quien a mitad de esa misma temporada volvió precisamente a la casa maña después de una corta experiencia en el Parma. Venía curtido por la guerra en su país, cuando –según contó en una entrevista a El Periódico de Aragón– el ruido de los cazas de la OTAN ensordecía sus partidos de UEFA (él recordaba uno ante el Leicester especialmente).

drulic

Por Drulic pagó el Zaragoza al Estrella Roja 2.200 millones de pesetas (más de 13 millones de euros). Su currículum reflejaba un breve paso por el Barça B que dirigió Juande Ramos en la 96-97 -14 partidos, 0 goles, un descenso a Tercera- y un buen puñado de goles en la Liga (aún) Yugoslava. En su presentación contó que su paso por Can Barça no debería resultar significativo porque “ahora soy mayor y tengo más experiencia”. Se decía incluso que por el futbolista –apodado el Vieri de los Balcanes– se había interesado el propio Barcelona, que vivía momentos de seria duda en aquellos tiempos. Su carta de presentación se completaba con cuatro goles al Celta en la Copa de la UEFA y sus cuatro internacionalidades con la selección de su país formando ataque junto con el propio Milosevic y Kezman.

La mala fortuna se cebó con Drulic desde que llegó. Una fuerte amigdalitis nada más aterrizar en España fue el preludio de su desgracia. Apenas ocho días después de comenzar la pretemporada con su equipo en Huesca se rompió el ligamento cruzado de su rodilla derecha, lo que le trajo a la memoria que ya se había roto los de su rodilla izquierda en un amistoso entre Estrella Roja y Real Madrid en 1999. Al presidente Solans la noticia le amargó sus vacaciones en alta mar.

Tardó Drulic ocho meses en estrenarse en partido oficial y participó en nueve choques de la recta final de esa triste temporada en la que el Zaragoza acabó descendiendo –la de la pelea de Acuña en Villarreal- después de 24 años seguidos en Primera.

El jugador –que tenía otros tres años de contrato- decidió quedarse en la categoría de Plata, pero tampoco a las órdenes de Paco Flores se ganó el puesto por culpa de sus interminables molestias en la rodilla y del trabajo de Yordi –coló 15 goles ese año-. Tres tantos terminó anotando ese año –uno en Copa a la Real y otros dos a Levante y Racing de Ferrol-.

El ascenso del club de La Romareda le dio aire a un Drulic cada vez más resignado. El jugador volvió a participar poco en una extraña temporada que concluyó –eso sí- con su mayor alegría como jugador en tierras españolas. Con Víctor Muñoz en el banquillo el Zaragoza conquistó su –hasta el momento- última Copa en una prórroga épica. Drulic no jugó ese partido, como casi toda la temporada. Otros tres tantos metió, dos en Copa al Betis y otro en Liga al Málaga.

Su última temporada como jugador del Zaragoza se saldó con otro fiasco. Siete partidos disputados y ninguna diana. Balance final: dividan trece millones entre seis goles. Una barbaridad.

Tras dejar España se fue a Bélgica a sufrir por la humedad en el Lokeren y luego a la más cálida liga griega en el OFI Creta. Terminó sus días como jugador repartiendo y recogiendo alegrías en equipos menores. Jugó en Andorra, La Muela y Sariñena. De cuatro años que pasó en Tercera, en tres de ellos subió.

La mala suerte de Drulic en lo que a salud se refiere, eso sí, no parece haberle dejado de acompañar. Hace unos años, mientras se sacaba en su país el título de entrenador, tuvo un accidente en el que se quedó a diez centímetros de morir. Perdió más de un litro y medio de sangre por una lesión en su estómago según relató a El Periódico.

Ahora, en el modesto Santa Isabel y alejado de la presión de las cámaras y del dinero Drulic quiere volver a ser feliz. Cerca y lejos del serbio, el Real Zaragoza también aspira a serlo sin necesidad de hacer tamañas arriesgadas inversiones.

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