El Couto Mixto: donde nadie podía quejarse de su nacionalidad

En pleno debate sobre identidades, respetos y silbidos, conocí el otro día la existencia de un rinconcito en el que, durante ocho siglos, sus habitantes podían decidir libremente si ser súbditos de nuestro Estado o serlo de la (entonces) corona portuguesa. Se trata del llamado Couto Mixto (Coto Mixto en castellano y Couto Misto en luso). Se encuentra ubicado geográficamente en la zona fronteriza ourensana e incluía varios pequeños municipios (entre Calvos de Randín y Baltar, las aldeas de Santiago de Rubiás, Rubiás dos Mixtos y Meaus). Poco más de dos mil hectáreas.

La razón de esta paradoja histórico-político-legal tiene tintes legendarios. La independencia del segundo condado portucalense merced al leonés Alfonso VI no dejó muy claras sus limes con los vecinos gallegos. Ya en mitad del siglo XII se construyó el poderoso Castillo de Piconha, que debía servir para controlar la recién constituida frontera y defender el valle del río Cavado y el Támega. Sancho I de Portugal le concedió a esa circunscripción unos fueros especiales con la finalidad de que el territorio resultase atractivo a los nuevos pobladores –vamos, lo que sería un paraíso fiscal en la actualidad-, permitiendo que pudieran redimir sus penas en esos dominios los criminales que no hubieran cometido falsificación de moneda, delito sexual o religioso. De facto, junto con otros privilegios que ahora explicaremos, eso sería un reconocimiento de su independencia.

coutomixto

Mapa del Couto Mixto, entre España y Portugal.

Es la explicación más verosímil, porque la mística cuenta la historia de una princesa desterrada y preñada que, atrapada entre la nieve en la Sierra de Pena, es salvada por vecinos de ese Couto. Como señal de reconocimiento, la parturienta les dio la plena autonomía.

Un ente autosuficiente no hubiera tenido viabilidad sin contar -estamos hablando de la Edad Media, donde la fuerza era casi siempre la Ley- con el respaldo de aristócratas poderosos y con buenos ejércitos. En el caso del Couto Mixto, primero la casa de Bragança, luego la de Lemos y también la de Monterrei guardaron su privilegiada circunstancia, teniendo que intervenir muchas veces ante las quejas de los vecinos gallegos y portugueses, que entendían que ese enclave servía de cobijo a criminales y contrabandistas (¿Les suena a lo de Gibraltar?).

Lo más singular del Couto Mixto fue el establecimiento de una primitiva pseudodemocracia. Funcionaba como una especie de República (cuya capital era la pequeña localidad de Santiago de Rubiás). Cada una de las tres aldeas que la integraban tenía derecho a elegir a un representante (“Hombre de acuerdo”) sobre los que tenía especial poder la figura de un Juez, que decidía en primera instancia sobre todas las medidas a adoptar en materia administrativa y atesoraba los tres poderes en su persona. Era elegido entre las gentes del Couto (estamos en época feudal, ojo).

Sus habitantes tenían unas libertades impensables hoy en día. Podían elegir si ser gallegos (luego castellanos), portugueses… o no tener ninguna de esas dos nacionalidades. La fórmula seguida era muy curiosa. El investigador Gonçalves da Costa opina que se decidía el día de la boda. Los que deseaban ser portugueses tomaban un vaso de vino a la honra y salud del Rey de Portugal, grabando la letra ‘P’ de Portugal junto a la puerta de su casa. Los que se decidían por la nacionalidad española, hacían un brindis por el Rey de España, disponiendo seguidamente la grabación de una ‘G’ de Galicia en la casa que serviría de domicilio conyugal.

Estatua en Santiago de Rubiás de Delfín Modesto Brandán, el último Juez del Couto Mixto

Estatua en Santiago de Rubiás de Delfín Modesto Brandán, el último Juez del Couto Mixto

Encima, no pagaban impuestos y podían cultivar y comerciar lo que desearan sin mesura alguna. Por si fuera poco, las autoridades españolas y portuguesas no tenían potestad para apresar a un súbdito del Couto en su suelo (y la tenencia de armas era absolutamente libre).

Además, en el territorio del Couto existía un camino privilegiado de seis kilómetros en el que todo aquel que lo transitara poseía inmunidad. Esto terminó por convertir esta región en un nido de malhechores, porque lo conectaba con la ciudad portuguesa de Tourem. Más que privilegiada, era una vía de escape para los perseguidos por los gobernantes gallegos.

Toda esta singularísima estructura se guardaba en un arca de madera que, desafortunadamente, se quemó durante la invasión napoleónica en 1809.

Esta situación se prolongó hasta bien entrado el siglo XIX. En 1864, Portugal y España deciden que la paradoja ya les chirría y se ponen manos a la obra para fijar una frontera estable, repartir los municipios –los grandes quedaron en suelo español- y así cambiar la vida de los apenas mil habitantes que vieron cómo su independencia se esfumó de la noche a la mañana.

Así acabó la historia del Couto Mixto. Una especie de Andorra gallega pobre en recursos naturales en la que durante muchos lustros no se necesitaron grandes alharacas ni símbolos ni banderas para vivir. Allí sería impensable que alguien pitara un himno. Cada cual era, simplemente, lo que deseaba ser.

Fuentes:

http://transgrediendo.com/?p=1737

http://usuaris.tinet.cat/sag/pepe/cotomixt.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Coto_Mixto

http://www.galiciatb.com/couto-mixto-republica-independiente-galicia/

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