La Generación de futbolistas argentinos del 62 que luchó en Las Malvinas y el sorteo que cambió sus vidas

En 1982 Héctor Rebasti era portero de las categorías inferiores del San Lorenzo de Almagro. En su día llegó a pararle un penalti a Ruggeri. En junio de ese 82, sin embargo, se encontraba lejos de su casa y de su pasión. Y demasiado cerca del peligro: “si yo lo único que sé hacer es jugar al fútbol. La noche antes de entrar en combate soñé que jugaba un partido de fútbol y que el rival eran todo grandotes y tiraban centros y yo tenía que volar y no tenía guantes… y sobre la hora nos ganan 1-0. Fue la única vez que me levanté transpirado en Malvinas. No quería morir. Quería hacer lo que sabía, que era jugar al fútbol”. Rebasti después de esa guerra desestimó varias ofertas para seguir jugando. Tuvo problemas con el alcohol y trabajó como empleado bancario hasta jubilarse en 2012.

Desde 1976 Argentina hasta 1983 estuvo gobernada por generales con mano de hierro. En el ocaso del régimen Leopoldo Galtieri decidió lanzar una operación de recuperación -los ingleses entienden que de invasión- de las Islas Malvinas, un archipiélago con valor estratégico y sentimental que era propiedad británica desde que lo ocupó en 1833. “Si quieren venir, que vengan. Les presentaremos batalla”, dijo Galtieri el 2 de abril de 1982. “Pirata, bruja y asesina” (en alusión a Thatcher)”; “Argentinazo: las Malvinas, recuperadas” fueron los titulares de algunos diarios argentinos de esos días. La idea del régimen: los ingleses no van a venir a 12.000 kilómetros para recuperar 12 kilómetros cuadrados. Pero vinieron. Y hubo guerra también para muchos futbolistas nacidos en 1962 y que en esos tiempos estaban haciendo la colimba -así se le llama allí a nuestra “mili”-. Doce jugadores argentinos de nivel pelearon en las Malvinas en unas condiciones lamentables ante soldados profesionales y bien pertrechados.

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Memorial de los caídos en Las Malvinas en Buenos Aires

Héctor Cuceli, que entonces empezaba en San Lorenzo y que después de la Guerra dejó el fútbol para trabajar de mecánico, recordaba que desde que les llevaron al archipiélago “estuvimos sesenta días sin nada. Sin combate ni nada. Eso te cansa más”. Un día se les ocurrió formar una pelota con plásticos y papeles para jugar un partido. Tenían las botas puestas, pero físicamente ya no estaban para partidos. El General Gerardo Núñez, responsable de que a los soldados no les faltaran víveres decía orgulloso en la intervenida cadena oficial que los soldados iban a volver a casa con algún kilo más.

Gustavo de Luca estaba en las categorías inferiores de River Plate, donde coincidió con Gorosito, Tapia o Goycoechea. Nunca llegó a firmar su primer contrato profesional en Argentina, pero sí siguió su carrera en Chile hasta el 96 (Santiago Wanderers y O’Higgins). En el 82 tuvo que dedicarse al pillaje por necesidad: “allí había 3.000 habitantes y se fueron casi 2.000. Nos estábamos muriendo de hambre y de frío y empezamos a saquear las casas que han quedado. No considerábamos que estábamos robando. Estábamos subsistiendo”.

Con el bloqueo británico el hambre empezó a acentuar la sensación de frío. El 2 de mayo el submarino nuclear Conqueror hundió el crucero General Belgrano y a Javier Dolard, entonces en Boca Junior se “le empezó a borrar la cara de mis viejos”. Omar de Felippe era defensa de Huracán y ahora es un exitoso entrenador que ascendió con tres equipos -entre ellos Independiente- e hizo campeón de su país al ecuatoriano Emelec: “en cada bombardeo lo que te quedaba era sentarte, fumar un cigarrillo y esperar que la bomba no te cayera allí”. Juan Colombo fue después delantero de Estudiantes y ganó el Nacional en el 83. En esos días lo tenía claro: “me decía: yo con una pierna menos no vuelvo. No quiero volver. Si no puedo volver a jugar al fútbol no quiero volver”.

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La selección argentina del 82 posa con un cartel reivindicativo (Marca)

El 14 de junio se ordena retirada. A los de la clase del 62 les piden que se echen a tierra y que calen sus bayonetas. Esperan el cuerpo a cuerpo. Nenes contra soldados profesionales. Héctor Cuceli contó: “los tiros empezamos a treinta o cuarenta metros. Perdimos a tres o cuatro compañeros. Los del Regimiento 3 de Infantería de La Tablada fuimos los que más aguantamos”.

