Entrevista con Miguel Pardeza: “Hoy en día la calidad ha cedido ante la estadística”

Su infancia son recuerdos de una larga recta adoquinada de casas blanquísimas. Y de un balón que siempre olía a pastelitos de Cropan. Miguel Pardeza fue futbolista, luego Director Deportivo y ahora es escritor. Le hicieron parte de una Quinta, pero podría haberse sentido miembro de una generación. Cuando le apodaron “ratoncito” no repararon en que no sólo lo era del área, sino también de biblioteca. Epató en una conversación incluso a Vila-Matas, quien tal vez esperara a alguien que le dijera aquello de que “el fútbol es así” y terminó asumiendo que Pardeza no era Van Basten, pero tenía mucho más que goles que contar. En su libro, Torneo (Editorial Malpaso), habla del niño introvertido y decidido a triunfar que da el salto a la madurez a golpe de pelota. Y de la vida, que viene a ser lo mismo.

-Usted comienza su libro recordando, entre otros, a Javier Marías cuando habla del fútbol como forma sana de preservación de la infancia. ¿Es aún el fútbol un juego de niños?

-No, no creo que sea un juego de niños. Es un juego de profesionales que se mueve en un mundo muy complejo. Lo que sí me parece es que el fútbol también recupera de alguna forma una cierta mirada inocente, la del aficionado que va allí a recuperar parte de las emociones, sensaciones y sentimientos que empezó a cuajar o a tener de pequeño.

-Para conservar esa esencia lúdica, se mueve mucho dinero con el balón. ¿Demasiado para ser romántico?

-No sé si es mucho o poco dinero. Vivimos en un mundo en el que todo es excesivo. El fútbol como parte del mundo contemporáneo no ha sido capaz de librarse. Por otro lado es hacer un ejercicio innecesario hablar si mucho o poco, es el que es. El fútbol se ha convertido en un fenómeno de una dimensión estratosférica y era inevitable que el dinero tarde o temprano terminara por llegar.

-¿Somos demasiado nostálgicos los futboleros de cierta edad o tenemos motivos para serlo?

-Lo que invita a la nostalgia es la propia edad. A medida que se van cumpliendo los años se va sintiendo nostalgia por muchas cosas. No me extraña que el fútbol al aficionado le genere la tentación de sentir esa nostalgia, pero el fútbol no tiene por qué ser nostalgia. Goethe decía que la nostalgia tiene que ser también una forma de saber mirar hacia delante y de tener sensaciones más creativas.

-¿Es el jugador actual más narcisista que el de sus tiempos? ¿Por qué ya no hay casi futbolistas calvos o bigotudos?

-(Risas) Me imagino que será porque la especie ha mejorado (risas). No lo sé. Vivimos en un momento de una preponderancia del valor de la imagen tremenda. El futbolista siempre ha sido coqueto porque se ha sentido siempre vigilado y observado, pero evidentemente vivimos en un mundo en el que el poder de la imagen ha cobrado un significado muy especial. En ese contexto no es extraño que el futbolista cuide más su imagen que en otras épocas.

-Escribe usted recordando sus primeros pasos: “el triunfo era el logro, no las consecuencias”. ¿En qué momento cambia ese chip un futbolista?

-No lo sé, sinceramente. No sería capaz de generalizar. Hay tres momentos claves en la historia de un jugador: cuando empieza, el desarrollo de su carrera profesional y otra también muy difícil, cuando termina. Ajustar y ordenar todas las sensaciones que cada etapa te va infligiendo cada etapa es algo muy individual.

-Handke, Benedetti, Nabokov, Camus… todos porteros de mayor o menor éxito. ¿Casualidad? ¿Tiene el guardameta una posición que invita más a la introspección y a la escritura?

-A lo mejor debe ser porque el portero es un observador. Aparte de un jugador de campo es el que más tiempo pasa mirando el juego. Tal vez eso les dé una perspectiva diferente.

ficha-infantil-pardeza

-Por cierto, Handke escribió sobre el miedo del portero ante el penalti, pero como delantero, ¿no se siente más angustia ante ese mismo lance por si se falla?

-El título de Handke podría haberse invertido: “el miedo del delantero ante el penalti”. Es mucha más responsabilidad la que tiene el lanzador que el portero. Me imagino que el título se refiere más a la experiencia personal del escritor.

-Dijo Pelé, creo que fue Pelé, que en sus tiempos cada selección tenía un jugador de talla mundial y ahora parece que sólo hay dos en todo el mundo.

