El maestro Drame

Me lo dieron esta mañana por la calle. Era publicidad. Un tal Maestro Drame enviaba a uno de sus acólitos para anunciar sus poderes a la ciudadanía cordobesa. Al parecer, Drame es capaz de arreglar corazones o miembros genitales averiados; de dar dinero y hacer aprobar exámenes; de consolidar clientes y de salvar familias. Curiosamente, las únicas dos palabras que repite el –por otra parte- confuso y atropellado anuncio son: amor y sexualidad (lo que demuestra que no siempre son sinónimos).

El anuncio del "Maestro" Drame

El anuncio del “Maestro” Drame

No sólo Drame es capaz de obrar todas esas maravillas, sino que se compromete el también llamado Maestro Djabi a hacerlo con “rapidez” y con resultados “garantizados”.

La desesperación es el abono para que florezcan los chamanes. La propia religión no es sino la búsqueda de un asidero, de una esperanza trascendental que nos haga ver que todo tiene un sentido. Que este Drame venda todo lo que vende –en resumidas cuentas: la felicidad- refleja algo más inquietante: en 2015 aún existe en Europa Occidental quien cree poder comprar su destino.

La religión suele burlarse de la superstición. La entiende como la forma equivocada de expresar la fe, confiando en palabras, ritos o fuerzas imaginarias. Tal vez sea así, pero… ¿acaso los que besan a una Virgen o una cruz antes de ejecutar un acto importante no están confiando sus fuerzas a un acto entre mágico y sagrado?

En cualquier caso Drame, como otros  charlatanes televisivos que proliferan en tiempos oscuros como los que vivimos, debería saber que quien juega con las esperanzas de muchos puede acabar castigado por el destino. Dante envía a los brujos, astrólogos y falsos profetas al cuarto recinto de su octavo círculo infernal. Y los coloca con la cabeza mirando hacia atrás, porque  “dado que quisieron ver hacia adelante sin mirar el presente, ahora están obligados a no poder ver hacia adelante”.

No hace tanto, apenas cuatro siglos, se quemaban mujeres a las que se acusaban de brujería. Todo por la incultura promovida por el poder y el miedo auspiciado por una iglesia (protestante y católica, cualquiera) empeñada en demostrar su prevalencia en una sociedad atrasada. Es la otra cara de la misma nociva moneda de la superstición.

Ojalá no ganes ni un miserable euro, Drame. No creo que te creas tus mentiras, pero si realmente confías en la superstición, ahí va mi maldición. No me verás, pero estoy haciendo un sortilegio muy poderoso: pensar. Lo que no hacen tus clientes.

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