Fútbol del puro: Los campeones de Europa nostálgicos

Jornada de Champions, jornada de ilusiones mezcladas y de emoción. La mejor competición de clubes del mundo, la que más dinero mueve y más audiencias genera.

De un tiempo a esta parte para soñar con ganar este torneo es absolutamente imprescindible contar con una sólida base económica que permita confeccionar una plantilla en la que todos los jugadores o la mayoría estén a nivel de figuras internacionales.

Pero no siempre fue así. Vamos a recordar aquellos campeones –o subcampeones- que difícilmente repetirán presencia en una final. Esos que juntaron un puñado de futbolistas buenos y tuvieron suficiente moral, casta o buen juego como para sorprender a rivales más poderosos.

El gran Stade Reims de los 50

El gran Stade Reims de los 50

En la primera edición de la Copa y en la cuarta alcanzó la final (perdió ambas ante el gran Madrid de Di Stéfano) el Stade Reims. Kopa y Fontaine eran los líderes de ese club que en los cincuenta y sesenta llegó a alcanzar seis ligas y dos copas galas con un juego muy atractivo. Su decadencia fue tal que en su Auguste Delaune han tenido que esperar 33 años para volver a ver fútbol de Primera. Ni de lejos sueñan con repetir una gesta similar. Por cierto, en Reims inventaron el saque de esquina en corto (a la “remòise”). Eso que alaban unos y otros critican como gilicorners.

Billy Bremner, el alma del Leeds United, en 1972

Billy Bremner, el alma del Leeds United, en 1972

Tampoco en Leeds esperan regresar a una final continental, al menos de momento. Su United, que en los setenta llegó a ser el mejor club de Inglaterra ahora ocupa el decimocuarto puesto en la Championship (la segunda categoría de su país). De la mano del mítico Don Revie alcanzaron el campeonato de Liga y en 1975 –tras eliminar en semis al Barça- disputaron su única final de Copa de Europa ante el Bayern de Maier, Beckenbauer y Müller. Aquél era un grupo lleno de fuerza, capitaneados por dos líderes como Bremner y Lorimer (quien por cierto fue expulsado en ese encuentro que perdieron 2-0). En 2001 otra buena generación de jugadores alcanzó las semis y fue eliminada por el Valencia.

Imagen del Forest-Hamburgo del 80, con Keegan preocupado al fondo

Imagen del Forest-Hamburgo del 80, con Keegan preocupado al fondo

Otro club británico en Segunda, el Nottingham Forest, llegó a ser dos veces consecutivas campeón de Europa. Su historia está entrelazada con la del Leeds, toda vez que Brian Clough –el técnico en el que está inspirada la muy recomendable película The Damned United – tomó al equipo en la misma categoría en la que ahora se encuentra y lo llevó a ganar una Premier y dos Copas de Europa. En el 79 venció a otro modesto como el Malmö sueco (marcó Trevor Francis) y en el 80 se cargó al Hamburgo de Keegan en la final del Bernabéu otra vez por la mínima y con un gol de una de sus estrellas: John Robertson  No ha logrado nada más desde entonces el club de las Midlands.

Tal vez la última gran sorpresa mayúscula de esta competición llegó en 1986. El

Piturca salta sobre Urruti en la final de Sevilla del 86

Lacatus salta sobre Urruti en la final de Sevilla del 86

Steaua de Bucarest partía como víctima propiciatoria de la final de Sevilla ante el Barcelona, pero la gran labor del bloque forjado en la Rumanía soviética permitió mantener el 0-0 hasta el final del encuentro. Jugaban en ese Steaua el luego valencianista Belodedici o el más tarde jugador del Burgos Balint y el del Oviedo Lacatus. El arquero Helmut Duckadam –actual presidente de la entidad- es aún una leyenda en su país –y un ogro en Cataluña- tras parar todos los penaltis que le lanzaron en la tanda final (a Alexanco, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos Alonso). Fue la primera vez que un equipo del otro lado del telón conquistaba Europa (únicamente el Estrella Roja en el 91 y como canto del cisne de este bloque le secundó). Llegó a la final del 89 y fue vapuleado por el Milán (4-0). Desde entonces llegar a la fase de grupos ya es un éxito para el antiguo club del ejército popular.

Algunos casos más se podrían citar –el Eintracht del 60, el Panathinaikos del 71, el Saint Ettiene del 76, el Brujas del 78 o incluso el propio Leverkusen de 2002– de clubes que ven ahora cómo cualquier tiempo pasado fue mejor y que suspiran por una vuelta a los tiempos en los que la sorpresa, en esto que al final y a los postres es un deporte, era algo factible.

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