-Sí, creo que puedo estar totalmente de acuerdo. La calidad ha cedido ante la estadística desde hace bastante tiempo. En las selecciones nacionales antes había tres o cuatro jugadores de gran valía y hoy cuesta bastante verlo. Incluso en los clubes cuesta ver jugadores de calidad individual notable. Hoy día hay principios que están por delante de otros y uno de los mayores sacrificados ha sido para mí el talento individual que se ha subordinado tal vez en exceso al valor colectivo o del equipo.

-Si tuviera que definir el Real Madrid en una palabra…

-Un equipo ligado a la palabra éxito desde hace muchos años.

“HAY QUE DIFERENCIAR ENTRE PAGAR ELEVADAS CANTIDADES POR UN JUGADOR QUE PUEDE HACER CAMBIAR LA HISTORIA DEL FÚTBOL Y HACERLO POR OTRO QUE ESTÁ MUY LEJOS DE ESO”

-Se lo tengo que preguntar: ¿hubiera autorizado el pago de 120 millones por Pogba o por cualquier otro jugador mientras trabajó para el Madrid?

-El problema de pagar mucho o poco dinero es cuestión de los recursos que se tengan y del precio del mercado. A mí cualquier cantidad de esa categoría me parece muchísimo dinero, pero hay que diferenciar muy bien entre pagar mucho dinero por jugadores que pueden marcar una época como Cristiano o Messi y hacerlo por otros que desde mi punto de vista están muy lejos de estos dos jugadores que ya están en la historia del fútbol mundial.

-Ya que habla de Cristiano. Usted le conoce muy bien. ¿Qué es lo mejor y lo peor de él?

-Es un jugador tremendamente ganador. Lo ha venido demostrando a lo largo de todo este tiempo. ¿Lo peor? No sabría decirte, creo que es un jugador verdaderamente extraordinario que le ha dado muchísimo al Madrid. Sinceramente, durante el tiempo que le he conocido como jugador y como persona no tengo ningún reproche que hacerle.

-¿Se puede decir que usted prefirió ser cabeza de ratón en Zaragoza a cola de león en Barcelona? ¿O la historia es diferente a como la cuenta?

-Hubo una opción en un momento dado, es verdad que el Barcelona se interesó por mí, pero no cuajó. Nunca me arrepentí, porque la verdad es que no me gusta arrepentirme de las decisiones que tomo ni de las circunstancias que me tocan vivir. También me fui de Madrid dejando la que había sido mi casa desde los catorce años y lo hice totalmente convencido de que era mi mejor opción. Arrepentirse no tiene mucho sentido ni revisar el pasado.

pardeza

-También le tengo que preguntar por el gol de Nayim. Un gol así, ¿no da para una novela?

-Sí, podría ser un buen punto de partida para una novela. Lo que pasa es que el fútbol, lo que es el juego en sí, es una especie de tragedia, de drama en sí mismo, que en muchas ocasiones deja muy poco margen para la imaginación y la literatura es fundamentalmente imaginación. Es uno de los grandes problemas que tiene el fútbol a la hora de presentar una historia que se ponga a la altura del juego mismo.

-¿Por qué ya -casi- no le pasan cosas así a los equipos medianos?

-Porque la distancia entre los medianos y los grandes cada vez es mayor. Las diferencias se han acusado de manera importante y es más difícil. Cada vez cuesta más ver en equipos de mitad de la tabla para abajo a jugadores que por sí mismos llamen la atención. En aquel Zaragoza había futbolistas de gran valía individual y el Zaragoza ahora mismo está en Segunda división. Y lo mismo podríamos hablar de otros equipos que vivieron momentos de gloria y que ahora tienen muy difícil repetirlos.

-En Zaragoza pasó de ratoncito a ratón de biblioteca

-Yo siempre he estado muy liado con los libros y el fútbol. En Torneo hago un homenaje a un niño que amaba el fútbol y los libros. Para mí jugar y leer han formado parte siempre de mi propia vida y son dos facetas indisolubles.

-¿Por qué eligió hacer su tesis doctoral sobre la obra de César González-Ruano?

-Fueron casualidades del momento. Quería trabajar sobre una tesis y estaba muy interesado en autores relacionados con la bohemia española, ya conocía al personaje, lo había leído y me parecía un gran escritor. Se dio la coincidencia de que no había ninguna tesis sobre él y trabajé durante tres años en ese autor. He de decir que no llegué a leer la tesis, pero pude editar casi toda su obra periodística gracias a la Fundación MAPFRE. Fue una conjunción de circunstancias que me llevaron a él.

