Mi previa: De la fe y el orgullo

El fútbol es fe. Es un sustitutivo, en ciertos aspectos y para muchos, de la religión. Es opio y es preocupación. Es anhelo y apremio. Es noches de insomnio y algún que otro orgasmo. Pero sobre todo, repito, es fe.

Muchos –me incluyo- perdimos la fe el lunes pasado en aquel infausto final. Guardamos en un cajón la fe en la salvación. En la gloria de la permanencia. En un éxito magro que para una pasión como la nuestra, paradójicamente, sería mayúsculo.

Estadio de La Rosaleda

Estadio de La Rosaleda

Pero… han pasado unos días y el orgullo ha repuesto lo que la fe nos burló. Orgullo de vernos en otra cita con gran sabor. De citarnos con nuestros veranos pasados, con nuestros colegas de espetos y aftersuns. Con horas de brisas cambiantes.

Orgullo que es el que se ha de exhibir luciendo los colores por Málaga. Somos colistas, porque alguien debe serlo; estamos a siete puntos, llevamos ese mismo número de jornadas seguidas perdiendo. ¿Qué más da? Los colores no se pudren.

Voy a lo deportivo. Mañana no jugará Íñigo López y en su lugar lo hará Pantic, que regresa. Especular con el once de Djukic no parece sencillo. Si acaso, resultaría de justicia que de inicio actuara Florin Andone, el único al que la herida afición aclamó sin ambages tras la debacle de la última cita. El técnico balcánico ya no sabe –ni él ni nadie es capaz de conocerlo parece ser- si se la juega o no. Sólo se ha atrevido a decir hablando por boca de Don Perogrullo que la permanencia no es imposible, pero que para lograrla deben ir ganando.

En el Málaga, en una situación confortable pero que falla contra los peores –ya palmó ante el Granada la última jornada- Javi Gracia ya ha advertido que para su equipo los puntos tienen la misma importancia que para el Córdoba. Es mentira, y lo sabe, pero es buena forma de motivar a un grupo que está completando una gran campaña pero que puede haber caído en la complacencia.

Otro apunte para el optimismo, hace cuatro meses en un amistoso que se denominó “partido de la provincia”, el Córdoba ya fue capaz de vencer al Málaga (0-2, marcaron Fidel y Florin). Eso sí, en el vergonzoso ejercicio de pasotismo del partido de la primera vuelta los blanquiazules nos mojaron la oreja sin apenas esfuerzo (1-2)

La cita es a las cinco. El orgullo como fórmula de recuperar la fe. Suenan bien esas dos palabras si se las cosen en su pecho los jugadores. En las de la afición ya están tatuadas a fuego.

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