Mi crónica: No te enfrentes a un hambriento (1-2)

Es un concepto muy arcaico, primitivo: “no te enfrentes a un hambriento”. El Córdoba, hoy por hoy, es una plantilla hambrienta. De puntos, de gloria, de reconocimiento… Está devorando pronósticos –hoy especialmente- y se ha asentado, contra viento y marea, en el primer puesto de la clasificación.

¿Por qué ganó el Córdoba en Montilivi? Por haber aplicado la lógica a su ferocidad. Por haber sido capaz de aburrir al rival, desquiciarlo y poner el encuentro en el momento justo de su lado. Porque, aunque marcaron los de siempre, brillaron casi más los cuatro de atrás. Porque, para colmo, de esos cuatro de retaguardia tres eran de circunstancias –tal vez ya no tanto-. Y no se notó.

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Los jugadores saludan a los desplazados a Montilivi al final del encuentro. Foto gentileza de Carlos Rodríguez ( @canblanquiverde )

 

El Córdoba dio la falsa sensación de entregar los primeros 45 minutos. Esperó el 5-3-2 del rival bien y no sufrió en exceso. Incluso Abel Moreno pudo haber marcado en una acción aislada. Era un encuentro aburrido para el público, pero precioso para estrategas. Fidel llegó a exteriorizar al final del partido que la primera parte no fue digna. Exceso de autocrítica, pero mejor que sobre que no que falte. Faltaba un chispazo y a chispazos –tontos fuimos por no imaginarlo, supongo- no nos supera nadie.

Apenas habían pasado seis minutos desde que volvieran del descanso. Un robo de balón en zona templada es siempre una ocasión de peligro para este Córdoba. Fue Dalmau quien se apropió de una pelota intrascendente. Él entregó el partido al Córdoba en bandeja. Xisco remató primero un chut que paró Becerra y Fidel –templado como siempre ante el arco- fusiló.

El Girona se descompuso con la misma rapidez con la que el Córdoba aumentó su renta. Un saque de esquina que lanzó Fidel lo empotró Andone nueve minutos después con su cabeza en la red de un desolado Becerra. Partido aparentemente resuelto, sobre todo porque Machín reaccionó tarde, dando entrada a Borja García y a Mata que fueron quienes cambiaron el encefalograma plano de los suyos. Para entonces, Oltra ya había recompuesto su once a un 4-1-4-1 con Markovic de enganche por Xisco y con Pedro Ríos en el lugar de Nando.

Y, a pesar de todo, el Girona pudo haber empatado porque el árbitro le colocó un gotero con un penalti justito que transformó Mata. Un momento de duda de Razak congeló el alma de los cordobesistas… pero este equipo renueva su instinto de supervivencia semana a semana.

Y que tiene hambre, muchísima hambre. Es justo lo que se precisa para triunfar en el fútbol y en la vida. Sueñen fuerte, sueñen alto y sueñen bien pensando en las caras de sus 150 camaradas presentes en Montilivi. El paso de hoy fue mayúsculo, pero quedan muchos más.

Así sonó el 0-1 en Cordobesismo Radio y así el 0-2.

JUGARON

POR EL GIRONA: Becerra; Aday, Kiko Olivas (Borja García, 75′), Alcalá, Lejeune, Clerc (Coris, 75′); Pons, Granell; Felipe Sanchón, Jairo (Mata, 68′), Sobrino.

POR EL CÓRDOBA: Razak, Dalmau, Gálvez, Deivid, Abel Moreno, Luso, Víctor Pérez, Nando (Pedro Ríos, 63′), Fidel, Xisco (Markovic, 75′) y Florin (De Tomás, 92′).

ÁRBITRO: Pizarro Gómez (madrileño). Amarilla a Jairo Morillas (38’), Isaac Becerra (55′), Granell (82′), Abel (17’), Nando (55’), López Silva (55′), Rafa Gálvez (87′) y Florin Andone (92′).

GOLES: 0-1: Fidel (51’); 0-2: Andone (60′); 1-2: Mata (88′)

ESTADIO: Montilivi, unos 3.000 espectadores, unos 150 de ellos cordobesistas.

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