Willy Tröger, la estrella goleadora a la que le faltaba una mano

Willy Tröger quería jugar de portero. O al menos, eso era lo que tenía en mente. En 1944, con la Guerra ya perdida, Hitler organizó el Volksturm, una milicia popular para la que se llamaba a filas a jóvenes y a ancianos (todo hombre entre los 16 y los 60 años). No consta si Tröger formaba parte de esa tropa de desesperados, pero fue justo en ese año cuando una granada le reventó su brazo derecho. Su mano quedó convertida en un muñón, frustrando así su carrera como guardameta prematuramente.

Pero Tröger debió ser un hombre de carácter y mucha fe en sus posibilidades, así que decidió reinventarse. Mucha culpa la tuvo el entrenador Walter Fritzsch, que dirigía el Wismut Cainsdorf de su Zwickau natal (equipo tradicionalmente obrero que, por cierto, resurgió de sus cenizas después de caer el nazismo). Una vez terminada la guerra y sanadas sus heridas físicas y mentales, Fritzsch convenció a Tröger para que ambos se fueran a jugar al Wismut Aue, que iba a competir en la recién creada Oberliga de la RDA.

El Wismut era un equipo normal de una ciudad pequeña (Aue apenas tiene actualmente 18.000 habitantes) al que, como le pasó al Vorwärts del que hablábamos hace unos días, le cambió el destino el gobierno comunista de la Alemania del Este.

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Willy Tröger se dispone a chutar a puerta en un partido con su Wismut Karl-Marx Stadt ante el Vorwärts de Berlín

 

A la ciudad de Chemnitz las autoridades, de un día para otro, la rebautizan como Karl-Marx Stadt (ciudad de Karl Marx) y con tan ilustre denominación necesitan un club a su altura. Así que trasladan al Wismut a dicha ciudad y lo refuerzan para hacerlo poderoso y que suene en Europa.

Así, el manco Tröger se convierte en la estrella anotadora (máximo goleador en la 54/55) del Wismut Karl-Marx Stadt que gana los campeonatos de 1955/56, 1956/57 y 1958/59. De paso, exponen el nombre del pensador por la Copa de Europa, llegando incluso a cuartos en la 59/60.

Con la selección de la RDA Tröger también se lució. De hecho, marcó por partida doble en el primer partido de su historia ante Rumanía en Bucarest (2-3). En total, con la camiseta azul oscura jugó quince veces y coló diez tantos.

Al final de su carrera deportiva, el portero al que la guerra le hizo delantero había anotado 114 goles en 237 partidos y se había convertido en toda una celebridad en su país. Tras su fallecimiento en 2004, el estadio del modesto Copitz de Pirna lleva su nombre. Un reconocimiento más a un hombre que perdió una mano, pero nunca su amor por ser jugador de fútbol.

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