El origen del “Pam-Pam, orellut”

Conforme va terminando mayo y comenzando junio el fútbol mediano y modesto agita el letargo en el que muchas veces viven sus aficiones. Los estadios de capitales de provincia sin suerte o de pequeñas localidades con hambre se atestan para sufrir durante 180 minutos de vértigo a cara de perro. Ascenso o muerte en muchos casos. Gloria o caos.

Mirando la lista de clubs que tratan de dar el salto a Segunda B, a fieles añejos del fútbol les sonarán los nombres de Gimnástica de Torrelavega, Europa, Badajoz, Extremadura, Avilés… pero sobre todos ellos el del Club Deportivo Castellón. Sin duda, el equipo con mejor palmarés de los que están luchando estos días por subir a la categoría de bronce.

Pampamorellut

El Castellón nació en 1919, aunque empezó llamándose C.D. Cervantes y vistiendo los colores de la enseña tricolor republicana porque los trabajadores que formaban el club estaban apoyados por el Centro Republicano de la capital de La Plana. En el 22 ya tomó su nombre actual y adoptó una indumentaria singular, con una camiseta a rayas verde (por el color del campo), naranja (por la fruta) y azul (por el mar). No era sencillo en aquellos tiempos encontrar camisetas tan policromadas, así que pronto mutaron a sus actuales albinegras.

Aunque ahora estén en un momento oscuro (desde el año 2011, tras un descenso por motivos económicos, no pisan ni siquiera Segunda B), el Castellón fue un grande en los años 30 y 40, llegando a disputarle la liga 42-43 al Athletic Club. Únicamente una derrota en la antepenúltima jornada ante el Celta (5-0) les hizo ceder hasta terminar cuartos, su mejor clasificación histórica. Once años en Primera, una final de Copa –en el 73, perdida también ante el Athletic (2-0)– y, sobre todo, un grito de guerra que se ha convertido en su seña de identidad: “Pam-pam, orellut”.

El origen de este cántico nace en los años veinte. En esa época defendía la portería del club José Alanga, debía ser muy bueno porque su fama infundía temor en los rivales según se cuenta. Alanga tenía una mascota que colocaba detrás de su portería: un elefante de ébano que su hermano le trajo de las guerras del Rif. Cuando el arquero realizaba bien su trabajo, sus incondicionales le decían “Ole, Orellut”. Por esos mismos tiempos, acudía al campo de Sequiol un aficionado llamado Jaime Varella, que debía ser todo un personaje. El hombre siempre aplaudía dos veces para animar a los suyos (“pam, pam”) y, por lo visto, tenía unas orejas desproporcionadas. Otros correligionarios cachondos cada vez que daba las dos palmas le gritaban “¡Orellut!” y cuando Varella se mosqueaba señalaban con rapidez el elefante de Alanga. De ahí el origen de un cántico que se completaba entonces con un “¡…el Valencia ha perdut!” (la rivalidad entre ambos era encendida).

El Castellón quedó tercero este año en su grupo de Tercera. El pasado fin de semana cerca de 9.000 personas acudieron a la ida de los cuartos de final de su tortuoso camino hacia Segunda B. El rival era el Peña Deportiva de Santa Eulalia. Ganaron 1-0. En la grada los herederos de Varella y los que se mofaban de él desplegaron un enorme tifo: “Recordem la història, recobrem la glòria”. No necesita traducción. Pam, pam…orellut.

Fuentes:

http://www.pampamorellut.com/archivos/historia4.htm

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