De Felipe, el hombre que descubrió que Santillana sólo tenía un riñón

Pedro De Felipe, que hoy falleció víctima de un cáncer, tenía dos personalidades. Dentro del campo era un león, un fiero central que no duda al emplear cualquier artimaña para desestabilizar al rival. Fuera de él, según cuentan quienes le conocieron bien, un trozo de pan. Tan fiero era que en los entrenamientos sus compañeros –y amigos en muchos casos- debían colocarse espinilleras para protegerse de su ímpetu. Cuando un delantero sacaba a relucir su talento, De Felipe sacaba sus codos a pasear. Se hizo un hueco en el Madrid para sustituir a Santamaría y lo hizo tan bien que fue clave para llevarse la Copa de Europa de los ye-yés en el 66 formando zaga con Sanchís, Zoco y Miera y a las órdenes de Miguel Muñoz.

Después de ocho temporadas de merengue, el Chino (tal era su apodo por sus ojos rasgados) terminó perdiendo su preponderancia después de sufrir unos problemas en el menisco en beneficio de Goyo Benito, que tampoco se quedaba atrás en contundencia y fue traspasado al Espanyol, donde disputaría otras seis campañas en Primera. Allí coincidiría con Santamaría, al que sustituyó en el banquillo como técnico, y con los cordobeses Juan Verdugo y Manolín Cuesta.

Pedro De Felipe

Fuente: RTVE

Y fue como perico cuando viviría una de sus anécdotas más curiosas. El 21 de abril de 1973 se enfrentó en Sarriá por primera vez a su ex equipo. El Espanyol luchaba por la Liga con el propio Real Madrid, el Barcelona y el Atlético. Aquella era la primera campaña de Carlos Santillana como delantero merengue. En el minuto 28, De Felipe va con todo a un balón dividido y en su camino aparece el cántabro, que se lleva un tremendo rodillazo en el vientre. Tan fuerte es el golpe que no puede continuar el delantero y es sustituido por Anzarda. Una vez en los vestuarios, Santillana orina sangre y se preocupa. La sorpresa le llega una vez que le hacen las pertinentes pruebas médicas, tal y como relató a Off Side Magazine: “Entonces las pruebas no se hacían igual, y descubrieron que congénitamente tenía solamente un riñón en el lado derecho. Al ser sólo uno, era más grande y hacía la función de dos. Ahí se creó una duda, con algunos médicos pensando si debía seguir jugando al fútbol, con la prensa expectante… Se me vino el mundo abajo, pero al final se me curó, vi al doctor Puigverd en Barcelona y me dijo que mi riñón funcionaba perfectamente. Hay un riesgo un poco mayor que para otras personas, pero es más algo psicológico, porque nunca había tenido nada. De hecho, hasta hoy no tuve nada. Pero lo pasé muy mal, porque ese asunto duró unos cuatro meses”.

De Felipe se retiró en 1978 después de haber desesperado a muchos delanteros (cuentan que desquició a Nico Jansen tanto en una eliminatoria de UEFA que el delantero del Feyenoord renunció a atacar y se retiró a su propia defensa). Nunca dejó el maldito vicio del tabaco, que tan caro le ha terminado costando.

Cuando dejó el fútbol activo trabajó en los despachos para Espanyol y Almería y fue el agente, una última curiosidad, que trajo de manera efímera a Pirri al Córdoba en 2002 con la idea de llevar por la vía rápida al equipo a Primera. Apenas duró lo que tardó en conocer la peculiar idiosincrasia del entonces propietario de la entidad.

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