El recién nombrado gobernador de las Malvinas argentinas, Menéndez, le cuenta ese día a Galtieri por teléfono: “Mi general, a esta tropa no se le puede exigir más después de lo que ha peleado”. Una bomba cae cerca de Gustavo de Luca. Piensa que se muere. No. Tiene esquirlas de metralla en el cuerpo y la cadera maltrecha. Sobrevivirá. Los soldados futbolistas se preparan en Puerto Argentino para un postrero combate que nunca empezará. El mismo 14 de junio su gobierno se rinde al británico. Las sensaciones se mezclan: alivio y pena. Muchos compañeros murieron por nada. “El fútbol me enseñó a ganar. Pero en la guerra no pude hacer nada” (Rebasti).

EL GRAFICO 1982
Maradona se lamenta durante el Argentina-Bélgica (El Gráfico)

En el barco de vuelta a Argentina, el transatlántico Camberra, a la hora del rancho los británicos les ponían cartelitos con los resultados de los partidos del Mundial de España. Debaten sobre si Kevin Keegan era mejor que Maradona. El día antes de la rendición Argentina pierde ante Bélgica en el partido inaugural de ese torneo. Ardiles, entonces estrella del Tottenham, no sabe si podrá o querrá seguir jugando en un equipo del enemigo de su país. Su primo José Leónidas fue el primer piloto que murió en la guerra. En ese mismo torneo, la dictadura le impide al periodista de Radio Rivadavia, Juan Carlos Morales, nombrar a Inglaterra durante la retransmisión del Alemania- Inglaterra: “busqué mil sinónimos. Les decía, por ejemplo: la lleva el equipo rival de Alemania. Al final se me escapó llamarles piratas, pero es que ya no sabía qué decirles”.

Al llegar a Argentina los militares les dan de comer a los todavía desconcertados jóvenes todo lo que le dieron en las Malvinas para que luzcan bien y luego les esconden debajo de una alfombra. Para muchos de los soldados el final de la guerra no fue sino el comienzo de otro calvario. Los que jugaban al fútbol, al menos, encontraron una excusa para seguir vivos. De Felippe: “el fútbol me salvó la vida”; Juan Colombo: “Bilardo, Estudiantes y el fútbol me salvaron la vida”. Para todos fue complicado al principio. El pie de trinchera les afecta a algunos. Lo psicológico les pesa a todos. Goleadores que ya no recuerdan cómo marcar goles, porteros que han olvidado de parar. Nervios. Vicios nuevos. Querer quemar problemas por la vía rápida. Humanos. Unos llegaron a Primera. Otros no.

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Maradona festeja su legendario gol a Inglaterra (Tn.com.Ar)

Todos piensan qué hubiera pasado si el sorteo no les hubiera mandado a Las Malvinas. Si alguno de ellos no podría haber estado el 22 de junio del 86 en el Azteca, en el partido más importante -en lo emocional al menos- de la historia del fútbol argentino. El día de la Mano de Dios y del gol más bonito de la historia. Porque hubo varios de su generación que sí pudieron estar en el Argentina-Inglaterra. Burruchaga, Enrique, Batista, Ruggeri, Tapia y Clausen. A algunos -Batista o Enrique- únicamente les salvó el sorteo de ir a la guerra. A otros como Burruchaga, Tapia o Clausen el haber alcanzado la gloria deportiva prematuramente. Cuatro horas sin parar de llorar dijo que estuvo Héctor Rebasti después de la victoria del equipo de Bilardo en esos cuartos de final. Omar de Felippe, sin embargo, reflexiona años después que “nunca un partido es una guerra”.

649 muertos argentinos y 263 británicos durante 74 días de guerra. Otros tantos se suicidaron después. “Héroes fueron los chicos de las Malvinas”, le dijo Olarticoechea al periodista Andrés Burgo cuando les recordó su papel en el Mundial’86. En Buenos Aires el monumento dedicado a esos muertos argentinos se sitúa enfrente de la que era la Torre de los Ingleses -hoy Torre Monumental-. “¿Por qué no lo podemos definir con un partido de fútbol?”, se preguntaba el soldado portero Héctor Rebasti en una pregunta retórica y universal.

Fuentes:

El partido, de Andrés Burgo. Tusquets Editores. 2016.

https://www.youtube.com/watch?v=GAn5i8q36wA

https://www.youtube.com/watch?v=nl-PTA07Yjk

 

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