“BORGES FUE UN MAESTO, PERO DIJO MUCHAS TONTERÍAS TAMBIÉN”

-¿Cómo lleva que Borges -creo que uno de sus escritores favoritos- dijera que el fútbol es estúpido?

-Bueno, es que dentro de que es un maestro y de los mejores escritores de todos los tiempos en lengua española, dijo muchas tonterías. Los genios no están libres de decir tonterías. Borges dijo unas cuantas y una de ellas fue esta del fútbol. Pero hay que comprenderlo dentro del personaje y de lo que el fútbol representa para la cultura argentina.

-Le pongo a prueba: Sabe de quién son unos versos que terminan: “¡Dios mío!, he visto tantas y tantas cosas que me da miedo contarlas con detalle” (Gamoneda)

-No lo sé, sinceramente.

-¿Podría ponerle a usted esos versos en su boca?

-Bueno, he visto muchas cosas… pero por suerte he visto más agradables que desagradables. El mundo del fútbol vive en una especie de representación que canta a la alegría, pero tiene sus cosas oscuras. En el libro intento profundizar en esos recovecos no tan glamurosos como se nos quiere vender del fútbol. Las historias personales de los jugadores muchas veces no son tan halagüeñas.

-Si alguno de los chavales con los que compartió a principios de los ochenta ese Hostal de la calle Matute de Madrid viera cómo viven los jóvenes futbolistas en la actualidad…

-Se quedarían maravillados. Conozco la Massía y Valdebebas y son recintos privilegiados, pienso que de todos modos no podría ser de otra manera porque hablamos de futuras promesas. Estamos hablando de que yo llegué en el 79 a Madrid y el Real Madrid no era el club que es hoy en día y era una práctica habitual que los niños fueran acogidos en un Hostal al cuidado de una familia, que por cierto nos trataron de manera fabulosa.

-¿No da la sensación de que en esas fábricas de talento se tiende a producir un jugador en serie?

-Las canteras tienden a fabricar jugadores en serie. Es muy difícil que los equipos renieguen de su propio espíritu. El Barcelona siempre ha sacado un tipo de jugador y el Madrid otro totalmente diferente. Cada cantera trabaja en función de la idiosincrasia de cada club. Está claro que cada club trabaja con una idea y el resultado ha de ser diferente.

“EL GOL DE NAYIM EN PARÍS PODRÍA SER UN BUEN PUNTO DE PARTIDA PARA UNA NOVELA”

– Sobre su libro dijo usted que decepcionará a la gente del fútbol y a la gente de la literatura. ¿Y a los futboleros ilustrados? ¿O es un oxímoron?

-(Risas). Lo pongo sencillamente porque es un libro un poco raro en el sentido de que de mí se podría esperar de mí un libro más futbolero. Indudablemente para un literato puro y duro tal vez haya demasiado elemento futbolero como para ser considerado. Se mueve en un mundo más bien híbrido, bastardo… en el que se habla de fútbol con ciertas aspiraciones literarias y la literatura muchas veces cae o incurre en pasajes demasiado futbolísticos.

-En suma. ¿Es o fue Miguel Pardeza un verso suelto del mundo del fútbol?

-No lo sé. He intentado llevar mi vida según lo he entendido. Nunca me lo ha planteado realmente. He sido jugador de fútbol durante muchísimos años, tengo muchísimos amigos y es un mundo con el que siempre me he identificado y también tengo muchos amigos en el mundo de la literatura. Siempre me he movido en ese doble terreno, no sé lo raro que pueda resultarle a los demás. Han sido los dos pilares en los que se ha basado mi vida. No sé lo raro que le puede parecer a los demás. Ya es un poco tarde para que eso se pueda cambiar.

-La última, el otro día escribió el sociólogo Manuel Pandianes en su artículo “El fútbol, religión del siglo XXI”: “El fútbol puede que no se trate más que de llenar el vacío existencial”. ¿Qué le ha dado al escritor Miguel Pardeza el fútbol?

-A mí me lo ha dado todo. Lo escribí en una nota aclaratoria. Me dio un futuro, una vida, la posibilidad de crear una familia, el contar con recursos que me han permitido elegir y todo eso es un pago muy difícil de terminar de agradecer. No me explico ni me entiendo sin haber sido jugador de fútbol. Mi agradecimiento a ese deporte es absolutamente incondicional.

AGRADECIMIENTOS A LA EDITORIAL MALPASO

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