El perfil: Andone

¿Qué es lo bello? La belleza también puede estar en la delicada atención con la que, por ejemplo, Caravaggio pinta la suciedad de los pies de Cristo. Categóricamente, lo bueno y lo malo no existen realmente en el fútbol. Lo que es bueno para unos puede no serlo para otros. Rattin fue héroe en Argentina y demonio en Inglaterra; Cantona, villano para casi todos y santo con cuernos en Old Trafford; a Goicoechea le llamaron asesino en Barcelona, pero aún le veneran en San Mamés. Andone pisa todo lo que tiene por delante. Por eso, a veces, tiene los pies hermosamente manchados, como los Cristos de Caravaggio.

Andone se irá del Córdoba sin haber sido jamás presentado. Llegó de puntillas como refuerzo para la cantera. Por twitter, explicó que ir al Córdoba era “un sueño hecho realidad”. Soñar. Se ha hinchado de soñar. Sus referencias anteriores: doce goles en el Baleares, un paso corto por el Castellón e invisible por el Villarreal B. Debajo de su noticia en Marca un tal “el_descapuxao” daba fe: “he visto a ese jugador y es impresionante cómo se mueve en el campo y cómo busca el balón. Es desconcertante para la defensa y juega con muchas ganas. No sólo jugará en el primer equipo sino que llegará a ser titular en muchos partidos. El Córdoba acabará sacando mucho dinero por él en un futuro”.

Andone Aveldaño

No le vi jugar en el Córdoba B, su primer destino, en ninguno de sus ocho partidos. El primer día que se vistió con el primer equipo tardó menos de un minuto en ver una tarjeta amarilla. Salió como astado desde toriles y embistió al primer jugador del Granada que se le puso cerca en pos del balón. Ese partido –probablemente el peor de todo ese año y es mucho decir- fue el 3 de diciembre de 2014. Un encuentro de Copa en un ambiente desangelado y frío. Dos semanas después, Andone metió su primer gol con el Córdoba, pero nadie pudo verlo. Su leyenda como rebelde del área nació entre la niebla, como el héroe de José Hierro “le hizo hombre la guerra: le dio fe, lejanías y llamas. Llegó hasta el mar; el mar le hizo sentirse libre; mojó en el mar su cuerpo, conquistó tierras, hizo prisioneros…”. Se supone que remató un centro desde la derecha de cabeza y sintió la gloria al deslizarse sobre el verde y mover el banderín del saque de esquina y “bebió vino de muerte, sintió tristeza y sintió ira”. Y se hizo adicto al gol.

Vi algo en él. No era fútbol, era otra cosa. Y recuerdo haber tenido una charla con gente del club preguntándoles si no podría ser una solución real para el impotente ataque de Primera. Djukic, sin escucharme naturalmente, lo vio factible y le dio la oportunidad. Y Andone aprovechó para hacer un master de Primera en un instituto desolado. Sólo su fe y sus ganas le hacían el mejor de un grupo hundido y desmoralizado. Encima, de tanto en cuanto, metía goles (uno de ellos, ante el Eibar, el más rápido que ha metido en su historia el Córdoba). Era lo que una afición herida en el orgullo necesitaba. “Queremos once Andones”, pedían muchos. Fue una tirita en la dolorosa herida del paso por Primera.

Andone celebra gol

Después del natural interés de otros equipos, renovó para seguir creciendo en Segunda, con lo que demostró estar bien aconsejado. En una categoría donde jugar con los codos es casi tan importante como jugar con los pies no se ha achantado y ha peleado con casi todas las defensas y aficiones rivales. Es muy comprensible que genere tanta animadversión en todas las latitudes. Es un antihéroe entendido como el bueno que no debería serlo. Además, es capaz de convertir –siguiendo la estela de grandes peloteros- la siempre maleable ira ajena en coraje y tino. Parece que le encanta que le piten. Que le aburre lo templado. Genera al mismo tiempo odio y envidia.

No ha ocultado su personalidad en los entrenamientos, discutiendo abiertamente con entrenador y compañeros, con indisimulada vehemencia. No se ha cortado tampoco a la hora de chinchar a la afición, con cierta injusticia porque la grada de El Arcángel le venera. Todos saben cómo es y parece no importarles su actitud –casi nunca le he visto recoger la portería tras las sesiones-. Saben que si el Córdoba sigue vivo en la lucha por subir este año es en gran medida por las 21 veces que ha mordido el vampiro del gol y le ven como un Martin Riggs de Arma Letal. Él lo hace todo a su manera. Sobre el verde es leal únicamente a una cosa: su escudo y sus colores. Y a su servicio, a nuestro servicio, ha hecho cosas extraordinarias.

Nunca he cruzado una palabra con Florin Andone. No sé si es un buen tipo. Tampoco sé si es un buen compañero. Desconozco sus filias y sus manías. No me importa en absoluto. Le vi jugar su primer y su último partido con este equipo. Y, entre medias, vi todos los demás. Sólo sé una cosa de Florin Andone: siempre querré a un jugador como él en mi equipo. Y le echaremos de menos en Córdoba.

Andone Huesca

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