El Decano #SOSRECRE

El abuelo se muere no por viejo, sino por pobre. Un puñado de mercaderes sin escrúpulos, sin alma y sin amor alguno por el fútbol ni por la vida le han desplumado hasta hacer de sus cuentas un solar y de la desesperación el estado de ánimo de sus seguidores.

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El viejo Colombino (Foto Alberto Domínguez. Huelva Noticias)

Recuerdo la primera vez que viajé a ver un partido en el Colombino. Fue la primera vez que viajaba a ver a mi equipo lejos de Córdoba. Era un adolescente repeinado y lleno de prejuicios respecto a las responsabilidades de SER de un equipo. Pensaba que podía resultar ofensivo hacer alarde de colores y pabellones propios en tierra ajena. Que enemigo y rival eran sinónimos en el mundo del aficionado. Que un grito más alto podía costarte un puñetazo o incluso la vida. Ya ven, un universo que oscilaría entre el dibujado por un libro de Hornby y por otro de aquel skin infiltrado bajo el seudónimo de Antonio Salas. Así ve mucha gente aún al seguidor medio.

Por eso, cuando me encontré en una enorme explanada rodeado de correligionarios y de los presuntos “enemigos”, estaba en principio en alerta. Justo hasta el primer plato de habas con chocos y la primera cerveza. Que la afición de un club prepare un recibimiento con comida y bebida de manera altruista para agasajar a la del rival al que en unas horas querrá doblegar luego en el campo es un fenómeno singular. El fútbol pierde en parte esa noción de guerra incruenta que explica Norbert Elias y se convierte en una fiesta civil en la que importa más la propia celebración de lo que en común se tiene –el propio amor a unos colores– que la disputa en sí de la victoria en juego.

Perdido el miedo, comimos y bebimos. Y nos perdimos en mitad de la nada en nuestro camino de vuelta hacia el estadio (lo cual tiene mérito porque Huelva no es una ciudad especialmente grande). Y entonces un señor que se parecía mucho a Joaquín Caparrós y que se llamaba Esteban nos recogió en su coche y nos acercó a los tres al estadio. Nos ahorró el taxi y, de paso, nos hizo un breve y singular recorrido turístico por su ciudad. A cambio, qué menos, le invitamos a un café. Quedamos en que a la vuelta nos tocaría a nosotros enseñarle Córdoba. Nuestros deseos eran bienintencionados y sinceros, pero nunca volvimos a ver a Esteban.

escudo del recre

En el campo, perdimos. Casi siempre perdíamos en Huelva. Y, en consecuencia, casi siempre nos tocaba hacer el camino de vuelta con la cabeza gacha y la sensación de que los hermanamientos (tal es el nombre que reciben estos actos) no nos sentaban bien. Pero era una droga que, una vez probada, siempre se repetía. Por ambos lados.

Porque si resulta singular que las aficiones de dos clubes que se enfrentan coman y beban juntas, más aún que la de uno viaje para animar al otro ante un tercero. Eso ocurrió –que yo sepa- hasta en tres ocasiones. Los 235 kilómetros que separan Huelva de Córdoba y Córdoba de Huelva han sido recorridos en ambas direcciones por personas decididas a prestar su voz a un sentimiento ajeno en el que se han visto involucradas casi sin darse cuenta. Es un ejemplo de que el fútbol toca resortes bien escondidos para el ser humano. También en su despedida, en un Colombino que estará de luto y abarrotado en lo más parecido a un funeral deportivo que se recuerde, habrá treinta, cuarenta o cincuenta representantes de mi equipo. Bravo por ellos. Lo cantaron muy bien unos caballeros en una parte de una murga: “y decirte que aquí me tienes dispuesto a sufrir, como tú has hecho conmigo”.

Hoy jugará el Recreativo de Huelva el que parece puede ser su último partido como club de fútbol. Tiene 126 años y el cáncer que lo está matando se llama fútbol moderno. Tal vez algún medio nacional le dedique estos días algún breve obituario. Naturalmente, siempre y cuando Piqué no haya usado su periscope o CR7 no se haya cambiado de peinado. No vayamos a volvernos locos.

Desde aquí, como se ha manifestado desde toda España independientemente de hermanamientos y rivalidades, mucho ánimo y eterna gratitud pase lo que pase por tan buenos ratos y tantas historias de fútbol.

 

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